Agorafobia colombiana

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Por: Ruby Stella Morales/ «La ciudad no está construida por edificios sino por personas»: Edward Glaeser (2011)

Con el clima de incertidumbre y violencia en las vías públicas de los pasados días en diversas regiones del país, podemos deducir que Colombia expresa los peligrosos síntomas de la epidemia «agorafobia», conocida como el disturbio mental de individuos que sienten miedo irracional a los espacios abiertos o miedo a perder el control en presencia de aglomeraciones.

En el presente, el padecimiento se sufre, pero al revés, o sea obsesión institucional y oficial por mantener despejados de ciudadanos todos los espacios públicos, calles, avenidas, parques y plazas.  

Al parecer, esta es otra desafortunada consecuencia de la prolongada cuarentena y los desenlaces fatales que agudizaron las problemáticas de salud física y mental, crisis económica y hambre que sufre la gran mayoría de población vulnerable, sumadas al aislamiento obligados por la pandemia Covid-19 y la pérdida o restricción al derecho del uso de los espacios públicos. Para respirar, hacer ejercicio, caminar, movilizarse o simplemente habitarlos. 

Ahora no solo es el riesgo inminente de ser contagiados por el virus en transporte masivo, supermercados, parques o cualquier calle, sino el peligro latente de ser multados, perseguidos, atropellados, asaltados, o inclusive asesinados por vándalos delincuenciales y ahora, muy lamentablemente, con el temor creciente de las accione violentas y criminales de algunos uniformados sociópatas, que han abusado de la fuerza hasta la muerte, impulsados por el hecho de encontrar a alguien incumpliendo los toques de queda, a la hora y en el sitio que tradicionalmente se realizaban muchas actividades de la vida diaria.

El dramático y reproblable desenlace fatal del abogado Javier Ordóñez en Bogotá es un claro ejemplo de la obsesión -y quizás de las órdenes- de la policía por despejar de transeúntes a toda costa de los espacios públicos de las ciudades y que provocó el reclamo y la indignación ciudadana vividos en la capital y otras ciudades durante los 15 días anteriores, con la pérdida de otras 10 vidas de manifestantes e importantes daños vandálicos.

Urge una sanación colectiva para armonizar la convivencia. Y que las personas encargadas de la seguridad estatal reciban terapias masivas e individuales de meditación trascendental, yoga y todo tipo de tratamiento psicológico para enfocar a la ciudadanía como el sujeto de protección y frenar los terribles desmanes y el espiral de violencia que esta situación origina. Como sociedad, estamos en la encrucijada de la defensa de la vida como valor primordial y de las instituciones del Estado que sirvan.

En Colombia, Latinoamérica y gran parte del mundo, desde finales de 2019 las multitudinarias marchas ciudadanas en los espacios público de las ciudades por todo tipo de reclamos sociales, al igual que cientos de países del mundo, marcó una gran tensión social que quedó frenada con la presencia de la pandemia.

Delegada Secretaría del Interior

Por el derecho al espacio público, en el sector Hormigueros y Palomitas de Floridablanca, se cumplen cinco años el próximo mes de octubre de la radicación de la demanda de Acción Popular para recuperar el uso de la comunidad de las áreas de cesión destinadas para zonas verdes y equipamiento comunal ocupadas por particulares y por el Acueducto Metropolitano de Bucaramanga. Un plantón de reclamo que la comunidad proponía realizar en febrero pasado, frente a la alcaldía municipal, quedó en veremos de cara a las medidas restrictivas de la pandemia.

La causa comunal radica en que hace 15 años unos 8 barrios abiertos del sector carecen de zonas públicas para equipamiento comunal. Una veintena de edificios y conjuntos residenciales vecinos también están afectados. De hecho, la zona verde comunal está invadida por un parqueadero público y una vivienda de dos pisos de uso familiar y comercial, restaurantes y talleres de mecánica y motos. 

También está invadida la zona de reserva forestal de uso público, según lo estipula la Escritura madre No. 4877 de la Notaría Primera de Bucaramanga, donde se detallan los predios de áreas de cesión para la comunidad otorgados por la empresa Mundial de Construcciones al Fondo de Inmuebles Urbanos, adscritos al Área Metropolitana de Bucaramanga, en al año 1991. 

Los predios fueron entregados por el Fondo de Inmuebles y recibidos por el entonces alcalde Eulises Balcázar, al municipio de Floridablanca en 2008, mediante escritura pública a favor del municipio de Floridablanca No. 1658 de la Notaría Segunda de Floridablanca y legalizan el globo No. 1 con un área de 14.090 metros cuadrados, ubicado sobre la carrera 23 y 24 circunvalar con las calles 147 y 153 y límites de la subestación eléctrica de la Transversal El Bosque, frente a la Clínica Ardila Lulle; también se busca la recuperación del globo No. 2 de 14.686 m2, ubicado en la carrera 22 entre calles 150 y 145, en límites con la zona de protección ambiental de la quebrada La Cuéllar. Desde entonces los predios están invadidos.

En febrero de este año la comunidad solicitó a la nueva Personería de Floridablanca el seguimiento administrativo de la problemática de invasión de estos predios. Según su informe se han realizado 4 reuniones de coordinación en junio y julio pasado con la CDMB, Oficina Asesora de Planeación Municipal, Policía Nacional, Secretaría del Interior Municipal, Inspecciones de Policía, Oficina Asesora Jurídica, Secretaría de Infraestructura Municipal, Secretaría de Hacienda y al Banco Inmobiliario de Floridablanca. 

Queda entonces en responsabilidad de la Secretaría del Interior, la delegación de las actuaciones administrativas para la recuperación de los predios y restituir las áreas de cesión y reserva forestal, según dato oficial. Todo mientras el Juzgado Tercero Administrativo de Bucaramanga resuelva la Acción Popular en la que se decidirá finalmente el restablecimiento de los derechos colectivos de los espacios públicos y el equipamiento comunal del sector.

Es claro que sin espacio público suficiente ninguna ciudad puede ofrecer calidad de vida a sus habitantes. En Colombia el área mínima sugerida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y aprobado por un decreto del Ministerio de Vivienda (1077 de 2015), es de 15 metros cuadrados por persona.  En los países más desarrollados de Europa disfrutan de 500 metros por habitante de espacio público, mientras en Bucaramanga es de 2,5 m2 y en Floridablanca de 3,78 m2 por habitante.

Lo evidente es esperar que se amplíen los espacios públicos de nuestras ciudades para el beneficio común y calidad de vida de los habitantes. Sin embargo, la presión del valor de la tierra ha ido eliminando los diseños sanos y necesarios para airear la apretada vida citadina, mientras se han enriquecido las constructoras sin escrúpulos y la laxitud de las administraciones y funcionarios corruptos han asfixiado deliberadamente a las comunidades. 

Los buenos funcionarios y la justicia son la única solución. La comunidad apoya lo legal y justo; ni más, ni menos.

*Periodista

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