Crisis de un buen servicio

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Por: Carmen Elisa Balaguera Reyes/ De niños veíamos llegar a nuestros hogares personas que vivían, trabajaban y operaban sus actividades lejos de la urbe, muy pocos hoteles, hostales o residencias posibilitaban su descanso, pero eran las familias de las ciudades quienes abrían sus casas de habitación para  acoger a maestros que venían a realizar los cursos de ascenso en el escalafón, de comerciantes de ganado, agricultores, artistas, mecánicos que tenían la tarea de conseguir los repuestos para maquinaria y vehículos, vendedores de mercancías para aprovechar ofertas y conseguir productos para comprar y revender en los lugares más recónditos de la geografía de nuestro departamento.

Muchos de ellos a realizar sus gestiones bancarias, pero era en las casas de sus familiares y amigos donde se sentían a gusto gracias a la invitación de sus anfitriones.

En el sector rural es una práctica milenaria de ir a pasear o visitar  la familia, los amigos y conocidos, los hogares en el campo siempre dispuestas a recibir con agrado y cariño a cuanta persona les pide los aloje ya sea por recreación o por algún acontecimiento que reúna a toda la familia.

Ese era el modo de alojamiento de nuestra época, con el pasar de los años la industria hotelera se fue acrecentando y el auge fue muy importante hasta hace unos meses, conseguir hasta el tope los hoteles en Bucaramanga fue un éxito fugaz.

En el año 2018 encontrábamos noticias como “Bucaramanga con capacidad hotelera al tope”. (Ver más)

Notábamos un importante impulso del sector turístico ya que la ciudad se había preparado para acceder a grandes eventos de toda índole. Se desarrollaron congresos de orden nacional e internacional y como lo registraban los periódicos.

Para Gustavo Adolfo Toro Velásquez, presidente ejecutivo nacional de Cotelco, las cifras de ocupación y otros indicadores, “como la generación de empleo, el número de prestadores de servicios formales y la inversión, reflejan el buen dinamismo que tiene el turismo y la hotelería en Colombia. Sin duda es un resultado de diferentes factores que van desde la implementación de estrategias de promoción del turismo doméstico, desarrollada por el Gobierno Nacional a través de la campaña #YoVoy, sumados a los esfuerzos de promoción internacional a través de Procolombia”. (Ver más)

En Bucaramanga y el área metropolitana vimos nacer muchos pequeños hostales, hoteles y la llegada de grandes marcas a nuestra región. Pero ocurrió lo que nadie pensaba: La llegada de la pandemia del Covid-19 paralizó todo el sector de la economía nacional e internacional.

Noticias como la que recibimos esta semana de un hotel tan importante y emblemático de la ciudad como el Hotel El Pilar, cuyo mensaje dice: “Queremos informarles que, por razones de fuerza mayor, el Hotel El Pilar lamenta decirles que cierra sus puertas temporalmente hasta nuevo aviso. No tendremos servicio de ninguna índole (hospedaje, restaurante y eventos), desde el día lunes 21 de septiembre. Gracias por acompañarnos siempre”.

Nostalgia es la que nos produce este comunicado que debe ser el de muchos de los hoteles que se crearon en el impulso de una nueva economía basada en el turismo a Santander.

Pero en el mundo también se están moviendo cosas tan fuertes como lo que está ocurriendo en Europa; las grandes ciudades están poniendo leyes y justificando como acabar con los desarrollos de una industria creada a través de una aplicación Airbnb.

Es una historia interesante que nació hace doce años, impulsada por tres jóvenes norteamericanos Brian Chesky, Joe Gebbia y Nathan Blecharczyk, hicieron de una necesidad una virtud. Cuentan que es en condiciones muy difíciles cuando se salen a la luz ideas muy interesantes, dicen que después de la tempestad viene la calma.

Los jóvenes Brian Chesky y Joe Gebbia vivían en un pequeño apartamento en San Francisco. Sin trabajo, con dificultades para llegar a final de mes y con la amenaza de la subida del alquiler del 25%, buscaban maneras de obtener dinero. A finales de septiembre se celebraba en la ciudad una conferencia de diseño industrial, y los hoteles estaban llenos. Gebbia tuvo una idea y la plasmó en un correo electrónico que envió a Chesky  poner unos colchones inflables en el apartamento, ofrecer un espacio de trabajo, internet y desayuno a quien quisiese hospedarse en su casa.

Hoy, Airbnb es mucho más que una empresa de colchones inflables o de cereales. Es un gigante (más de cinco millones de anuncios en todo el mundo, 81.000 ciudades de 191 países y valoración de 27.000 millones de dólares), que ha cambiado la forma de viajar y de alojarse, y que también trata de revolucionar las experiencias con locales y  restauración.

Frente a la falta clara de pago de impuestos y que muchas localidades carecieran de viviendas para habitar sus residentes han sido las principales problemáticas por las que también pasa este emprendimiento.

Hoy la justicia europea valida la ley que limita alquileres a turistas a través de Airbnb y en nuestro entorno debemos mirar cómo sacar del ostracismo a un impulso económico que estaba dejando tantos réditos y no se debe acabar, para no volver a tener nuestros hogares como domicilios de paso de los visitantes de la ciudad.

*Socióloga.

Correo: celisabreyes2008@hotmail.com

Twitter: @celisabalaguera