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Yo Opino

La niñez, la infancia, años maravillosos, la cuadra… la calle

Recordar lo que fue mi infancia me ha llenado de emoción, no es que no lo haya hecho nunca, sin embargo, no es algo que haga todos los días, por lo menos no tan en profundidad, para mí fueron años maravillosos, momentos increíbles, en donde pasé muchas horas jugando con amigos en la calle.

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Por: Jesús Heraldo Rueda Suárez/ Toda sociedad y todo gobierno, deben adoptar medidas para tener a los niños siempre de primero en todo, dar prioridad a sus intereses superiores, erradicar la falta de: educación, alimentación, salud, recreación,  invertir en la infancia,  respetar los derechos de los niños, todo niño debe tener unos bellos recuerdos de su niñez e infancia, duele ver como en nuestro país, se les ve involucrados en conflictos armados, asesinados en una guerra sin sentido víctimas de ambas partes, usados para mendicidad y explotación sexual, abusados por sus mayores, maltratados y en unos casos asesinados por sus padres, con urgencia se deben adoptar medidas para eliminar estas prácticas vergonzantes.

No permitir que ningún niño quede postergado, todos los niños y niñas nacen libres y tienen la misma dignidad y los mismos derechos; por consiguiente, es necesario eliminar todas las formas de discriminación contra ellos.

Cuidar de todos los niños, ese es nuestro deber, los niños deben empezar a vivir de la mejor manera posible, su supervivencia, protección, crecimiento y desarrollo con buena salud y una nutrición adecuada son las bases fundamentales del desarrollo humano.

Hacerle un homenaje a la niñez, a esa infancia, a los recuerdos que todos de alguna manera tenemos de nuestra niñez, porque lo más probable es que nuestra infancia haya marcado en algún punto lo que somos hoy en día, dejando huellas que continúan vigentes, es por eso que quiero en el día de hoy llevarlos por esos años maravillosos, buscando que cuando veamos un niño en condiciones difíciles, hagamos algo, ese niño merece también tener esos bellos recuerdos que Usted y Yo atesoramos

Todos tenemos en nuestros corazones esos años de nuestra niñez e infancia que cuando los evocamos vienen a nuestra mente los más maravillosos recuerdos, cada generación ha vivido de manera diferente, su infancia, de acuerdo con la época en la que nacimos, la infancia es una etapa poderosa llena de recuerdos y aprendizajes, es la de los sueños, la de los amigos, el colegio, donde la imaginación y el compartir jugaron un papel esencial, algunos tuvimos nuestra niñez siendo parte de esas familias numerosas, donde todos nos sentábamos a la mesa a compartir.

De alguna forma en nuestra niñez e infancia todos tuvimos nuestra cuadra y nuestro barrio, la cuadra donde crecimos, esa donde entrabamos a las casas de los amigos solo diciendo permiso y ya estábamos en la sala o en la cocina, porque hasta el perro nos batía la cola, de esos canes de antes que se llamaban Tarzan, Coquí, o Lassie, esa cuadra donde uno podía ser lo que quisiéramos porque con nuestros juegos fuimos de todo, ese lugar que jamás se nos borrara del corazón, en ella crecimos y lo hicimos, jugando: a la lleva, al 1,2,3 por mí, la piso por todos, tangara, matachos, las maras, el futbol con dos piedras de arcos, las reuniones en la esquina, la tienda para fiar, el organizar la ida al rio, las niñas con sus muñecas, que recuerdos.

Esa cuadra sirvió de pasarela para desfilar los estrenos, en las navidades, o salir a mostrar los regalos del Niño Dios, como la monareta, o los carros, las muñecas, en fin, un mundo de juguetes sencillos que hoy no se ven, ah y salíamos a lo Kiko, a presumir del mejor regalo.

A lo largo del año en esa cuadra pasamos temporadas, si, temporadas, porque era así, llego el álbum de amor es… el del mundial de turno, el yoyo, la temporada del trompo, cambiemos matachos o juguémoslos a las maras, la época de las patinetas y las zorras todas ellas con madera y llantas de balines, esa cuadra también fue ring de boxeo, o la de ir a subirnos al árbol, al caracolí de la esquina o al árbol de mangos.

En esa cuadra, crecimos admirando y respetando a los vecinos, los padres de nuestros amigos, tuvimos nuestro primer amor platónico, los bailes de las cuatro de la tarde hasta las ocho de la noche a punta de fresco royal, sé que, si alguno de nosotros volvemos a esa cuadra, seguro pasaríamos la película con todos los amigos con que corrimos, los sitios exactos donde nos caímos, el timbre que tocábamos para salir corriendo, en que sardinel nos sentamos para hablar con la niña que nos gustaba.

Recordar lo que fue mi infancia me ha llenado de emoción, no es que no lo haya hecho nunca, sin embargo, no es algo que haga todos los días, por lo menos no tan en profundidad, para mí fueron años maravillosos, momentos increíbles, en donde pasé muchas horas jugando con amigos en la calle, sintiendo que los permisos para ir al parque recreacional, (el que quedaba a no más de 8 cuadras de mi casa), era como ir de viaje a un lugar realmente lejano, o gastarnos lo del bus eso sí que era adrenalina, para salir de clases sin pal bus, por culpa de esas papas chorreadas que  nos picaron el ojo.

Fueron los primeros momentos en los que sentí el rigor de un castigo por haber hecho algo malo, los primeros momentos en los que comprendí que todo lo que hacemos genera un efecto (en nosotros o en otras personas), sentí por primera vez la atracción hacia una persona y probablemente nunca olvidaré el momento en que, en su cumpleaños, alguien me dijo “dile que quieres ser su novio” y no me atreví, (tenía más o menos 10 años), en fin, creo haber sido tremendamente afortunado con una infancia plagada de momentos alegres, con muchas reuniones familiares y mucho amor, sin embargo, no estuvieron ausentes las lágrimas y angustias, recordare algunas épocas importantes:

Navidad: Todas las navidades son bonitas, claro que sí, están llenas de gratos momentos, las de antes estaban plagadas de ilusión y misterio por la entrega de los regalos, la noche de las velitas, las jornadas haciendo los instrumentos para cantar los villancicos, la búsqueda del musgo, y el árbol, la deliciosa mezcla de natilla, buñuelos, la tamalada y otros manjares, los juegos entre abuelos, papás, tíos, primos y amigos, todo alrededor de esas fiestas y celebraciones ¡Era el mejor tiempo para ser niño!

Jugar afuera: los niños de antes no fuimos vigilados al extremo. ¿Recuerdas cuántas horas podías estar fuera de tu casa sin que tus papás se preocuparan? Y tú, en la esquina, en la cancha de futbol, en rio frio, imaginando cientos de cosas, soñando, es que nuestra infancia de hace años nos permitió disfrutar de una libertad que hoy es imposible, realmente pasábamos más tiempo afuera que en nuestras casas, había días en que podías salir muy temprano a jugar con tus amigos del barrio y solo entrabas a tu hogar a almorzar o comer.

Vacaciones: los recesos del colegio eran añorados como nunca, esto seguramente no ha cambiado: ¡los niños aman tener tiempo libre para hacer lo que más les gusta! Sin embargo, cuando no había celulares y otras actividades virtuales, las vacaciones realmente eran para jugar y disfrutar y lo hacíamos durante horas y horas sin parar, cuando los papás no tenían que trabajar, los planes, eran en familia, ayudando a tareas de la casa y lo hacíamos con respeto.

Las diferencias entre las generaciones actuales y las antiguas son evidentes para cualquiera que se haya criado desde los años 80 hacia atrás, salir a jugar a la calle y no volver hasta que oscurecía, era algo normal, la infancia del pasado fue más sociable, esa vida de barrio nos permitió crecer de manera más libre y autónoma.

¡Es que antes salíamos a jugar por la puerta de casa y a nuestros padres no les daba un síncope! Nuestros amigos llagaban a la casa a buscarnos para salir a jugar y llegábamos a casa después de tres horas sin ningún problema no como ahora, que salen de casa con el celular y la obligación de estar comunicados para que les enviemos un WhatsApp cada media hora, obvio por la situación de seguridad, la cual ha cambiado mucho, pero ese es otro tema, ahora lo más común es jugar con el móvil.

Antes teníamos tiempo para nosotros mismos recuerdo salir de clase y, pese a tener los lógicos deberes, disponer de toda la tarde para mí, podía ver la tele, merendar tranquilamente, salir a jugar con los amigos… ¿Y ahora? Metemos a nuestros niños en una espiral tal de clases extraescolares como: tenis, taekwondo, danza, ballet, piano, guitarra y eso no es que este mal, ¿será lo que ellos quieren? ¿será que les llenamos su tiempo, solo porque nos falta a nosotros? y llegan a casa de sus estudios más cansados que nosotros.

Bueno contar y explicar anécdotas divertidas que ocurrieron en nuestra infancia suele tener mucho poder a la hora de despertar el interés de todas las personas implicadas en cualquier conversación, además, sirve para que todos recordemos anécdotas similares.

Espero haber logrado que hicieran un repaso por esa bella época, llamada Infancia, la cual debe ser valorada y respetada para todos los niños, por ello me duele ver tanto niño en situación difícil, de cuya infancia no van a tener los mejores recuerdos, pero como digo son otros temas que no profundizo en mis columnas.

*Profesional en Mercadeo

Twitter: @heraldoru

(Esta es una columna de opinión personal y solo encierra el pensamiento del autor).

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¡Jóvenes, llegó la hora de actuar!

Para que estos Consejos Municipales de Juventud, no pasen desapercibidos, como ocurre con muchos mecanismos de participación y cumplan con el objetivo para el cual fueron instituidos, es necesario que se cumplan dos aspectos importantes, que exista voluntad política real del Gobierno para apoyarlos y que los jóvenes realmente se empoderen de los temas de interés público y participen activamente de las soluciones.

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Por: Javier Antonio Rojas Quitian/ Bastante ha sido la inconformidad mostrada por los jóvenes de nuestro país, respecto a la forma como se han administrado los asuntos y las finanzas públicas, por ello, genera bastante expectativa la implementación de la Ley 1622 de 2013, mediante la cual se expide el Estatuto de Ciudadanía Juvenil y se da elección en los municipios de Colombia a los Consejos Municipales y locales de juventud.

Estos Consejeros de Juventud, 11136 en total, que serán elegidos en todo el país, según la norma, tienen dentro sus funciones, ejercer un rol de veedores para hacer control a los recursos que se ejecutan en sus territorios y promover la participación de los jóvenes en el diseño e implementación de planes, programas, proyectos y políticas públicas sobre temas de interés de la juventud.

Ahora bien, aunque en el papel, que todo lo aguanta, pareciera que estos consejos de juventud, los cuales son más el resultado de la protesta social de los jóvenes, que de la voluntad política del gobierno, se convertirán en espacios de participación, de discusión y  decisión para los jóvenes Colombianos, pero la verdad es que, según las Constitución Política, varios son los mecanismos de participación ciudadana  con los que ya se cuenta, el voto, el plebiscito, el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto, la iniciativa legislativa y la revocatoria del mandato y espacios como los Concejos Municipales y las Juntas de Acción Comunal, pero es muy poco lo que los ciudadanos y específicamente los jóvenes acuden a ellos para incidir en la toma de decisiones públicas.

Para que estos Consejos Municipales de Juventud, no pasen desapercibidos, como ocurre con muchos mecanismos de participación y cumplan con el objetivo para el cual fueron instituidos, es necesario que se cumplan dos aspectos importantes, que exista voluntad política real del Gobierno para apoyarlos y que los jóvenes realmente se empoderen de los temas de interés público y participen activamente de las soluciones.

Es necesaria la voluntad política del gobierno para apoyar estos consejeros, pues deja mucho que pensar, que a una norma instituida desde el 2013, apenas se le esté dando cumplimiento, y más cuando se sabe que esta elección es consecuencia de la protesta social que los jóvenes han adelantado, por ello en realidad, no pareciera que el gobierno esté tan interesado en fortalecer estos consejos.

Y para que estos funcionen correctamente, se requiere de la voluntad de nuestros gobernantes, presidente, gobernadores y alcaldes, primero de escuchar a los consejeros y de estudiar y adoptar en los planes de desarrollo las propuestas que ellos planteen y segundo, deben hacer una inversión de recursos para capacitarlos, asesorarlos y dinamizar su gestión, pues estos consejos inicialmente van a funcionar sin presupuesto, lo que va a dificultar su gestión.

También es necesario un empoderamiento total de la juventud, pues hay en el entorno una sensación de que los jóvenes, cuestionan y critican la realidad política y la gestión pública del país, pero muy poco se atreven a presentar alternativas reales de solución y a participar de los espacios de toma de decisiones y desarrollo comunitario como las Juntas de Acción Comunal o los Concejos Municipales.

Acá, los jóvenes van a tener una gran oportunidad, de convertir esa inconformidad en propuestas reales y factibles, tendrán la oportunidad y el escenario para demostrar, con hechos, que efectivamente tienen razón y que las cosas se pueden hacer de diferente manera y mejor, pero esta vez no será con proclamas en protestas o en redes sociales, esta vez tendrán que demostrarlo con sus actos e ideas.

Felicito a los jóvenes electos y a quienes aspiraron, pero no lo lograron, gracias por querer ser parte de las soluciones, por interesarse en los asuntos comunitarios, bienvenidos a la realidad pública del país, a la actividad en donde los recursos siempre son limitados, en donde ningún esfuerzo es suficiente pues siempre habrá algo por hacer, seguramente serán juzgados y cuestionados, pero eso debe fortalecerles el gusto por lo social y lo comunitario. Dios les bendiga con sabiduría y justicia, para que siempre tomen las mejores decisiones y lo hagan en favor de quienes más lo requieren.  Buen viento y buena mar.

*Exalcalde de Sucre (Santander), Administrador de Empresas, Especialista en Gestión Pública y Magister en Políticas Públicas y Desarrollo.

(Esta es una columna de opinión personal y solo encierra el pensamiento del autor).

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Encanto

Como dicen en los reinados, el tema de la presidenta fue el “palo” de las sesiones venideras de la Cámara; y haciendo honor a este medio de comunicación, los corrillos en el Congreso no se hicieron esperar, al proponer en días pasados un debate que promoviera su renuncia.

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Por: Óscar Prada/ De los mismos creadores de Anatolio, vote sí”; hoy se presenta “Encanto”, la belleza de la política hecha columna.

Hablando de belleza, Colombia es hermosa por naturaleza, tanto así que la industria del séptimo arte expone el atractivo nacional a través de las salas de cine; sin embargo “las bellezas por naturaleza” del ramo público le compiten al filme de moda. Pero, ¿Cómo se considera algo como bello?

Solo por nombrar algunas “bellezas”, como la fiesta de temática nazi en una entidad pública, y el cartón falso de aquel funcionario destituido que reproducía las palabras: “unibersidad” y “Neiba” con “b”, son el encanto de los días pasados; pero sin lugar a dudas, la tesis de maestría de la encantadora presidenta de la Cámara de Representantes no se queda atrás.

No es para menos; la señorita Arias, pasó de presidir la cámara fotográfica como modelo, a dirigir la Cámara de Representantes. Aquella mujer curiosamente asediada por las cámaras tiene un registro de impacto, que hacen de ella “una belleza completa”.

Verdaderamente los registros de la “belleza” de presidenta son desconcertantes; luego de su afamada frase, “Anatolio, vote sí”, ahora después su alma máter confirma plagio en su tesis de grado. Es decir; su trabajo para obtener la maestría fue enriquecido con ideas ajenas sin dar crédito alguno a los autores originales, afirma la universidad.

Como dicen en los reinados, el tema de la presidenta fue el “palo” de las sesiones venideras de la Cámara; y haciendo honor a este medio de comunicación, los corrillos en el Congreso no se hicieron esperar, al proponer en días pasados un debate que promoviera su renuncia.

Al mejor estilo de los certámenes de belleza, la presidenta sale avante a pesar de las críticas, y como buena soberana permanece orgullosa con la corona puesta, muy a pesar del bochornoso escándalo.

¡Soy una mujer de Dios!, ¡tengo derecho a ser escuchada!; entre otros alegatos, fueron los usados por la susodicha para defenderse. Consecuentemente, en parte tiene razón.

La Universidad, como garante del registro de los trabajos de grado para avalar los títulos que confiere, es responsable de revisar rigurosamente los documentos requeridos, antes de titular a un estudiante.

Contrariamente; la misma universidad, media década después de otorgarle el título de maestría a la congresista, “certifica” plagio en la tesis de grado ¿es sensato decretar plagio después de tanto tiempo, sin reconocer descuido alguno en la revisión?

¿Y dónde está el hilaje de esta columna? ¿para qué tan extensa introducción?; la respuesta se presenta enseguida. Por abrumadora mayoría se concibe a Colombia como un país bello y corrupto a la vez; ahora bien ¿se puede concebir como “bello” a un país hermoso por fuera y oscurecido por dentro?

¿En que se relaciona la situación de la presidenta, con lo anterior? Al igual que la nación, el ejemplo de la congresista es muy similar: es hermosa y exuberante por fuera, y cuestionable en su interior.[1]

En el caso de Colombia, la belleza y la fealdad son indivisibles; es una contrariedad chocante, a sabiendas que la corrupción que desfigura al país, pudiese perfectamente enmendarse de una u otra manera.

Pareciera más fácil erigir montañas, formar ríos, y florecer desiertos; que derrotar a la corrupción opacante de la envidiable belleza natural del país.

Lo dicho no es producto de la exageración. Según el Índice de Percepción de la Corrupción 2020 de Transparencia Internacional, el país obtuvo una calificación de 39 puntos sobre 100[2] -Donde cero es la peor calificación-, y ocupa la posición 92 entre 180 países evaluados.

No todo está perdido; el primer paso para hacerle frente a un problema es aceptarlo, y en este caso la sociedad colombiana pasó de percibir el conflicto armado, como el mayor de sus infortunios; a coronar a la corrupción como la emperatriz de sus problemas, tal y como lo muestran las cifras de arriba.

Pareciese como si lo bello surgiera de lo más tenebroso, y a modo de flor de loto que crece en medio del oscuro pantano; la esperanza de Colombia florece rodeada de dificultades. Aquella esperanza floreciente se encuentra en las nuevas generaciones con sed de cambios e ideas renovadoras para el 2022.

No existiera la hermosura si faltase la fealdad, la belleza depende de cada quien; en pocas palabras, para quienes algo es considerado como agraciado; para otras ese algo pudiese ser repulsivo y desagradable.

Consecuentemente, ¿es bella Colombia?; o más bien, la magia de su encanto disimula la fealdad de sus problemas. En días donde la realidad supera la ficción ¿será verdadero realismo mágico?, ¿será el encanto de película? ¡opinen!

*Ingeniero Civil, estudiante de Derecho.

Twitter: @OscarPrada12

(Esta es una columna de opinión personal y solo encierra el pensamiento del autor)

[1]  Respetando la presunción de inocencia que se merece la mencionada, se usa el termino cuestionable, dado que en ningún momento se le imputa su culpabilidad.

[2] Tomado de Informe Transparencia Internacional: Donde 100 puntos significa ausencia de corrupción y cero puntos, corrupción muy elevada.

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La santidad también es para ti

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Por: María Isabel Ballesteros/ Hablar de santidad puede parecer extraño en medio de un mundo que incita al placer las 24 horas del día, que está inmerso en el materialismo, el culto al ego y en el que acciones como el sacrificio o el autocontrol no son de mayor valor. Un mundo hipersexualizado que ahora va con todas sus artimañas por los de más corta edad y en el que se ha popularizado, a imitación de dogma, que todo lo que uno haga está bien, desde que no le haga daño a los demás.

Bajo este precepto se están formando las nuevas generaciones, sin contar con la confusión que también permanece entre nosotros al creer que santidad es manejar determinada apariencia o incluso parecer tonto, mostrarse religioso o practicar ciertas costumbres y ritos que finalmente no operan mayores cambios en la consciencia, que son los que necesitamos para crecer como seres humanos y espirituales.

Ser santo significa sencillamente ser obediente a Dios, por lo cual es equivocado creer que para alcanzarlo debemos ejercer algún tipo de obispado, sacerdocio o dedicar todo el tiempo a la oración y no es así, pues cualquiera de nosotros está llamado a la santidad, viviendo en amor y siendo testimonio de la obra de Cristo en nosotros.

¿Eres trabajador?… se santo cumpliendo con responsabilidad, honradez y compromiso en tu trabajo; ¿eres hijo? se santo honrando a tu padre y a tu madre; ¿eres padre? se santo enseñando a tus hijos con ternura y a través del ejemplo; ¿eres casado? se santo amando, respetando y cuidando a tu esposa o esposo; ¿tienes cargo de autoridad? se santo renunciando a tus intereses personales y luchando por el bien común.

Es contradictorio que a pesar de hacernos “grandes” como especie, con todos los avances en ciencia y tecnología, hayamos ido menguando en dignidad y las acciones o palabras que antes censurábamos o permanecían ocultas, porque no eran bien vistas o causaban vergüenza, ahora son motivo de orgullo y de una publicidad excesiva que busca normalizar lo que siempre ha sido malo, para hoy hacerlo ver bueno.

Y si reaccionamos ante esta nueva dictadura cultural no podemos esperar más que una desbandada de burlas o calificativos como “mojigato, moralista, santurrón, pacato” etc, etc, etc, los cuales son réplicas caprichosas, sin mayor argumentación, que surgen desde la visceralidad de seres con altas carencias espirituales y que quieren parecer el común denominador.

La santidad también es una actitud y manifestación del carácter, que da como fruto el dominio propio sobre las pasiones o debilidades, las cuales siempre quieren gobernarnos por nuestra “naturaleza caída”. El poder sobrenatural que nos concede el Espíritu Santo es el que nos conduce a la verdadera libertad al no ser más esclavos o dependientes de cualquier vicio o deseo desordenado.

En cuanto a esto, las escrituras dicen claramente que Dios es un Dios de orden, que nuestros cuerpos son su templo y que todo nos es lícito, pero no todo nos conviene por lo cual el problema de fondo está en que vivimos transgrediendo permanentemente la ley divina, relativizando todos los principios y valores, a nuestro acomodo, y por ende sacando a Dios de nuestra vida.

Esa rebeldía de no permitir ser dirigidos y usados por Dios nos hace ignorantes, pues no podemos saber más que el creador de todo lo que existe, sin embargo, nos hemos hecho “sabios en nuestra propia opinión” y estamos tan obnubilados por nuestros logros humanos, que creemos que las modernas formas de vida nos hacen más libres, cuando en la realidad solo nos dejan mayor dolor, desasosiego, vacío y desencanto hasta minar nuestra sensibilidad y dejarnos completamente desarraigados o rotos.

Dios es santo y por lo tanto exige santidad a sus hijos y nos recuerda que en esta tierra tan solo somos administradores y peregrinos, pues todo es prestado incluyendo nuestra vida como creyentes, la cual el sabio Salomón comparó bellamente con la luz de la aurora que “va de aumento en aumento hasta que el día es perfecto”. Permítete ser esa luz que brille en la oscuridad.

Asesora en Sistemas Integrados de Calidad

Twitter: @Maisaballestero

Instagram: @Maisaballesteros

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(Esta es una columna de opinión personal y solo encierra el pensamiento del autor).

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