Así como existe una Colombia olvidada, también existe un Santander olvidado. Municipios extendidos a lo largo y ancho del extenso valle del Magdalena medio o enclavados en las montañas andinas y a donde solo se llega por misión objetiva, pues la agenda del turismo no tiene entre sus páginas destino alguno que ocupe sus páginas.
Por César Mauricio Olaya/ El sur del departamento o mejor podríamos decir, la Provincia de Vélez, con el fin de dar un contexto más común a nuestra región, donde esta división política (provincias), mantiene su vigencia desde hace más de siglo y medio, se encuentra una serie de municipios, qué con certeza, poco se ha oído hablar de ellos y qué con la misma seguridad, tienen todo un abanico de posibilidades por descubrir.
Obviamente, la primera dimensión de esta oferta gira en torno al componente cultural, si se tiene en cuenta que un común denominador de la región, compromete el sentimiento de sus gentes por conservar la tradición cultural folclórica, que hace qué desde la misma gastronomía, hasta las expresiones de la música y la danza, se mantengan vigentes en el alma y en el corazón de cada veleño.
Restando otros componentes con algo de menos relevancia como es el caso del patrimonio histórico, donde pocas son las huellas vigentes en aspectos como la arquitectura o la documentación de momentos claves; lo cual obviamente no es óbice para dejar de destacar que el pueblo de Vélez fue la tercera fundación de la conquista española y qué en los cerros tutelares del llamado Viejo Chipatá, se realizó la primera misa oficial en tierras cordilleranas, como acción de gracias tras vencer la dura travesía para llegar desde las breñas del Magdalena y encarar las bravas y defendidas tierras del Opón, camino obligado para alcanzar las preciadas cumbres en la esperada ruta hacia el soñado Dorado.
Pasando con rapidez las hojas del legado histórico de esta región, obligatorio detenernos en uno de sus más valiosos componentes, donde el paisaje sin lugar a dudas, está llamado a ocupar un lugar de preponderancia si se quiere exaltar un atributo para proyectar esta región.
Talladas y perforadas por la acción del agua, conformando los que los geólogos expertos denominan paisaje kárstico, que de acuerdo a sus saberes y en lenguaje de profanos, no es cosa distinta a la actividad que comienza cuando literalmente la tierra se traga el agua y ésta comienza a tallar el interior de la corteza superficial, conformando un completo tinglado de túneles, cuevas y hoyos, que hoy son un atractivo especial de la región.
Hoy nos detendremos en la primera de estas maravillas naturales, ubicada en el pequeño municipio de Florián, cuyo nombre rinde homenaje al campesino Vicente Florián, quien a punta de sierra y machete venció la selva para abrirle espacio a la nueva colonización, de este y otros municipios de la antigua región del Carare – Opón. Se trata de las Ventanas de Tisquezoque, un fenómeno de esos que nos brinda la naturaleza y ante el cual solo queda la reverencia y la admiración.

Esta “ventana” natural cuya altura de ingreso supera los 8 metros, inicia en una impresionante abertura por donde entran las aguas de la Quebrada La Venta, fuente a la que se atribuye este proceso de miles de años, donde literalmente cavando la tierra a fuerza del agua, se abrió este impresionante boquete por donde plácidamente se conforma una corriente que se desplaza unos pocos metros en su interior para luego, desprenderse en una impresionante serie de tres caídas, que superan los 300 metros de alturas en suma.
Para llegar la boca de ingreso, se debe partirse del pueblo hasta el sitio El Alto, a unos 3 kilómetros del casco urbano, donde un desgastado aviso da la bienvenida al “Pueblo de las Ventana Abiertas”, en clara referencia a éste, su principal atractivo turístico. Desde allí, descendiendo por unas empinadas escalas talladas directamente sobre la tierra, se pasa por un desgastado puente colgante, que conduce directamente a la impresionante apertura, donde a manera de recordatorio de los tiempos, unas esculturas en piedra de un par de dinosaurios, les dan la bienvenida el visitante.

Una vez adentro y en virtud a una importante adecuación de los espacios que facilitan el movimiento al interior de la cueva, se pueden apreciar el conjunto de estalactitas y estalagmitas que cuelgan o emergen de la tierra, confirmando el vínculo con una geografía geológica particular, que le permite al visitante, hacerse a una impresión directa del mapa profundo del planeta, mientras se recorren los escasos 50 metros lineales que separan la entrada, de la impresionante ¨ventana¨, desde donde se divisa desde el pueblo, hasta todo el entorno de cerros y la frontera verde naturaleza que prodiga esta parte del departamento.
De acuerdo con la leyenda indígena que se atribuye a los antiguos pobladores Muiscas que habitaron la zona, habla de dos monumentos orográficos vecinos; el Cerro de La Furatena en el municipio de Muzo en Boyacá y las Ventanas de Tisquezoque en Florián. Cada uno de ellos lleva el nombre de los dolidos protagonistas de una historia de amor, que fue interrumpida con la violenta llegada de los españoles, que no solo tomaron posesión del territorio conquistado; sino con él, a las más bellas mujeres de las tribus dominadas, como lo pretendieron hacer con la Princesa Furatena, quien huyó y se refugió en lo alto del cerro tutelar de su pueblo.
Enterado Tisquezoque de las desdichas de su amada y viéndose igualmente derrotado, ascendió hasta la montaña donde se hacían los sacrificios a los dioses y desde allí se suicidó lanzándose al vacío, mientras su grito de dolor, hacía eco contra el cerro donde se ocultaba su amada. Asegura la leyenda que aún hoy es posible escucharse este grito que se funde en uno solo con el ruido de la cascada al caer en épocas de invierno.

Un viaje a las geografías del asombro
Recorrer las entrañas de este espectáculo de la naturaleza, se convierte en todo un viaje coincidente con algunas páginas de la especulativa, creativa e imaginaria obra de Julio Verne, pues literalmente, es una aventura de reconocimiento por un territorio de formas y volúmenes que unas veces se dibujan en sobre las paredes de la cueva y otras, se esculpen en figuras que pudieran compararse con vigilantes de piedra que acompañan los pasos del visitante.

Resulta maravilloso el asombro de vivir la experiencia de este recorrido, que termina con la observación del paisaje desde la gigantesca ¨ventana¨; con las obvias precauciones qué deben tomarse, puesto que no han sido pocos los accidentes que allí se han registrado por cuenta de la imprudencia de los visitantes.
Como alternativa complementaria y si lo que se quiere es agregarle una alta dosis de adrenalina, se puede vivir la aventura extrema del rappel, descendiendo paralelamente a cada uno de los saltos, hasta llegar la base donde se forma el llamado Pozo Azul, una especie de piscina natural, obviamente no apta para el baño. dado la fuerza de las aguas resumidas en 300 metros de fuerza acumulada en los tres saltos, contra la cual es imposible salir airoso.
La otra opción si no se quiere desafiar las alturas, es realizar el tracking o caminata, por un sendero que comienza en proximidades del Colegio Ezequiel Florían, localizado a la salida del pueblo, caminata que se acompaña todo el tiempo por la posibilidad de detener los pasos en cada recodo y observar desde diferentes flancos, el paisaje sin par de la montaña y la cascada.
Hoy se cuenta con el apoyo especializado de guías locales, que han convertido el turismo en una alternativa de vida, que paso a paso se ha venido abriendo paso entre la comunidad florianense, que ve en este regalo de la naturaleza, un recurso para compartir con el visitante.
Les seguiremos compartiendo historias de vida por este territorio sin par llamado Santander. Hasta la próxima visita.
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*Comunicador Social y fotógrafo.