Culpables hasta que se demuestre lo contrario

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Por: Andrea Guerrero/ Algunas series de Netflix nos hacen simpatizar con personajes imaginarios que enfrentan los problemas más fantasiosos, irreales y crueles, cuya cotidianidad no trasciende de un ordinario y monótono apocalipsis zombie, pero también existen personajes basados en personas de carne y hueso que desearían que su mayor amenaza fuese un simple zombie. Sin embargo, Anton McCray, Kevin Richardson, Yusef Salaam, Raymond Santana y Korey Wise, no corrieron con tanta suerte.

La historia de estos cinco adolescentes ha quedado eternizada en la serie Así nos ven (When they see us) dirigida por Ava DuVernay. El cuento es así: En la noche del 19 de abril de 1989, Trisha Meili corría por la parte norte de Central Park cuando fue brutalmente golpeada y violada, llegando a perder el 75% de sangre de su cuerpo. Al mismo tiempo y en el otro extremo del parque, 30 jóvenes afroamericanos y latinos cometían actos de vandalismo por los que fueron detenidos.

Aunque solo debieron ser investigados por los disturbios, la jefa de la unidad de delitos sexuales de la fiscalía de Manhattan, Linda Fairstein, armó el caso contra ellos sin prueba alguna, puesto que la única evidencia eran las “confesiones” bajo coerción de los cinco menores de edad que ni siquiera estuvieron acompañados por sus tutores o abogados durante los interrogatorios y que fueron presionados hasta el cansancio por la policía a mentir.

Durante los dos juicios- uno contra Antron McCray, Yusef Salaam y Raymond Santana; y el otro contra Kevin Richardson y Korey Wise- quedó claro que la prioridad de las fiscales fue la de rendir cuentas atrapando a los criminales de la forma más rápida para satisfacer a quienes pedían la cabeza de los culpables.

Donald Trump, quien para entonces era un empresario prestigioso, publicó un artículo en el New York Times con un encabezado gigante en el que se lee: “Reinstauren la pena de muerte. ¡Traigan de vuelta a nuestra policía!”  (Bring back dead penalty. Bring back our police!). En el artículo no hace referencia directa al ataque de la corredora, pero su conexión con el caso es imposible de ignorar.

Imagen del artículo de Donald Trump tomada del New York Times.

A consecuencia de lo retratado en la serie, el espectador comprende que aquellos cinco jóvenes fueron condenados a una vida de rechazo – tanto dentro como fuera de la prisión- por un crimen que no cometieron; en 2002, cuando Matías Reyes confesó ser el único asaltante de Meili, fueron exonerados de los crímenes, por lo que comenzó un proceso legal que duró hasta 2014 con una indemnización de 41 millones de dólares.

A pesar de ser declarados como inocentes, la fiscal Linda Fairstein publicó una columna en Wall Street Journal titulada La errónea versión fabricada por Netflix de la historia de los Cinco del Central Park. Fairstein señala las incoherencias y falsedades de la serie que según ella no corresponden con la realidad.

Imagen del título del artículo de Fairstein tomada de Wall Street Journal.

Sin embargo, el intento por defender su imagen solo reafirma lo parcial que es juicio, porque continúa señalando de culpables a quienes en repetidas ocasiones han sido víctimas de aquellas acusaciones erróneas que consumieron más de una década de sus vidas. 

Además, Fairstein no despeja incógnitas, sino que las genera, no se entiende cómo Matías Reyes no fue vinculado al caso a pesar de haber cometido un delito con características similares meses antes del ataque.

Uno de los varios mensajes que transmite la serie es que existen sistemas judiciales para los que la lógica de la justicia funciona a la inversa, porque no existe la presunción de la inocencia, sino que se presume la culpabilidad: “Eres culpable hasta que se demuestre lo contrario”.

 “Sucederá otra vez” como decía Hegel de la serie Dark, no necesariamente en EE.UU., sino en cualquier país en el que su propia autoridad abusa del poder para maltratar a los mismos ciudadanos que los escogieron como defensores y solo termina por agravar la situación si el Estado sale a la defensar del agresor y no del agredido, justificando al primero e ignorando al segundo.

No es por presagiar desgracias, pero Colombia es susceptible a enfrentar casos como estos, debido a la excesiva brutalidad que en ocasiones ejercen ciertas autoridades sobre la población en general y que justifican de cualquier manera con el fin de validar el abuso.

*Estudiante

Instagram: @andreagguer

(Esta es una columna de opinión personal y solo encierra el pensamiento del autor).