‘Covidiotas’

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Por: Diego Ruiz Thorrens/ La pandemia causada por el virus del Covid–19 sigue su marcha. No ha pasado un solo día desde aquel penumbroso 25 de marzo en el que el Instituto Nacional de Salud anuncie diariamente la cifra de nuevos casos (y fallecidos) por el circundante virus. Algunos departamentos parecieran aproximarse al pico sin aún llegar (ejemplo, el departamento de Santander), quedando con el sentimiento de estar viviendo el más grande y tortuoso partido de futbol: “va llegando, es un junio, no… en agosto, va llegando, se acerca, cerca, cerca, septiembre, octubre… llegooooooó”; mientras que en otros el reporte de fallecidos ha disminuido considerablemente (ejemplo, la región de la costa caribe) sin que esto signifique que el virus hubiese desaparecido.

Es necesario, super vital recordar que el virus está aquí, y que permanecerá a nuestro lado por un largo y considerable tiempo.

No obstante, da la impresión que algunos sectores estuviesen celebrando la erradicación total del Covid–19. ¿Cómo lo están haciendo? Bajo dos suicidas medidas que no dejan de preocupar: muchas personas bajaron la guardia en el uso de tapabocas (que más bien pareciera tapa-mentones, tapa-cuellos) y, por otro lado, precisamente en el punto más álgido de la pandemia, las instituciones públicas (por orden del Gobierno Nacional) han flexibilizado (casi) todas las medidas, haciendo más difícil el distanciamiento y/o aislamiento social. Hay que ser muy idiotas (levantar ciertas medidas cuando el virus se aproxima con más violencia) para que esto ocurra. Me explico.  

Nos encontramos ante una dicotomía muy simple: existe un sector social que está agotado, cansado de estar “deambulando” con mascarillas, tapabocas e incluso caretas (por cierto, he visto algunas super geniales inspiradas en la serie de películas de “Avengers”) y, por otro lado, existe un sector económico que insiste que debemos ya reactivar la empresa y el capital.

Sin embargo, en el intermedio de estos dos sectores, existe una zona gris muchísimo más preocupante, y son todas aquellas personas que no se cuidan, que han adquirido el Covid–19 y no han presentado síntomas, y que literalmente pareciera importarles menos que nada transmitir y/o poner en riesgo la vida de las demás personas. A estos últimos son los que llamo Covidiotas. Personas que carecen de toda instrucción frente a la expansión de la pandemia.

Quisiera decir que este “modelo” de persona es único, o que su número es reducido… pero creo que no lo es. A diferencia de otros Covidiotas ubicados en otras latitudes del mundo, este sector no considera (ni mucho menos niega) que el Covid–19 sea mentira. Saben que éste es real. Sin embargo, les importa poco o prácticamente nada la vida del otro. 

No obstante, en algo que sí concuerdan es en utilizar todas las argumentaciones universales de todos los Covidiotas, y son: “yo estoy sano”, “yo estoy joven”, “a mí no me va pasar”, o (y aquí la peor de todas las argumentaciones) “tengo libertad para no utilizar eso”, dícese, el tapabocas. ¿Las razones?: Porque me corta el oxígeno, porque me asfixio, porque no protege, porque bla, bla, bla y bajo esa lógica, no ven o no encuentran la necesidad de pensar en el otro. Ni siquiera en sus familiares.

Según la organización Mundial de la Salud, si una persona portadora de Covid–19 no utiliza tapaboca y la persona que está a su lado sí lo hace, las probabilidades de contagio son del 25%. En cambio, si la persona que porta el Covid–19 utiliza el tapabocas y la persona sana no, las probabilidades de contagio y/o transmisión son del 15%. Si ambas personas (con Covid–19 y sin el virus) usan tapabocas, se reduce la posibilidad de infección al 1,5%. ¿Ahora entendemos por qué es necesario utilizar el tapabocas?

Frente a la flexibilización que realizó el Gobierno nacional de algunas de las medidas sanitarias, y que le han seguido muy juiciecitos (¡ahí sí!) departamentos y municipios, podría pronunciar toda una perorata que posiblemente termine en discusión con más de una persona que insiste en que “la economía está primero”. No caeré en ese juego. Tampoco lo haré con aquellos que no quieren utilizar tapabocas, o que lo usan de decoración en el cuello, frente o mentón.

Sólo quisiera pedirles prudencia y protección para todos y todas aquellas personas que sí piensan en sus vidas y en la vida de los demás. Igualmente, recomendar y seguir siempre los protocolos de bioseguridad (lavado de manos, distanciamiento social, aislamiento en caso de ser positivo para Covid–19).

Repetiré algo que dije en otro artículo: en algún momento el Covid–19 llegará a su fin, o al menos, será menos letal. ¿Cuándo? No sabemos, pero sí creo que sucederá. Mientras tanto, gente, por favor: cuidémonos del Covid–19 y de los Covidiotas.

*Estudiante de Maestría en Derechos Humanos y Gestión de la Transición del posconflicto de la escuela Superior de Administración Pública – ESAP – Santander.

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