No me educaron para vivir

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Por: Andelfo Rojas M./ Nos forman para la vida. Para lo que aparentemente, será la vida.

Hablar del sistema educativo colombiano es citar directamente a diferentes autores de teorías en dominio de masas. Un tema en el cual nos vemos inmersos todos, unos más vivos que otros. El gran Chomsky decía en el 93 que: «En un estado totalitario no importa lo que la gente piensa, puesto que el Gobierno puede controlarla por la fuerza de las porras. Pero cuando no se puede controlar a la gente por la fuerza, se tiene que controlar lo que la gente piensa, y el medio típico es mediante la propaganda…»

Aterrizándolo un poco al contexto educativo, nos topamos con un cronograma de actividades planteadas para que el infante “aprenda y se estimule a punta de números. Una cuestión complicada cuando el menor se divierte más en la pintura que en la exactitud de los dígitos. A veces me pregunto de manera seria: La parte emocional, ¿pa’ cuando? Y no es que lo olviden, lo tienen tan presente como el crucifijo en mano del ferviente. Solo que, la importancia que necesita no se la dan. ¿Será que no recuerdan que los infantes crecen? Se hacen grandes, se tornan en adultos cohibidos.

Nos ‘informan’ para la vida, cuando pasamos por las instalaciones educativas en época escolar. Y no es un problema por parte del docente, él cumple, él sigue los lineamientos. El sistema nos pinta de un brochazo tricolor con aroma a patriotismo y nos arrojan directamente a la secundaria. En este último, nos inculcan que, si no damos con el resultado de 2+2 estamos mal. Que al saber si Colón fue zurdo o diestro estamos bien. Una cuestión que, a mi criterio, nos trastorna por el resto de nuestras vidas. Nos etiqueta.

Ahora bien ¿Qué pasaría si el sistema le cree a la terapia? ¿Al profesional egresado en psicología? Si desde la infancia nos infundieran más el dar qué recibir (…) creería firmemente que, estaríamos frente a un panorama especial. Centenares de sujetos adultos y adolescentes fuertes físicamente y emocionalmente. El mundo podría ser un poquito mejor. Con esto no quiero decir que la solución a todos los males sería el titulado en psicología, pues es un ser humano como cualquiera, un profesional buscando sobrevivir y llevar el pan para los suyos. Con esto quiero decir que, entre todos podríamos afrontar la vida, asistir a terapia no cuando se esté al borde del desespero, se iría al profesional por el simple hecho de valorar la vida.      

El sistema nos ha educado para servir, para bajar la cabeza y ser sumisos. Tristemente, el sistema sabe cómo manejarnos. Creen fielmente que ellos tienen el poder, lo peor en todos los casos es que, desde el más infante hasta el más adulto está siendo manejado dentro del sistema. Ahora bien, el saber un poco más que el prójimo no nos hace mayores, ni nos da el derecho a humillar. El saber un poco más nos hace cómplices, eternos verdugos del desalmado sistema.

Nosotros los ciudadanos del común nacemos, crecemos, somos “felices” y morimos. Dicha vida pasa desapercibida por la pobreza mental que se tiene y se forma desde la academia en etapa escolar. Es por ello que, nos informan lo qué será la vida más no nos educan para vivir, vivir debe ser algo más que pagar cuentas de banco y deudas externas con los Estados Unidos.  Una educación para la vida es aquella donde dejamos que las manzanas cumplan su ciclo de maduración. Dónde percibimos el dolor y lo afrontamos con valentía. Eso que los Psicólogos llaman resiliencia, un concepto que en teoría es bonito, pero en la práctica cuesta un poquito más.

Yo soy Psicólogo, un sujeto que lucha como los demás, que ríe y llora como los demás. Un sujeto que comprende que la realidad no es cómo la pintan en la televisión. La realidad es donde nos educan para morir. El ciclo de la vida.

*Psicólogo con énfasis social con conocimiento en salud mental y sustancias psicoactivas (SPA) y Gestor de Unidades productivas (UP) Fundación Social Fundasmad.

Apoyado en Biblioteca sociológica y bases psicológicas.