Lo que pasa en ‘manjaran’

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Por: César Mauricio Olaya Corzo/ Lo que pasa en esa ciudad futurista, que trascendió la pequeña Barcelona que nos vendieran para validar calles pintadas de zapote, parques supuestamente recuperados con pasto chino, materas de horrible presencia estética y un loco trazado de bici-rutas impuestas; pasó por cuenta de los tiempos locos del encierro colectivo y de la explosión de la redes sociales; donde hasta lo más banal resulta un distractivo de particular importancia ante síndromes de ansiedad, incertidumbre y negativismo que se multiplica con la misma velocidad monstruosa del Covid-19, a hacer de nuestra ciudad una tendencia en redes sociales, verbigracia a un bobarrón. que en enredado dialecto extranjerista, la fue lanza en ristre contra un crítico de sus pizzas rápidas que el “encopetado” restaurantero presentaba como la Pizza Manhattan.

A partir de la embabosada expresión “manjaran” con que quería expresarse cultamente de su Pizza Manhattan, nació toda una sinfonía de émulos, donde como en todo río revuelto, hubo por supuesto, ganancia de algunos muy vivos pescadores. Los ojos se volcaron en los lugares comunes anglosajonamente nominados por sus creativos propietarios; que la disco New York – New York, que el restaurante chino Fujiyama que se volvió el perfecto émulo del China Town. De pronto vimos citas de lugares icónicos adecuados a la nueva forma de vender la ciudad en “Daddy I Whant  Pineapple” (por Papi quiero piña), “Provenza´s Bridge” (por el puente Provenza) y hasta hubo quien tomara una imagen de uno de los trenes del metro de NY, portando el imborrable aviso de la ruta Isabelar. 

Esa tontera con que se dio libre vuelo y descanso mental a tanta noticia negativa, sin embargo fue sol de un día y con la misma ligereza con que llegó, se fue y de nuevo el velo de la realidad se descubrió, para ponernos los pies sobre la tierra y decirnos que el anunciado y publicitado pico de la pandemia, había tocado las puertas de la ciudad y con velocidad criminal, iba ampliando su presencia en todos los barrios y sectores, descubriendo de paso a una ciudad sin gobernante, tomada por cartillas de marketing posicional y fandango de sesión solemne (muy propia del kínder escogido por el alcalde para que le asesore en su gestión).

Una ciudad de gentes cansadas, incrédulas y con una muy alta dosis de irresponsabilidad, cuyas consecuencias se verán en las semanas por venir. Con todos los centros médicos colapsados de pacientes y abocados a decidir la suerte de la vida y la muerte, por factores fríos como la edad, la presencia de enfermedades conexas, la importancia o la recomendación del paciente, el respaldo o no de la EPS y toda una baraja de opciones donde la ética se verá reducida casi a la suerte de la moneda.

El alcalde, a bordo de un helicóptero, se conoció la ciudad que se ganó administrar en una lotería y sobre volando los barrios ridículamente daba instrucciones de permanecer en casa a una población que un principio se tomó en serio el confinamiento, pero que por cuenta de la misma improvisación del gobernante, que terminó convirtiéndola en la carpa de circo que con gracia diseñaban los expertos en mercadeo y publicidad que creyeron que a punta de marca y colorines se gobernaba, sencillamente se cansó de tanta improvisada manera de gobernar y con hambre, volvió a las calles, intentó retomar su vida cotidiana, siguió con sus fiestas y en fin, se burló de una realidad que venía en camino.

En la “manjaran” del hoy, los honorables concejales, que deberían haber tomado las riendas sueltas que el alcalde dejaba al antojo de sus asesores de mercadeo, se devanaron los sesos dando vueltas y revueltas a decidir sobre el futuro de los membretes de las administraciones, cuando no a levantar carteles contra la explotación aurífera en la región, dejando pasar graves intervenciones urbanas como la continuidad de las ciclo vías, un proyecto que nació impuesto y por ende, morirá con la misma rapidez conque nació; la intervención de los Cerros Orientales en un proyecto sin sentido donde quedarán enterrado más de diez mil millones de pesos de un presupuesto que reclaman decenas de sectores sociales abandonados y que hoy muestra la peor de sus caras donde las invasiones siguen tomándose este valioso ecosistema de vida futura y por supuesto, ni que hablar del colapsado sistema de transporte masivo, la violencia y la inseguridad que impera en cada rincón de la ciudad y un sistema de salud con la peor de sus caras en el momento que más se necesita.

“Manjaran” será el nombre que cargaremos sobre la lápida que adornará la ciudad que se perdió, porque citar el nombre de Bucaramanga, se hará solo cuando se rememore que alguna vez hubo una ciudad bonita, una ciudad orgullo de Colombia, una ciudad progresista y con futuro.

*Fotógrafo.

Twitter: @maurobucaro