Las cincuenta sombras de Roy

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Por: Javier García Gelvez/ En un país indignado y dolido por la muerte de Galán y con un sector afectado por la tragedia nacional del terrorismo como el estudiantil, este decide organizarse para protestar contra los violentos y exigir soluciones a las autoridades; era la amalgama perfecta y en 1992 vino la primera incursión de Roy Leonardo Barreras Montealegre en la política, aspirando a una curul en el Concejo de Cali enarbolando las banderas del Nuevo Liberalismo; también fue su primer ‘quemonazo’, no le alcanzó la fuerza para lograr su objetivo.

Su naufragio no lo ahogó del todo, al contrario, en 1994 siguió insistiendo, pero esta vez blandiendo los colores de una nueva corriente liberal llamada Alternativa Liberal Popular, que logró elegir a María del Socorro Bustamante como senadora y a José Arlen Carvajal como Representante a la Cámara, Barreras era el suplente de Carvajal.

A principios de 1995, Barreras reemplazó a Carvajal en su curul y como dice el dicho, papaya puesta, papaya partida; fue entonces cuando aprovechó para irse lanza en ristre contra el embajador de Nicaragua en medio de un ‘rifi rafe’ con este país por los limites marinos; allí empezaron sus primeros pinitos mediáticos.

Posteriormente, Roy le dio hasta con la plancha a Ernesto Samper desde su curul en la Cámara de Representantes, su férrea oposición al gobierno lo llevó a ganar protagonismo que con los años transaría por votos; Barreras fue uno de los pocos liberales que apoyó la propuesta de que la Cámara acusara a Samper ante el Senado por el Proceso 8.000, hizo acercamientos con todo el mundo con el fin de hundir sin contemplación al presidente de la época y lo llevó a cofundar el “Movimiento Pro Restauración Nacional”, liderado por Enrique Parejo.

Con ese antecedente y habiendo probado las mieles del parlamento colombiano, Barreras se lanzó a la reelección en llave con la liberal anti samperista Claudia Blum al Senado, estas jugaditas marcan el distanciamiento con sus viejos aliados en el liberalismo, y de hecho, junto con Blum no apoyaron a Horacio Serpa como candidato liberal a la Presidencia y participaron en una convención junto con políticos de la derecha liberal.

Fue su segundo ‘quemonazo’, a Roy no le alcanzaron los votos para defender su curul, de nada le sirvió su vehemencia defendiendo las banderas de la anticorrupción y anti clientelismo, ni del reconocimiento que había cosechado en su paso por la Cámara, terminó endeudado hasta la coronilla.

Pero como buen gato cayo parado, con su oposición a Serpa y su total apoyo a la candidatura de Andrés Pastrana en el Valle, además de sus jugaditas con la disidencia liberal que apoyaban al candidato conservador, le dieron el impulso que necesitaba para lanzar su candidatura a la Gobernación del Valle en el año 2000; esta vez defendiendo la camiseta de Cambio Radical; fue su tercer ‘quemonazo’.

Su camaleónico actuar político lo hizo fijar la mira de sus ataques en el fallido proceso de paz del Caguán, esta vez apoyando la candidatura de Nohemí Sanín. Barreras volvió a la carga en 2002 como independiente y lanzó su candidatura a la Cámara de Representantes, pero no obtuvo la aceptación suficiente de los electores, fue su cuarto ‘quemonazo’.

Roy no es un político que se da por vencido tan fácilmente, en 2006 intentó una vez más, y en esta ocasión con la trusa puesta de Cambio Radical, con Germán Vargas Lleras al frente del partido, Barreras esta vez sí logro la curul con más de 15 mil votos.

En esa ocasión se fue convirtiendo en el Sancho Panza de Uribe en la Cámara, sus intervenciones eran con ahínco, sus apariciones en los medios siempre generaban polémica por su aferrada defensa al presidente Uribe, hasta el punto de que en abril de 2009 se salió de Cambio Radical, partido que se iba desmarcando cada vez más del presidente.

Su astucia le permitió liderar el paso de un grupo importante de parlamentarios hacia el Partido de la U, dando pie para que sus compañeros los tildaran de voltearepas, comentario que no le hizo ni cosquillas, lo que produjo malestar en las filas de Cambio Radical.

Roy siempre tiene un as bajo la manga, vio que podía sacar buenos dividendos con el rompimiento definitivo entre Santos y Uribe, Barreras se convirtió en un alfil y ferviente defensor del primero y su decisión de negociar con las Farc en 2014 fue el resorte que lo impulsó a su reelección y la logró con poco más de 80 mil votos que lo volvieron acomodar en su mullida curul, esta vez luciendo la casaca de la U.

Su poder creció en el Palacio de Nariño, se convirtió en el interlocutor de Santos con las demás bancadas, varios proyectos de ley los sacó adelante sin tropiezos y en La Habana fue protagonista activo en la mesa de negociaciones.

El felino Roy, nuevamente cae parado y en las últimas elecciones se convirtió en la cabeza de lista de La U al Senado con la votación más alta de su colectividad, a capa y espada defendió la candidatura de Humberto de La Calle y no la de Vargas Lleras, generando malestar en varios sectores de la política.

Barreras no da puntada sin dedal y hoy se pregunta la Colombia política; ¿qué se trae Roy entre manos con su renuncia al partido de la U? ¿Qué pretende con su infructuoso plebiscito? Y, ¿hacia a donde apunta con sus insistentes e inocuas mociones de censura a Holmes?

Ya veremos que nos trae Roy en la penumbra de sus 50 sombras.

*Contador Público y Especialista en Revisoría Fiscal y Contraloría.

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