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La Ley del Talión: ojo por ojo

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Por: Holger Díaz Hernández/ “Ojo por ojo y todos acabaremos ciegos”: Mahatma Gandhi. “El verdadero modo de vengarse de un enemigo es no parecérsele”; Marco Aurelio, emperador romano.

A pesar de los intentos de las fuerzas del estado para detener la escalada de violencia que recorre el país, pareciera ser que está batalla se está perdiendo. El número de masacres en 2021 ya son las mismas de todo el año anterior, el 85% de los actuales integrantes de las disidencias de las Farc, según Indepaz, no son firmantes de los acuerdos de paz con el gobierno Santos.

Esto muestra que estos grupos junto con el ELN, no solo se están fortaleciendo, sino que están creciendo, los ataques selectivos a la fuerza pública han aumentado, lo mismo que el sabotaje a la infraestructura petrolera, la nueva modalidad en su actuar es no buscar confrontación directa con las fuerzas militares y su principal fuente de ingresos siguen siendo los negocios vinculados al narcotráfico, lo cual les garantiza ingentes ingresos y la continuidad en su escalada de muerte.

A estos se suman las redes criminales narcoparamilitares como el clan del Golfo, las Autodefensas Gaitanistas, Caparros, Pachencas, Rastrojos o los Pelusos entre otros, con un accionar en las pequeñas localidades y zonas rurales de 23 departamentos, sembrando terror en sus pobladores.

Esta es la violencia que le ha tocado vivir a Colombia desde hace más de 60 años, que nos ha dejado más de 260.000 muertos y que se nutre hoy más que nunca del cultivo y comercialización de la coca y la amapola.

Al mismo tiempo a nivel urbano crece otro tipo de violencia, los delincuentes comunes se han adueñado de buena parte de las ciudades a lo largo y ancho del país, no hay lugar por más prestigioso que sea donde no haya sensación de inseguridad. Las bandas de atracadores, fleteros o apartamenteros han existido siempre, pero la diferencia está en que hoy son estructuras empresariales del crimen, que actúan con sevicia y están dispuestas a matar ante la menor confrontación de las víctimas, aún ante personas indefensas como adultos mayores o niños.

Desde hace un par de años empezaron a llegar al país organizaciones que migraron desde Venezuela y que se han convertido en socios de las bandas colombianas, son apenas algunos cientos de ellos, pero han logrado que se estigmatice a sus connacionales, generando un rechazo social con frecuencia fuera de contexto.

Todo esto se ha convertido en caldo de cultivo para que algunos sectores de la sociedad hayan decidido tomar justicia por mano propia, ante la percepción ciudadana de impunidad casi absoluta y la zozobra y el miedo que se vive, cada día son más frecuentes los casos de linchamiento de los delincuentes; del escarnio público donde desvestían a quien cometía un acto ilícito, a las reprimendas físicas mientras llegaban las fuerzas policiales, o la quema de las motos o vehículos donde se transportaban, se ha pasado a  la famosa “paloterapia” que en muchas ocasiones llega hasta la muerte violenta de los responsables, o supuestos responsables de una fechoría.

Se ha vuelto común este tipo de actuar, muchas personas de bien hoy están privadas de la libertad o en complicados problemas legales, fruto de la toma de represalias ante un hecho delictivo, en algunas ocasiones actuando de manera desproporcionada.

Además, está el uso indiscriminado de las redes sociales para poner en evidencia estos actos, en ocasiones dantescos, que generan el rechazo de algunos y la aprobación de muchos.

Casos como el del joven muerto a golpes de “taco de billar” en un atraco en Cúcuta, o el de un niño y un adolescente asesinados en Tibú por intentar robar en un almacén, no pueden volver a ocurrir, la violencia no se corrige con más violencia, debemos como ciudadanos acatar el estado social de derecho, no somos la autoridad competente para juzgar, pero mucho menos para tomar justicia por propia mano.

La famosa Ley del Talión, proviene del latín “lex talionis”, tallos o tale que significa idéntico, y se basaba en el principio jurídico de la justicia retributiva. Históricamente aparece por vez primera en el Código de Hammurabi (Babilonia, siglo XVIII a.C.), también aparece en la ley mosaica de los judíos recogida por el Antiguo Testamento en el libro de Éxodo 21:23-25 y en Levítico 24:18-20; “ojo por ojo y diente por diente”, normas que dejaron de tener vigencia en la época talmúdica, cuando se determinó que la penas se transformarían en resarcimiento económico, igualmente en la Ley de las XII Tablas (Roma Antigua, siglo V a.C.), la idea era establecer una proporcionalidad entre el daño recibido y el daño producido en el castigo, siendo este el primer límite a la venganza.

No podemos permitir que volvamos a las épocas de la barbarie, que como sociedad normalicemos el derecho a actuar con impunidad y suplantar a la autoridad competente.

Algo estamos haciendo mal para que estos niveles de violencia se estén dando, no solo son los problemas sociales de pobreza y desigualdad, los delincuentes se volvieron organizaciones criminales y la respuesta del estado se ha quedado solo en aumentar el pie de fuerza pública, pero sin contar con fortalecimiento de la inteligencia militar ni estrategias de prevención contra el delito exitosas.

Sorprenden positivamente los resultados de una ciudad como Medellín que pasó de ser una de las más violentas del mundo a tener una de las cifras más bajas de homicidios en los últimos meses, sería muy importante revisar el porqué y el cómo de esos logros para que sirvan de modelo para el resto del país.

Se requiere para ganarle este pulso a los delincuentes tener a las instituciones del estado trabajando coordinadamente, donde los jueces puedan capacitar a policías y fiscales en la forma más adecuada en la recolección de las pruebas necesarias para evitar que por errores de procedimiento vuelvan los culpables a la calle a seguir delinquiendo, que el poder judicial tenga presencia en los consejos de seguridad en las regiones con el fin de que haya un trabajo interinstitucional adecuado frente al delito y que se pueda contar con una política pública integral que defienda a las personas y a la sociedad ante las amenazas ciertas de la delincuencia.

Hay que parar ya esta violencia que no nos permite avanzar, somos un país que merece mucho más.

“Leyes hay, lo que falta es justicia”: Ernesto Mallo, escritor argentino.

*Médico cirujano y Magister en Administración.

(Esta es una columna de opinión personal y solo encierra el pensamiento del autor).

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¡Jóvenes, llegó la hora de actuar!

Para que estos Consejos Municipales de Juventud, no pasen desapercibidos, como ocurre con muchos mecanismos de participación y cumplan con el objetivo para el cual fueron instituidos, es necesario que se cumplan dos aspectos importantes, que exista voluntad política real del Gobierno para apoyarlos y que los jóvenes realmente se empoderen de los temas de interés público y participen activamente de las soluciones.

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Por: Javier Antonio Rojas Quitian/ Bastante ha sido la inconformidad mostrada por los jóvenes de nuestro país, respecto a la forma como se han administrado los asuntos y las finanzas públicas, por ello, genera bastante expectativa la implementación de la Ley 1622 de 2013, mediante la cual se expide el Estatuto de Ciudadanía Juvenil y se da elección en los municipios de Colombia a los Consejos Municipales y locales de juventud.

Estos Consejeros de Juventud, 11136 en total, que serán elegidos en todo el país, según la norma, tienen dentro sus funciones, ejercer un rol de veedores para hacer control a los recursos que se ejecutan en sus territorios y promover la participación de los jóvenes en el diseño e implementación de planes, programas, proyectos y políticas públicas sobre temas de interés de la juventud.

Ahora bien, aunque en el papel, que todo lo aguanta, pareciera que estos consejos de juventud, los cuales son más el resultado de la protesta social de los jóvenes, que de la voluntad política del gobierno, se convertirán en espacios de participación, de discusión y  decisión para los jóvenes Colombianos, pero la verdad es que, según las Constitución Política, varios son los mecanismos de participación ciudadana  con los que ya se cuenta, el voto, el plebiscito, el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto, la iniciativa legislativa y la revocatoria del mandato y espacios como los Concejos Municipales y las Juntas de Acción Comunal, pero es muy poco lo que los ciudadanos y específicamente los jóvenes acuden a ellos para incidir en la toma de decisiones públicas.

Para que estos Consejos Municipales de Juventud, no pasen desapercibidos, como ocurre con muchos mecanismos de participación y cumplan con el objetivo para el cual fueron instituidos, es necesario que se cumplan dos aspectos importantes, que exista voluntad política real del Gobierno para apoyarlos y que los jóvenes realmente se empoderen de los temas de interés público y participen activamente de las soluciones.

Es necesaria la voluntad política del gobierno para apoyar estos consejeros, pues deja mucho que pensar, que a una norma instituida desde el 2013, apenas se le esté dando cumplimiento, y más cuando se sabe que esta elección es consecuencia de la protesta social que los jóvenes han adelantado, por ello en realidad, no pareciera que el gobierno esté tan interesado en fortalecer estos consejos.

Y para que estos funcionen correctamente, se requiere de la voluntad de nuestros gobernantes, presidente, gobernadores y alcaldes, primero de escuchar a los consejeros y de estudiar y adoptar en los planes de desarrollo las propuestas que ellos planteen y segundo, deben hacer una inversión de recursos para capacitarlos, asesorarlos y dinamizar su gestión, pues estos consejos inicialmente van a funcionar sin presupuesto, lo que va a dificultar su gestión.

También es necesario un empoderamiento total de la juventud, pues hay en el entorno una sensación de que los jóvenes, cuestionan y critican la realidad política y la gestión pública del país, pero muy poco se atreven a presentar alternativas reales de solución y a participar de los espacios de toma de decisiones y desarrollo comunitario como las Juntas de Acción Comunal o los Concejos Municipales.

Acá, los jóvenes van a tener una gran oportunidad, de convertir esa inconformidad en propuestas reales y factibles, tendrán la oportunidad y el escenario para demostrar, con hechos, que efectivamente tienen razón y que las cosas se pueden hacer de diferente manera y mejor, pero esta vez no será con proclamas en protestas o en redes sociales, esta vez tendrán que demostrarlo con sus actos e ideas.

Felicito a los jóvenes electos y a quienes aspiraron, pero no lo lograron, gracias por querer ser parte de las soluciones, por interesarse en los asuntos comunitarios, bienvenidos a la realidad pública del país, a la actividad en donde los recursos siempre son limitados, en donde ningún esfuerzo es suficiente pues siempre habrá algo por hacer, seguramente serán juzgados y cuestionados, pero eso debe fortalecerles el gusto por lo social y lo comunitario. Dios les bendiga con sabiduría y justicia, para que siempre tomen las mejores decisiones y lo hagan en favor de quienes más lo requieren.  Buen viento y buena mar.

*Exalcalde de Sucre (Santander), Administrador de Empresas, Especialista en Gestión Pública y Magister en Políticas Públicas y Desarrollo.

(Esta es una columna de opinión personal y solo encierra el pensamiento del autor).

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Encanto

Como dicen en los reinados, el tema de la presidenta fue el “palo” de las sesiones venideras de la Cámara; y haciendo honor a este medio de comunicación, los corrillos en el Congreso no se hicieron esperar, al proponer en días pasados un debate que promoviera su renuncia.

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Por: Óscar Prada/ De los mismos creadores de Anatolio, vote sí”; hoy se presenta “Encanto”, la belleza de la política hecha columna.

Hablando de belleza, Colombia es hermosa por naturaleza, tanto así que la industria del séptimo arte expone el atractivo nacional a través de las salas de cine; sin embargo “las bellezas por naturaleza” del ramo público le compiten al filme de moda. Pero, ¿Cómo se considera algo como bello?

Solo por nombrar algunas “bellezas”, como la fiesta de temática nazi en una entidad pública, y el cartón falso de aquel funcionario destituido que reproducía las palabras: “unibersidad” y “Neiba” con “b”, son el encanto de los días pasados; pero sin lugar a dudas, la tesis de maestría de la encantadora presidenta de la Cámara de Representantes no se queda atrás.

No es para menos; la señorita Arias, pasó de presidir la cámara fotográfica como modelo, a dirigir la Cámara de Representantes. Aquella mujer curiosamente asediada por las cámaras tiene un registro de impacto, que hacen de ella “una belleza completa”.

Verdaderamente los registros de la “belleza” de presidenta son desconcertantes; luego de su afamada frase, “Anatolio, vote sí”, ahora después su alma máter confirma plagio en su tesis de grado. Es decir; su trabajo para obtener la maestría fue enriquecido con ideas ajenas sin dar crédito alguno a los autores originales, afirma la universidad.

Como dicen en los reinados, el tema de la presidenta fue el “palo” de las sesiones venideras de la Cámara; y haciendo honor a este medio de comunicación, los corrillos en el Congreso no se hicieron esperar, al proponer en días pasados un debate que promoviera su renuncia.

Al mejor estilo de los certámenes de belleza, la presidenta sale avante a pesar de las críticas, y como buena soberana permanece orgullosa con la corona puesta, muy a pesar del bochornoso escándalo.

¡Soy una mujer de Dios!, ¡tengo derecho a ser escuchada!; entre otros alegatos, fueron los usados por la susodicha para defenderse. Consecuentemente, en parte tiene razón.

La Universidad, como garante del registro de los trabajos de grado para avalar los títulos que confiere, es responsable de revisar rigurosamente los documentos requeridos, antes de titular a un estudiante.

Contrariamente; la misma universidad, media década después de otorgarle el título de maestría a la congresista, “certifica” plagio en la tesis de grado ¿es sensato decretar plagio después de tanto tiempo, sin reconocer descuido alguno en la revisión?

¿Y dónde está el hilaje de esta columna? ¿para qué tan extensa introducción?; la respuesta se presenta enseguida. Por abrumadora mayoría se concibe a Colombia como un país bello y corrupto a la vez; ahora bien ¿se puede concebir como “bello” a un país hermoso por fuera y oscurecido por dentro?

¿En que se relaciona la situación de la presidenta, con lo anterior? Al igual que la nación, el ejemplo de la congresista es muy similar: es hermosa y exuberante por fuera, y cuestionable en su interior.[1]

En el caso de Colombia, la belleza y la fealdad son indivisibles; es una contrariedad chocante, a sabiendas que la corrupción que desfigura al país, pudiese perfectamente enmendarse de una u otra manera.

Pareciera más fácil erigir montañas, formar ríos, y florecer desiertos; que derrotar a la corrupción opacante de la envidiable belleza natural del país.

Lo dicho no es producto de la exageración. Según el Índice de Percepción de la Corrupción 2020 de Transparencia Internacional, el país obtuvo una calificación de 39 puntos sobre 100[2] -Donde cero es la peor calificación-, y ocupa la posición 92 entre 180 países evaluados.

No todo está perdido; el primer paso para hacerle frente a un problema es aceptarlo, y en este caso la sociedad colombiana pasó de percibir el conflicto armado, como el mayor de sus infortunios; a coronar a la corrupción como la emperatriz de sus problemas, tal y como lo muestran las cifras de arriba.

Pareciese como si lo bello surgiera de lo más tenebroso, y a modo de flor de loto que crece en medio del oscuro pantano; la esperanza de Colombia florece rodeada de dificultades. Aquella esperanza floreciente se encuentra en las nuevas generaciones con sed de cambios e ideas renovadoras para el 2022.

No existiera la hermosura si faltase la fealdad, la belleza depende de cada quien; en pocas palabras, para quienes algo es considerado como agraciado; para otras ese algo pudiese ser repulsivo y desagradable.

Consecuentemente, ¿es bella Colombia?; o más bien, la magia de su encanto disimula la fealdad de sus problemas. En días donde la realidad supera la ficción ¿será verdadero realismo mágico?, ¿será el encanto de película? ¡opinen!

*Ingeniero Civil, estudiante de Derecho.

Twitter: @OscarPrada12

(Esta es una columna de opinión personal y solo encierra el pensamiento del autor)

[1]  Respetando la presunción de inocencia que se merece la mencionada, se usa el termino cuestionable, dado que en ningún momento se le imputa su culpabilidad.

[2] Tomado de Informe Transparencia Internacional: Donde 100 puntos significa ausencia de corrupción y cero puntos, corrupción muy elevada.

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La santidad también es para ti

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Por: María Isabel Ballesteros/ Hablar de santidad puede parecer extraño en medio de un mundo que incita al placer las 24 horas del día, que está inmerso en el materialismo, el culto al ego y en el que acciones como el sacrificio o el autocontrol no son de mayor valor. Un mundo hipersexualizado que ahora va con todas sus artimañas por los de más corta edad y en el que se ha popularizado, a imitación de dogma, que todo lo que uno haga está bien, desde que no le haga daño a los demás.

Bajo este precepto se están formando las nuevas generaciones, sin contar con la confusión que también permanece entre nosotros al creer que santidad es manejar determinada apariencia o incluso parecer tonto, mostrarse religioso o practicar ciertas costumbres y ritos que finalmente no operan mayores cambios en la consciencia, que son los que necesitamos para crecer como seres humanos y espirituales.

Ser santo significa sencillamente ser obediente a Dios, por lo cual es equivocado creer que para alcanzarlo debemos ejercer algún tipo de obispado, sacerdocio o dedicar todo el tiempo a la oración y no es así, pues cualquiera de nosotros está llamado a la santidad, viviendo en amor y siendo testimonio de la obra de Cristo en nosotros.

¿Eres trabajador?… se santo cumpliendo con responsabilidad, honradez y compromiso en tu trabajo; ¿eres hijo? se santo honrando a tu padre y a tu madre; ¿eres padre? se santo enseñando a tus hijos con ternura y a través del ejemplo; ¿eres casado? se santo amando, respetando y cuidando a tu esposa o esposo; ¿tienes cargo de autoridad? se santo renunciando a tus intereses personales y luchando por el bien común.

Es contradictorio que a pesar de hacernos “grandes” como especie, con todos los avances en ciencia y tecnología, hayamos ido menguando en dignidad y las acciones o palabras que antes censurábamos o permanecían ocultas, porque no eran bien vistas o causaban vergüenza, ahora son motivo de orgullo y de una publicidad excesiva que busca normalizar lo que siempre ha sido malo, para hoy hacerlo ver bueno.

Y si reaccionamos ante esta nueva dictadura cultural no podemos esperar más que una desbandada de burlas o calificativos como “mojigato, moralista, santurrón, pacato” etc, etc, etc, los cuales son réplicas caprichosas, sin mayor argumentación, que surgen desde la visceralidad de seres con altas carencias espirituales y que quieren parecer el común denominador.

La santidad también es una actitud y manifestación del carácter, que da como fruto el dominio propio sobre las pasiones o debilidades, las cuales siempre quieren gobernarnos por nuestra “naturaleza caída”. El poder sobrenatural que nos concede el Espíritu Santo es el que nos conduce a la verdadera libertad al no ser más esclavos o dependientes de cualquier vicio o deseo desordenado.

En cuanto a esto, las escrituras dicen claramente que Dios es un Dios de orden, que nuestros cuerpos son su templo y que todo nos es lícito, pero no todo nos conviene por lo cual el problema de fondo está en que vivimos transgrediendo permanentemente la ley divina, relativizando todos los principios y valores, a nuestro acomodo, y por ende sacando a Dios de nuestra vida.

Esa rebeldía de no permitir ser dirigidos y usados por Dios nos hace ignorantes, pues no podemos saber más que el creador de todo lo que existe, sin embargo, nos hemos hecho “sabios en nuestra propia opinión” y estamos tan obnubilados por nuestros logros humanos, que creemos que las modernas formas de vida nos hacen más libres, cuando en la realidad solo nos dejan mayor dolor, desasosiego, vacío y desencanto hasta minar nuestra sensibilidad y dejarnos completamente desarraigados o rotos.

Dios es santo y por lo tanto exige santidad a sus hijos y nos recuerda que en esta tierra tan solo somos administradores y peregrinos, pues todo es prestado incluyendo nuestra vida como creyentes, la cual el sabio Salomón comparó bellamente con la luz de la aurora que “va de aumento en aumento hasta que el día es perfecto”. Permítete ser esa luz que brille en la oscuridad.

Asesora en Sistemas Integrados de Calidad

Twitter: @Maisaballestero

Instagram: @Maisaballesteros

Fan page: Facebook.com@Maisaballesteros

(Esta es una columna de opinión personal y solo encierra el pensamiento del autor).

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