Colcha de retazos

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Por: Javier García Gelvez/ Nadie en el mundo estaba preparado para enfrentar el Covid-19; sin lugar a dudas ha sido el reto más grande que hemos tenido que enfrentar los habitantes de este orbe y en una excelente gala de creatividad gobernantes y gobernados en forma octopodiforme han bregado para implementar dentro de la inmediatez un sinnúmero de estrategias apuntando a reconstruir en forma organizada el camino que nos traza el virus.

Las primeras puntadas para la confección de la colcha se dieron un poco tardías y como toda sabana se cosieron con hebras finas o que aparentaban serlo y con telas de dudosa calidad que parecían poliéster barato.

El primer retazo y que serviría de sustento a las posteriores enhebradas fue el cierre de los aeropuertos y la declaratoria de la crisis, luego sin que coincidiera la calidad del trapo vino la entrega de recursos al sector financiero con el inconveniente de que estaba pegado con babas y no bien remendado como debería ser, y por ahí la primera tronera.

Con un guiñapo de su vestido se le zurció el pedacito de tela a la mentada colcha y empezó la regaladera de plata a diestra y siniestra; con tan buena suerte que hasta los finados alcanzaron a sentir el abrigo de la multicolor manta.

Toco echar mano de trozos de material antifluidos para protegernos de la lluvia que desde las alturas dejaba caer ayudas humanitarias cargadas de arroz, pasta, lentejas, panela y el infaltable atún en bolsas remarcadas con logotipos y transportadas bajo estrictas medidas de seguridad en vehículos policivos.

Lo bueno fue que nos cogió en verano; y un trozo de cachemira no es lo más conveniente para ensartar a la frazada, acá no llueve y los ríos famélicos pierden el aliento y más bien lo que se avecina es un chaparrón de decretos que cae cada día en la mañana, al mediodía y en la tarde… decretos para reglamentar la vida de aquellos que han vivido sin normas.

Para continuar en las nubes como los sastres del gobierno; una empresa de aviación sin ser de las criollas se rasga los chiritos pidiendo platica, olvidándose que ella se volaba los impuestos dado que se largó para un paraíso fiscal y en cambio ni pa la cachira un parchecito se les ligo.

El fino lienzo que se le adjunto al incluyente cobertor era tan traslucido que los afectados ni se inmutaron; inmobiliarias con orejas de pescado ignoraron las directrices y simplemente esa norma no les pego, obligando al sastre mayor a hilvanar con fibras más fuertes un decreto para hacer cumplir el anterior.

La frazada multiforme lleva además pedazos de intolerancia atados con nylon del más fuerte; médicos y personal asistencial correteados y perseguidos después de haber entregado un turno completo salvando vidas, ya no sufren el dolor ajeno sino el propio y de ñapa con un decreto descocido desde su confección se les trata de consolar con incentivos y ayudas que nunca verán

Ya no hay cumbias ni rancheras en el cementerio, los muertos no tienen quien los vele pues en las funerarias no hay ni rezos, ni sufragios, tampoco misas de difunto ni motos para cuidar y todo esto amarrado al susto que da saludar y hasta mirar.

Todos deben llevar el tapabocas así sea hecho de cualquier trapo, mucho mejor si tapan los ojos con eso no se ven las torcidas costuras, viejitos a esconderse porque se los lleva el coco, y como decía mi mama; apróntense porque lo que se viene es peor; las quebradas ya no murmuran, negocios cerrando puertas, gobierno pagando sueldos y extendiendo primas, el papel higiénico como el bitcoin del futuro y el transporte masivo como la principal fuente de contagio; la puntada final para terminar la colcha; servicios turísticos sin IVA cuando ya los hoteles se han cerrado.

*Contador Público y Especialista en Revisoría Fiscal y Contraloría.

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