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Acuerdo sobre lo fundamental

Tenemos que entender que con el voto estamos entregando el poder a quienes nos van a representar tanto en el poder legislativo como en el ejecutivo. Por esta razón, la próxima elección tiene una connotación especial y la única salida positiva que tenemos es la unión de los excluidos en torno a propuestas y programas que lleven a una agenda común.

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Por: Álvaro Ruiz Rodríguez/ Ya entramos en el último año de este período presidencial 2018-2022. Lo que equivale estar en el año preelectoral del siguiente período.

Quizá nunca habíamos deseado con tanta expectativa e ilusión un proceso electoral como el próximo.

Y las razones son muchísimas por cuanto los problemas que tradicionalmente hemos vivido tales como la violencia, la inseguridad, la deficiencia en la educación -en algunas zonas rurales, simplemente ausente-, los problemas en salud, generados particularmente por la aplicación de políticas neoliberales, y en general problemas en temas que son fundamentales y prioritarios para la sociedad, pero que son responsabilidad prioritaria de los estados, así como a la falta de oportunidades laborales, especialmente para los jóvenes.

Decía que todos los problemas que prácticamente han sido cotidianos a lo largo de toda nuestra vida republicana se han visto exacerbados por la pandemia que hizo su aparición a comienzos de 2020 y que los han agudizado y se han desnudado las deficiencias de toda nuestra institucionalidad.

Pero quizá lo más significativo en esta profundización de todos nuestros problemas ha sido, por un lado, el desempeño del gobernante actual que sabemos no actúa independientemente, sino que está condicionado a lo que le indica su jefe político, quien desde luego tiene su propia agenda alineada con todo el poder económico y por consiguiente no coincide con la agenda de justicia social implícita en las verdaderas democracias.

Esta es la explicación por la cual en Colombia existe la mayor desigualdad social y económica de Latinoamérica, superado solo por Haití. En lo que si estamos recobrando el primer lugar es en producción y comercialización de cocaína. También en homicidios a líderes sociales. ¡Qué vergüenza!

Por otro lado, es su actitud. El enajenamiento de la voluntad del presidente hacia su jefe político quien lleva veinte años gobernando al país en forma directa e indirecta y al mismo tiempo señalado por delitos graves de paramilitarismo, masacres, manipulación de testigos y otros delitos; lo más triste es reconocer la realidad que efectivamente el señor Iván Duque no había hecho absolutamente ningún mérito para merecer llegar a la presidencia de Colombia. Solo lo pudo lograr porque lo dijo Uribe. Es la razón de estar hipotecado con su mentor.

Sin embargo, indudablemente lo más nocivo para el país ha sido su actitud ególatra, indolente y prepotente para manejar los problemas más sentidos del país que finalmente llevaron a un estallido social que aún está sin resolver y sin acordar una agenda real que permita buscar soluciones sostenibles para los principales y más sentidos problemas del país. Esta actitud ególatra lo llevó a gastar ingentes recursos del estado para mostrarse como un verdadero charlatán en programas televisivos, y hasta hacerse auto entrevistas en inglés; su facilidad de mentir y calidad de cínico lo llevaba a hacer frecuentes eufemismos para disfrazar las tristes realidades del país tratando de engañar a los demás.  Es un comportamiento despectivo e hipócrita que pretende dar el tratamiento de idiotas a la población en general.

Todas estas situaciones son las que motivan una atención especial a la próxima elección. Después de tantas equivocaciones sucesivas imperando políticas neoliberales, llevando al ostracismo a quienes no pertenezcan al grupo de poder que no es otro que los grupos que ostentan el poder económico.

Entonces, como decía Jorge Eliecer Gaitán, “Convierten el poder económico en poder político, para con el poder el político perpetuarse en el poder económico”. Tal cual es lo que nos ocurre.

En esta combinación del poder económico y el poder político es donde reside realmente El Régimen del cual hacía alusión Álvaro Gómez Hurtado hace más de veinticinco años, que nos dejó como legado, pero que está más vigente que nunca.

Definitivamente la pandemia nos está dejando muchas lecciones, fruto de las agudizaciones de los problemas y las evidencias de la fragilidad y deficiencias de nuestra institucionalidad. Pero al mismo tiempo nos ha llevado a reconocer la necesidad imperiosa de seleccionar adecuadamente a nuestros gobernantes. No nos podemos volver a equivocar.

Tenemos que entender que con el voto estamos entregando el poder a quienes nos van a representar tanto en el poder legislativo como en el ejecutivo. Por esta razón, la próxima elección tiene una connotación especial y la única salida positiva que tenemos es la unión de los excluidos en torno a propuestas y programas que lleven a una agenda común con el fin de eliminar El Régimen y permita avanzar por la senda de la solución de los principales problemas del país. Esto implica llegar a un “Acuerdo sobre lo fundamental”, como lo mencionaba el propio Álvaro Gómez Hurta

Por todas las razones mencionadas tenemos que plantear con pragmatismo y principio de realidad situaciones que podamos realizar ahora por parte de la sociedad entera como es el rescate de la moral por lo que hay que trabajar por inculcar principios y valores en el hogar y trabajar con los niños en conjunto con los profesores de escuelas y colegios de primaria y secundaria. Así mismo es fundamental lograr la participación y liderazgos de la gente joven para que actúen con conciencia y ejerzan veedurías ciudadanas de las contrataciones de las autoridades locales y departamentales. Actuar con civismo y responsabilidad para evitar que la corrupción siga campeando en la administración pública.

Naturalmente que las verdaderas soluciones a los problemas dependen de políticas públicas que puedan implementarse desde programas que un gobierno en forma decidida quiera rescatar el humanismo y evite que sigamos el camino hacia la autodestrucción como sociedad.

Por esta razón podemos plantear como súplica que los partidos decentes se unan en torno a un programa de gobierno conjunto cuyo nombre no debe ser lo primordial con tal de cumplir con el propósito de neutralizar El Régimen y reorientar las políticas públicas hacia la dignificación de la población. Hacer Reformas a La Justicia para acabar la impunidad y la corrupción que está destruyendo la sociedad.

Por eso, finalmente exhortamos a la Coalición de la Esperanza, a el Pacto Histórico, o como finalmente se quiera llamar, que por favor puedan llegar a un Acuerdo, para llegar unidos a las próximas elecciones, con programas estructurados y coherentes que permitan que nuestra sociedad tenga un futuro más cierto y digno.

Naturalmente que para lograr este objetivo el principal requisito es deponer los intereses personales. Hacer un desprendimiento de ambiciones personales. La única ambición válida es poder servirle a la nación con criterio patriótico; se requiere un sentido genuino de querer servirle a la sociedad. Quien no se sienta capaz de entonar en esa causa, el mejor favor que puede hacer es no hacer parte. Abstenerse.

Con absoluta seguridad la historia les reconocerá y Dios los premiará.

*Ingeniero Mecánico (UIS) y Máster en Administración de Empresas (USTA).

(Esta es una columna de opinión personal y solo encierra el pensamiento del autor).

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¡Jóvenes, llegó la hora de actuar!

Para que estos Consejos Municipales de Juventud, no pasen desapercibidos, como ocurre con muchos mecanismos de participación y cumplan con el objetivo para el cual fueron instituidos, es necesario que se cumplan dos aspectos importantes, que exista voluntad política real del Gobierno para apoyarlos y que los jóvenes realmente se empoderen de los temas de interés público y participen activamente de las soluciones.

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Por: Javier Antonio Rojas Quitian/ Bastante ha sido la inconformidad mostrada por los jóvenes de nuestro país, respecto a la forma como se han administrado los asuntos y las finanzas públicas, por ello, genera bastante expectativa la implementación de la Ley 1622 de 2013, mediante la cual se expide el Estatuto de Ciudadanía Juvenil y se da elección en los municipios de Colombia a los Consejos Municipales y locales de juventud.

Estos Consejeros de Juventud, 11136 en total, que serán elegidos en todo el país, según la norma, tienen dentro sus funciones, ejercer un rol de veedores para hacer control a los recursos que se ejecutan en sus territorios y promover la participación de los jóvenes en el diseño e implementación de planes, programas, proyectos y políticas públicas sobre temas de interés de la juventud.

Ahora bien, aunque en el papel, que todo lo aguanta, pareciera que estos consejos de juventud, los cuales son más el resultado de la protesta social de los jóvenes, que de la voluntad política del gobierno, se convertirán en espacios de participación, de discusión y  decisión para los jóvenes Colombianos, pero la verdad es que, según las Constitución Política, varios son los mecanismos de participación ciudadana  con los que ya se cuenta, el voto, el plebiscito, el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto, la iniciativa legislativa y la revocatoria del mandato y espacios como los Concejos Municipales y las Juntas de Acción Comunal, pero es muy poco lo que los ciudadanos y específicamente los jóvenes acuden a ellos para incidir en la toma de decisiones públicas.

Para que estos Consejos Municipales de Juventud, no pasen desapercibidos, como ocurre con muchos mecanismos de participación y cumplan con el objetivo para el cual fueron instituidos, es necesario que se cumplan dos aspectos importantes, que exista voluntad política real del Gobierno para apoyarlos y que los jóvenes realmente se empoderen de los temas de interés público y participen activamente de las soluciones.

Es necesaria la voluntad política del gobierno para apoyar estos consejeros, pues deja mucho que pensar, que a una norma instituida desde el 2013, apenas se le esté dando cumplimiento, y más cuando se sabe que esta elección es consecuencia de la protesta social que los jóvenes han adelantado, por ello en realidad, no pareciera que el gobierno esté tan interesado en fortalecer estos consejos.

Y para que estos funcionen correctamente, se requiere de la voluntad de nuestros gobernantes, presidente, gobernadores y alcaldes, primero de escuchar a los consejeros y de estudiar y adoptar en los planes de desarrollo las propuestas que ellos planteen y segundo, deben hacer una inversión de recursos para capacitarlos, asesorarlos y dinamizar su gestión, pues estos consejos inicialmente van a funcionar sin presupuesto, lo que va a dificultar su gestión.

También es necesario un empoderamiento total de la juventud, pues hay en el entorno una sensación de que los jóvenes, cuestionan y critican la realidad política y la gestión pública del país, pero muy poco se atreven a presentar alternativas reales de solución y a participar de los espacios de toma de decisiones y desarrollo comunitario como las Juntas de Acción Comunal o los Concejos Municipales.

Acá, los jóvenes van a tener una gran oportunidad, de convertir esa inconformidad en propuestas reales y factibles, tendrán la oportunidad y el escenario para demostrar, con hechos, que efectivamente tienen razón y que las cosas se pueden hacer de diferente manera y mejor, pero esta vez no será con proclamas en protestas o en redes sociales, esta vez tendrán que demostrarlo con sus actos e ideas.

Felicito a los jóvenes electos y a quienes aspiraron, pero no lo lograron, gracias por querer ser parte de las soluciones, por interesarse en los asuntos comunitarios, bienvenidos a la realidad pública del país, a la actividad en donde los recursos siempre son limitados, en donde ningún esfuerzo es suficiente pues siempre habrá algo por hacer, seguramente serán juzgados y cuestionados, pero eso debe fortalecerles el gusto por lo social y lo comunitario. Dios les bendiga con sabiduría y justicia, para que siempre tomen las mejores decisiones y lo hagan en favor de quienes más lo requieren.  Buen viento y buena mar.

*Exalcalde de Sucre (Santander), Administrador de Empresas, Especialista en Gestión Pública y Magister en Políticas Públicas y Desarrollo.

(Esta es una columna de opinión personal y solo encierra el pensamiento del autor).

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Encanto

Como dicen en los reinados, el tema de la presidenta fue el “palo” de las sesiones venideras de la Cámara; y haciendo honor a este medio de comunicación, los corrillos en el Congreso no se hicieron esperar, al proponer en días pasados un debate que promoviera su renuncia.

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Por: Óscar Prada/ De los mismos creadores de Anatolio, vote sí”; hoy se presenta “Encanto”, la belleza de la política hecha columna.

Hablando de belleza, Colombia es hermosa por naturaleza, tanto así que la industria del séptimo arte expone el atractivo nacional a través de las salas de cine; sin embargo “las bellezas por naturaleza” del ramo público le compiten al filme de moda. Pero, ¿Cómo se considera algo como bello?

Solo por nombrar algunas “bellezas”, como la fiesta de temática nazi en una entidad pública, y el cartón falso de aquel funcionario destituido que reproducía las palabras: “unibersidad” y “Neiba” con “b”, son el encanto de los días pasados; pero sin lugar a dudas, la tesis de maestría de la encantadora presidenta de la Cámara de Representantes no se queda atrás.

No es para menos; la señorita Arias, pasó de presidir la cámara fotográfica como modelo, a dirigir la Cámara de Representantes. Aquella mujer curiosamente asediada por las cámaras tiene un registro de impacto, que hacen de ella “una belleza completa”.

Verdaderamente los registros de la “belleza” de presidenta son desconcertantes; luego de su afamada frase, “Anatolio, vote sí”, ahora después su alma máter confirma plagio en su tesis de grado. Es decir; su trabajo para obtener la maestría fue enriquecido con ideas ajenas sin dar crédito alguno a los autores originales, afirma la universidad.

Como dicen en los reinados, el tema de la presidenta fue el “palo” de las sesiones venideras de la Cámara; y haciendo honor a este medio de comunicación, los corrillos en el Congreso no se hicieron esperar, al proponer en días pasados un debate que promoviera su renuncia.

Al mejor estilo de los certámenes de belleza, la presidenta sale avante a pesar de las críticas, y como buena soberana permanece orgullosa con la corona puesta, muy a pesar del bochornoso escándalo.

¡Soy una mujer de Dios!, ¡tengo derecho a ser escuchada!; entre otros alegatos, fueron los usados por la susodicha para defenderse. Consecuentemente, en parte tiene razón.

La Universidad, como garante del registro de los trabajos de grado para avalar los títulos que confiere, es responsable de revisar rigurosamente los documentos requeridos, antes de titular a un estudiante.

Contrariamente; la misma universidad, media década después de otorgarle el título de maestría a la congresista, “certifica” plagio en la tesis de grado ¿es sensato decretar plagio después de tanto tiempo, sin reconocer descuido alguno en la revisión?

¿Y dónde está el hilaje de esta columna? ¿para qué tan extensa introducción?; la respuesta se presenta enseguida. Por abrumadora mayoría se concibe a Colombia como un país bello y corrupto a la vez; ahora bien ¿se puede concebir como “bello” a un país hermoso por fuera y oscurecido por dentro?

¿En que se relaciona la situación de la presidenta, con lo anterior? Al igual que la nación, el ejemplo de la congresista es muy similar: es hermosa y exuberante por fuera, y cuestionable en su interior.[1]

En el caso de Colombia, la belleza y la fealdad son indivisibles; es una contrariedad chocante, a sabiendas que la corrupción que desfigura al país, pudiese perfectamente enmendarse de una u otra manera.

Pareciera más fácil erigir montañas, formar ríos, y florecer desiertos; que derrotar a la corrupción opacante de la envidiable belleza natural del país.

Lo dicho no es producto de la exageración. Según el Índice de Percepción de la Corrupción 2020 de Transparencia Internacional, el país obtuvo una calificación de 39 puntos sobre 100[2] -Donde cero es la peor calificación-, y ocupa la posición 92 entre 180 países evaluados.

No todo está perdido; el primer paso para hacerle frente a un problema es aceptarlo, y en este caso la sociedad colombiana pasó de percibir el conflicto armado, como el mayor de sus infortunios; a coronar a la corrupción como la emperatriz de sus problemas, tal y como lo muestran las cifras de arriba.

Pareciese como si lo bello surgiera de lo más tenebroso, y a modo de flor de loto que crece en medio del oscuro pantano; la esperanza de Colombia florece rodeada de dificultades. Aquella esperanza floreciente se encuentra en las nuevas generaciones con sed de cambios e ideas renovadoras para el 2022.

No existiera la hermosura si faltase la fealdad, la belleza depende de cada quien; en pocas palabras, para quienes algo es considerado como agraciado; para otras ese algo pudiese ser repulsivo y desagradable.

Consecuentemente, ¿es bella Colombia?; o más bien, la magia de su encanto disimula la fealdad de sus problemas. En días donde la realidad supera la ficción ¿será verdadero realismo mágico?, ¿será el encanto de película? ¡opinen!

*Ingeniero Civil, estudiante de Derecho.

Twitter: @OscarPrada12

(Esta es una columna de opinión personal y solo encierra el pensamiento del autor)

[1]  Respetando la presunción de inocencia que se merece la mencionada, se usa el termino cuestionable, dado que en ningún momento se le imputa su culpabilidad.

[2] Tomado de Informe Transparencia Internacional: Donde 100 puntos significa ausencia de corrupción y cero puntos, corrupción muy elevada.

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La santidad también es para ti

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Por: María Isabel Ballesteros/ Hablar de santidad puede parecer extraño en medio de un mundo que incita al placer las 24 horas del día, que está inmerso en el materialismo, el culto al ego y en el que acciones como el sacrificio o el autocontrol no son de mayor valor. Un mundo hipersexualizado que ahora va con todas sus artimañas por los de más corta edad y en el que se ha popularizado, a imitación de dogma, que todo lo que uno haga está bien, desde que no le haga daño a los demás.

Bajo este precepto se están formando las nuevas generaciones, sin contar con la confusión que también permanece entre nosotros al creer que santidad es manejar determinada apariencia o incluso parecer tonto, mostrarse religioso o practicar ciertas costumbres y ritos que finalmente no operan mayores cambios en la consciencia, que son los que necesitamos para crecer como seres humanos y espirituales.

Ser santo significa sencillamente ser obediente a Dios, por lo cual es equivocado creer que para alcanzarlo debemos ejercer algún tipo de obispado, sacerdocio o dedicar todo el tiempo a la oración y no es así, pues cualquiera de nosotros está llamado a la santidad, viviendo en amor y siendo testimonio de la obra de Cristo en nosotros.

¿Eres trabajador?… se santo cumpliendo con responsabilidad, honradez y compromiso en tu trabajo; ¿eres hijo? se santo honrando a tu padre y a tu madre; ¿eres padre? se santo enseñando a tus hijos con ternura y a través del ejemplo; ¿eres casado? se santo amando, respetando y cuidando a tu esposa o esposo; ¿tienes cargo de autoridad? se santo renunciando a tus intereses personales y luchando por el bien común.

Es contradictorio que a pesar de hacernos “grandes” como especie, con todos los avances en ciencia y tecnología, hayamos ido menguando en dignidad y las acciones o palabras que antes censurábamos o permanecían ocultas, porque no eran bien vistas o causaban vergüenza, ahora son motivo de orgullo y de una publicidad excesiva que busca normalizar lo que siempre ha sido malo, para hoy hacerlo ver bueno.

Y si reaccionamos ante esta nueva dictadura cultural no podemos esperar más que una desbandada de burlas o calificativos como “mojigato, moralista, santurrón, pacato” etc, etc, etc, los cuales son réplicas caprichosas, sin mayor argumentación, que surgen desde la visceralidad de seres con altas carencias espirituales y que quieren parecer el común denominador.

La santidad también es una actitud y manifestación del carácter, que da como fruto el dominio propio sobre las pasiones o debilidades, las cuales siempre quieren gobernarnos por nuestra “naturaleza caída”. El poder sobrenatural que nos concede el Espíritu Santo es el que nos conduce a la verdadera libertad al no ser más esclavos o dependientes de cualquier vicio o deseo desordenado.

En cuanto a esto, las escrituras dicen claramente que Dios es un Dios de orden, que nuestros cuerpos son su templo y que todo nos es lícito, pero no todo nos conviene por lo cual el problema de fondo está en que vivimos transgrediendo permanentemente la ley divina, relativizando todos los principios y valores, a nuestro acomodo, y por ende sacando a Dios de nuestra vida.

Esa rebeldía de no permitir ser dirigidos y usados por Dios nos hace ignorantes, pues no podemos saber más que el creador de todo lo que existe, sin embargo, nos hemos hecho “sabios en nuestra propia opinión” y estamos tan obnubilados por nuestros logros humanos, que creemos que las modernas formas de vida nos hacen más libres, cuando en la realidad solo nos dejan mayor dolor, desasosiego, vacío y desencanto hasta minar nuestra sensibilidad y dejarnos completamente desarraigados o rotos.

Dios es santo y por lo tanto exige santidad a sus hijos y nos recuerda que en esta tierra tan solo somos administradores y peregrinos, pues todo es prestado incluyendo nuestra vida como creyentes, la cual el sabio Salomón comparó bellamente con la luz de la aurora que “va de aumento en aumento hasta que el día es perfecto”. Permítete ser esa luz que brille en la oscuridad.

Asesora en Sistemas Integrados de Calidad

Twitter: @Maisaballestero

Instagram: @Maisaballesteros

Fan page: Facebook.com@Maisaballesteros

(Esta es una columna de opinión personal y solo encierra el pensamiento del autor).

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