Cuarentenas de 160 días

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Por: Holger Díaz Hernández/ Desde el 20 de marzo cuando el gobierno departamental impuso el toque de queda en Santander, llevamos exactamente 100 días de cuarentena obligatoria pero tal y como van las cosas, la emergencia sanitaria llegará por lo menos hasta finales de agosto, lo cual significa que faltan aún más de dos meses (serán cuatro cuarentenas para ser más exactos). Cientos de premoniciones se han hecho, fake news, mensajes apocalípticos y en los últimos días han aparecido inclusive algunos movimientos que niegan tajantemente la existencia del coronavirus. 

Lo cierto es que nos hemos preciado de un excelente manejo de la crisis del virus, con medidas de choque como cierre de las fronteras del país, confinamientos obligatorios, pico y cédula para salir a realizar las actividades básicas del día a día, toques de queda casi permanentes, ley seca, restricciones fortísimas a la movilización de los adultos mayores y los niños pequeños, pero todo esto sabíamos, solo serviría para prolongar la llegada del pico de la pandemia, mientras nos preparábamos con la logística necesaria para tener a punto las UCI y la capacitación del talento humano en el manejo de los respiradores necesarios para salvar la vida de cientos o miles de pacientes contagiados.

Oficialmente en Colombia el primer caso reportado fue el 6 de marzo y la primera muerte 10 días después, pero se advierte que el 15 de febrero sería el primer fallecimiento de un paciente sospechoso de coronavirus. El director del Dane, Juan D. Oviedo reveló en los últimos días que en Colombia en el primer trimestre del año murieron 30 personas con diagnóstico definido de Covid-19 y 94 sospechosas, o sea, tres muertes probables por cada una confirmada. Eso significa que las cifras desde el principio, como casi en el resto del mundo, no son ciertas en cuanto a número de infectados y muertos por la pandemia.

Nos estamos acercando al pico de la enfermedad y ya hemos superado los 4.000 casos nuevos y más de 100 muertes diarias, cifra que de acuerdo a los pronósticos seguirá aumentando inexorablemente. Ya tenemos más casos que en China en número de contagiados y muertos y en ciudades como Bogotá y Barranquilla la ocupación de camas de cuidado intensivo han excedido peligrosamente los niveles críticos, tal y como sucedió ya en Cartagena, Leticia, Tumaco y Cali, para sólo mencionar las más importantes.

El drama de Barranquilla y otros municipios del Atlántico es grande, no solo están desbordadas las UCI sino que el número de muertos día por Covid se acerca a las del 50% del total del país, la alerta roja hospitalaria está declarada así como en Bogotá que bordea el 70% de ocupación (632 camas ocupadas de 911 disponibles). Los buenos indicadores que nos enorgullecían ante el mundo se nos están empezando a deteriorar, en tres días superaremos los 100.000 casos y hoy los tres mil muertos.

No se nos pueden olvidar otras afectaciones colaterales, como las enfermedades mentales que han crecido exponencialmente, la violencia intrafamiliar, el feminicidio, el abuso sexual, la pandemia de divorcios (solo en una notaría de Bucaramanga se han presentado en los últimos meses 132 solicitudes de divorcio), todo como producto del confinamiento obligatorio. Sin incluir la grave afectación de la economía en el país, cuyas previsiones cada vez son más oscuras por parte de los expertos.

Al principio de la pandemia se pensó que el virus atacaba fundamentalmente el sistema respiratorio pero a medida que ha avanzado el conocimiento de la enfermedad en el mundo, los médicos nos hemos encontrado que además afecta gravemente el sistema inmunológico que responde produciendo algo que se ha denominado “tormenta de citoquinas” que son pequeñas proteínas que atacan no solo solo al virus presente en los pulmones sino que involucran el sistema circulatorio y afectan de manera desproporcionada tejidos sanos como los riñones, hígado, cerebro y otros más, formando coágulos de sangre en todo el cuerpo.

Hoy sabemos además que el 50% de los pacientes gravemente enfermos tienen lesiones cerebrales cuyos síntomas van desde cefaleas, pérdida del olfato y el gusto, hasta lesiones más graves como encefalopatías que producen signos neurológicos como convulsiones, confusión mental y delirio, se piensa que muchas personas mueren no por falla pulmonar sino por afectación del tallo cerebral.

Aún nos falta mucho por aprender del Covid-19, vamos a llegar a 10 millones de infectados en el mundo, faltan muchos millones más por contagiarse y cientos de miles de muertes mientras tanto solo nos queda cuidarnos con lo básico: distanciamiento social, uso de tapabocas en espacios públicos y privados y lavado de nuestras manos constantemente.

Esto va para largo, cuarentenas de cientos de días, que serán con efecto acordeón, se cierran y se abren de acuerdo al comportamiento de la pandemia en cada comunidad específica, la vacuna se demorará aún algunos meses en llegar y no estará disponible inicialmente para todo el mundo. Es posible que llegue otra “guerra” entre los países del mundo por el acceso y uso de las mismas.

Quisiera ser más optimista pero no es fácil en estas circunstancias, para quienes creemos en Dios, orar para que salgamos rápido de esta circunstancia que llegó para afectar nuestras vidas, pero al mismo tiempo para valorar más a los que queremos, a la vida misma, a la naturaleza y para entender que somos seres sociales que dependemos de todos los demás.

*Médico cirujano y Magister en Administración.