Depresión económica 2020

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Por: Andelfo Rojas M./ Sin precedentes, la vaina nos tomó a todos por sorpresa. La economía se paralizó y la calamidad se apoderó de los nuestros. El miedo, el terror y la circunstancia hicieron de las suyas (…) y entre tanto ajetreo por la situación, el dinero real en casa, empezó a escasear.

Hoy por hoy, la incertidumbre, el hambre y la delincuencia son parte de la encrucijada que parece no tener solución. Es más, nuestro mayor pecado fue querer ser ignorantes y nacer en el país del sagrado corazón. Golpes físicos, golpes mentales. Mentales y físicos… El dinero en casa escaseaba.

En un estudio realizado en la Universidad de Murcia (UMU), investigadores encontraron correlación entre el estrato socioeconómico y la sintomatología depresiva. Podría decir que, a nivel más bajo, mayores las posibilidades de padecer depresión. Una depresión generada por falta de dinero real.

Servicios públicos, arriendos, canasta familiar, educación y transporte, todo se incrementó y el bolsillo no aguantó. Mi pregunta es, ¿estratos bajos? La tienen difícil. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) dice que el 46,7 % hace parte de la informalidad. Estamos hablando de 5,7 millones de sujetos estratos bajos como yo trabajando “camellando” honradamente de lo que se dé en la calle.

El gran confinamiento, encerró la informalidad y nos puso a padecer de un calvario económico, mental y emocional que si bien, a muchos enfermó, a muchos levantó, a muchos asesinó. La depresión económica se hizo notar y pocos sobrevivimos a ella. Cabe resaltar en gran manera que, la depresión no respeta de etnia, no tiene credo y menos de estrato. ¡Es un asunto de análisis que golpea día a día y vaya sorpresa… ¡puede ser letal!

Ahora bien, no estamos tan lejos de dicho estudio europeo. La realidad es que en Norte de Santander y a nivel nacional, los índices de desempleo se han acrecentado en un 19,8%. Una cifra alarmante que ubica a Cúcuta en un cuarto lugar en el gran desfile de la escasez. Es ahí, donde los estratos proclamados como bajos empiezan su calvario ¡amargo calvario!

El gran confinamiento trajo consigo salvar vidas, resguardar una infinidad de familias debido a que no se produjo una dosis, una vacuna que pudiese detener la muerte que nos respiraba y nos respira en la nuca. Pero bien, las dos caras de la moneda es ver cómo el de abajo sobrevive de las migajas que deja la crisis y cómo el de arriba echa mano de sus lingotes. 

¡Papá tengo hambre! ¡Amor nos cortaron la luz! ¡El colegio! ¡No tenemos pa´comer! ¡El arriendo! ¡Los pañales! Detallitos que con el pasar de los días resuenan con fuerza en la mente del informal y bien ¿cómo darles solución encerrados? La verdad es que cumplimos a cabalidad con la frase de Carlitos Darwin “no sobrevive el más fuerte sino el que se adapta al entorno” sin embargo, la cosa aquí no está en adaptarse cómo pide el entorno, la cosa está en hacer del entorno mi choza y conseguir ‘la papa’ pa´ los míos.

Según la Proyección Económica Mundial el 2020 va en un –3% de decrecimiento en la economía global, una de las crisis más fuertes de todos los tiempos. Es decir, muchos asalariados bien pudieron entrar a la cifra de informalidad, quiere decir que para nosotros los cucuteños de estratos bajos, la cosa se pone ‘pelúa’ de un cuarto lugar podemos estar llegando a medalla de bronce en desempleo, entrando en depresión por falta de dinero real.     

Por cierto, La depresión económica es la fase económica subsiguiente a la crisis, que se manifiesta por una demanda débil, una contracción del comercio internacional, un crecimiento del paro y una caída en la producción nacional de bienes y servicios.

* Psicólogo Egresado Universidad de Pamplona.

Apoyado en: Empleo informal y seguridad social.