Ayer como hoy

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Por: Álvaro Ruiz Rodríguez/ Los colombianos hemos visto cómo la muerte continua de líderes sociales se viene dando y el gobierno, en forma sistemática, anuncia “investigaciones exhaustivas”, que no terminan en nada. Con seguridad no habrán detenidos ni implicados en lo que respecta a los determinadores de estos crímenes; quizá algunos chivos expiatorios autores materiales terminen pagando, para no exacerbar la generalidad del pueblo que ingenuamente sigue clamando justicia. De esta manera no se podrá parar este genocidio.

En nuestro país nada pasa en materia de justicia. La impunidad es total y la administración de justicia más bien parece estar al servicio de los poderosos que gozan de encubrimiento y archivamiento de procesos por falta de pruebas y vencimiento de términos. Es característico en este gobierno la paradoja y el cinismo en medio de la ineptitud.

Y precisamente, gracias a la falta de sindéresis de este gobierno es que toma la decisión de disponer dinero del fondo de emergencias en Colombia, para prestarle USD 370 millones para rescatar a Avianca, empresa que ya no es colombiana y que al contrario su sede fiscal está en paraíso fiscales y Panamá, por lo que no tributa al erario colombiano.

La posibilidad de perderse ese dinero es altísima, pérdida que tendrá que asumirse a costa de todos los contribuyentes. No hay una mínima ponderación frente a este préstamo ignorando a las pequeñas y medianas empresas que se encuentran postradas como resultado de esta pandemia que han tenido que liquidar contratos laborales y crecer la desocupación en Colombia que ya está en el 20%, mitad de la cual se lo debe a la pandemia.

Ahora, si mencionamos la pobreza ya está por el 35%, retrocediendo mínimo un lustro, igualmente por cuenta de la pandemia. 

Pero eso poco cuenta para el mediocre mandatario que está en el ejecutivo; bueno ya se sabe que no es él el que gobierna. Y su verdadero patrón no requiere que sus subalternos sean muy inteligentes, ni que sepan discernir con criterios éticos y morales; por eso los prefiere que no hayan descollado en conducta (asignatura que tuvimos el privilegio de tener desde la escuela en los años 50s y 60s). El los necesita bien mediocres, eso sí incondicionales y fieles para que se dejen manejar a su antojo. Que no sean autónomos, que no tengan criterio. Entre más mediocres mejor, porque así son más dóciles.

Por eso ahora está de plácemes porque logró manejar su proceso judicial para que pasara a la Fiscalía. En donde todo estaba fríamente calculado para que el fiscal Barbosa (compañero de banca en la Universidad de Duque) tuviera listo a su también fiel Gabriel Jaimes que al igual del ejecutivo se da en el poder judicial, con resultados similares por la incondicionalidad como están acostumbrados a manipular a las personas que si bien se lucran con los pagos del estado, solo se reconocen como fieles y serviles con quienes sienten que los han colocado en el sitio que se encuentran. Esa es la tragedia que vive Colombia por esa crisis de valores y el resquebrajamiento ético y moral de la República.

El pasado mes de agosto, Colombia registró la vergonzosa cifra de 11 masacres en un solo mes, con 51 víctimas. Todas se encuentran en “investigaciones exhaustivas”. Los líderes sociales e indígenas claman por sus vidas porque los están matando y el gobierno sigue imperturbable. Al contrario, pareciera congraciarse con esas masacres y más bien para justificarlas y con el cinismo que ya nos viene acostumbrando, dice que no son masacres sino “homicidios colectivos”.  Qué brillantez, qué genio el que tenemos en el ejecutivo…

Pero ante este estado de cosas no podemos seguir impasibles. Realmente la verdadera pandemia le llegó a Colombia desde el 7 de agosto de 2018 y seguramente no será posible cambiar hasta el 2022 si es que el pueblo vence el miedo y no se deja intimidar como lo vienen haciendo, asustándonos con ser como Venezuela, siendo ellos mismos quienes actúan igual o peor de quienes critican.

Pero de fondo lo que quiero en este artículo es hacer alusión al hecho vergonzoso y que seguramente es de las páginas más oscuras que se tenga noticias en la historia de Colombia, ocurrida los días 5 y 6 de diciembre de 1928, como fue la masacre de las bananeras en Ciénega Magdalena.

En la presidencia de Miguel Abadía Méndez y bajo las órdenes del comandante de la Policía Carlos Cortés Vargas, las fuerzas regulares de Colombia masacraron más de tres mil trabajadores bananeros que reclamaban mejoras salariales por parte de la “United Fruit Company”, quienes tenían prácticas rezagadas de la esclavitud.

Sin embargo, el gobierno colombiano, tradicionalmente servil a los intereses norteamericanos, no tuvo problemas en masacrar con las propias fuerzas regulares del ejercito a más de tres mil ciudadanos de bien, trabajadores que ayudaban a sacar la riqueza colombiana a la compañía americana y que todo su pecado fue solicitar que les dieran un trato salarial más justo… ¿Qué tal?

Con relación a las cifras de muertos (la mayoría no fueron enterrados sino botados a la ciénaga y al río) siempre ha habido discrepancias, por cuanto oficialmente hablan de 1.800. Sin embargo, el ilustre Jorge Eliecer Gaitán hizo una investigación de los hechos y constató en sitio que los muertos excedieron los 3.000.

Durante los meses de junio y julio de 1929 hizo sendos y candentes debates en el Congreso, denunciando el humillante y deshonroso hecho que cala la indignación a su máxima expresión. Lógicamente clamando justicia y esperando que hechos como estos no se repitan. Para entonces dejó retumbando en el Congreso la siguiente frase: “El gobierno colombiano tiene la metralla homicida para el pueblo y una temblorosa rodilla puesta en tierra ante el oro americano”. Esta frase que fue pronunciada hace más de 91 años, tiene total vigencia con este gobierno.

Analizando la situación actual con casi un siglo de diferencia, tenemos una gran similitud, con la diferencia que las masacres no las hacen indiscriminada a la gran masa, como lo hicieron entonces, sino lo hacen en forma selectiva, eliminando a quienes les son incómodos o no se alinean con sus propios intereses. Tampoco lo hacen con las fuerzas regulares sino con las “fuerzas oscuras”; llámese paramilitares, bacrim, carteles de la droga o como quiera que sea. En todo caso, este gobierno mediocre se hace el de la vista gorda y para distraer utiliza eufemismos intentando tapar la tragedia de las masacres. Así que hoy son muchos los Cortés Vargas que se visten con varios uniformes.

Y a todas las empresas extranjeras que quieran venir a Colombia a llevarse la riqueza, siempre contarán con la incondicionalidad de este gobierno entreguista, como acaba de ocurrir con Avianca y si hay necesidad de modificar la legislación laboral, comercial, ambiental, social o la que sea, para favorecer los intereses de dichas empresas, se hará. Por eso los recortes sistemáticos a los trabajadores, la pauperización del trabajador asalariado y la negación de las pensiones.

Siempre ha habido una actitud servil hacia las empresas extranjeras por parte de los gobiernos colombianos, en detrimento del mismo pueblo trabajador y comunidades vulneradas. ¡Qué poca dignidad tenemos!

* Ingeniero Mecánico (UIS) y Máster en Administración de Empresas (USTA).