El ajedrez en los partidos

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Por: Carmen Elisa Balaguera Reyes/ En Colombia y en muchos otros países, jugar a entrar y salir de los partidos políticos se ha convertido en un juego de ajedrez. Al unísono todos quieren ser el rey o la reina y dar el jaque mate en todas las jugadas para alcanzar tan deseadas curules en el Congreso de la República.

La función básica de un partido político es la de agregar la demanda social y representar a la ciudadanía cuyos votos busca obtener. Así, los partidos juegan un papel central como intermediarios entre la sociedad y los poderes del Estado como sustento de un sistema democrático, por lo que su fortalecimiento es fundamental en un Estado Social de Derecho, siendo el soporte de un sistema democrático por lo que su fortalecimiento es necesario.

Una de las finalidades de la creación de los partidos políticos, es la movilización del electorado y la participación política, siendo que la democracia de partidos, históricamente el pueblo vota más por un partido que por una persona. Pero las últimas elecciones hemos visto lo contrario, se vota más por una persona que por lo que representa su partido político, es lo que establece el marketing político moderno.

Pertenecer a un partido político no debe verse como un acto negativo, es un ejercicio de libertad y de responsabilidad que realiza la ciudadanía con el objeto de participar activamente en la vida política de su comunidad, municipio, Estado, esto con el fin de mejorar las condiciones de su calidad de vida.

Tal es la importancia de los partidos políticos, que la democracia no puede concebirse sin la existencia de estos, en virtud de ello, en las Constituciones de las democracias consolidadas el sistema partidista es dominante.

Se pregunta en un análisis el politólogo Luis Carlos Villegas Arbeláez “…los partidos tradicionales ya no cuentan con el apoyo de hace unos años, los partidos políticos nuevos desaparecen con facilidad y otros solo responden a los intereses de sus líderes y dirigentes. La pregunta sigue siendo la misma ¿en manos de quién está la mediación de las demandas de la ciudadanía?”

Lo que se ha construido han sido instituciones para impulsar sistemas de partidos transparentes, equilibrados e incluyentes en que se garantice la participación de la sociedad; instituciones sólidas, división de poderes, respeto por el Estado de Derecho con el propósito de tener plenos derechos, libertades y construir un país donde reine la armonía y la paz.

Defender el sistema de partidos es una tarea que se está retardando por los personalismos. Ver entrar y salir políticos de uno, dos, tres, cuatro partidos, el cambio permanente de los candidatos y su facilidad de adoptar principios, valores e ideologías con el fin de tener representación es un hecho que deja mucho que pensar.

¿Dónde quedan los principios y la direccionalidad en lo que se ha instaurado en los estatutos del partido a los que se ha comprometido a cumplir?  Es el primero yo, segundo yo y lo que quede para mí. Es un mal mensaje para las nuevas generaciones, que quedarían acéfalas de tener un norte en lo político.

Pero tenemos un fenómeno con la nueva elección de Representantes a la Cámara y al Senado para el año 2022. Encontrar titulares de prensa donde los que han sido sus fundadores, que ahora despotrican ardientemente de ellos, fatalismo total para que el fortalecimiento del que se ha hablado se vaya al traste. Por ejemplo, en Revista Semana: “Benedetti se despacha contra el partido de la U. La U no es ni oposición, ni gobierno, ni nada”.

Nadie habla desde lo que se establece en el partido, se expresa es de la idea personal, una muestra próxima la encontramos en la dirigente del también partido de la U. Dilian Francisca Toro, “Las banderas sociales no son solo de la izquierda y la seguridad no sólo de la derecha”.

Otro líder que ha estado en la brega por alcanzar la Presidencia de la República, Sergio Fajardo, hace unos días dio una entrevista y como todos los líderes fuera de los partidos, proclamando su tesis personal: “Sin duda, la fórmula desigualdades y corrupción es un elemento central con el cual el populismo tiene un terreno abonado para crecer y resolver los problemas con soluciones fáciles entre comillas para situaciones complejas y muy profundas”.

¿Cómo se le gana políticamente a ese populismo? Nosotros en Colombia tenemos, en adición a esas condiciones de la desigualdad y al problema del malestar con la corrupción que es real, una polarización que viene desde hace varios años también. Para ganarle a la oferta del populismo, hay que estudiar la naturaleza de cada uno de esos componentes.

Nosotros tenemos que presentar unas políticas que atiendan la naturaleza de las desigualdades profundas de la sociedad colombiana. Ese no es un problema menor y es una realidad explícita.

Dos, en el tema de la corrupción tenemos que intervenir, y eso significa las formas de la política de manera tal que la ciudadanía pueda recuperar la confianza en quienes tenemos algún sentido de liderazgo.

Y tres, enfrentando la polarización, que es difícil, pero que es la convicción que yo tengo, y consiste en mantenerse sin quedar atrapado en la confrontación de los extremos, perseverar en el lenguaje, no dejarse tentar en la agresión como forma de respuesta para lo que está sucediendo, y comunicarse con la gran mayoría de la sociedad, que no se escucha porque está por fuera de la algarabía de esos extremos.             

No encontramos ni un ápice de respuesta a lo que contempla la Constitución Política de Colombia en lo que concierne al fortalecimiento de los partidos, existe es una maraña de ideas, propuestas, soluciones desde lo personal y no desde lo que puede plantear una ideología centrada en un partido político.

El pasado domingo en Nueva Zelandia el Partido Laboralista ha ganado el 48.9% de los votos con su candidata Jazinda Arden, el país le demostró su mayor apoyo y en su discurso dijo: “Y les puedo prometer seremos un partido que gobierna para los neozelandeses”.

Esta es una muestra de la importancia de que tener claros los principios y valores con los que se va a gobernar si deja muy buenos réditos, la gente vota por lo que plantea el partido y no por las personas.

¿Estaremos entonces a merced de la persona que venda mejor su discurso o finalmente los partidos políticos retomarán el liderazgo de elaborar programas políticos estratégicos que reorienten la administración y la función pública y cada uno de los elementos del Estado?

¿Es posible retomar los procesos democratizadores al interior de los partidos políticos o estarán estos últimos sometidos al mejor postor por la presión de no perder su registro público?

*Socióloga.

Correo: celisabreyes2008@hotmail.com

Twitter: @celisabalaguera