Administración de nadie

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Por: Juan David Almeyda Sarmiento/ En lo que va del aislamiento, Bucaramanga ha sido testigo de algo que se creyó no iba a ocurrir debido al rumbo político que había tomado la ciudad, esto es, una completa falta de interés por parte de la administración con los ciudadanos.

El alcalde Cárdenas ha recurrido a la política pública de los nadie, es decir, desapareció de la esfera pública al momento de tener que afrontar una pandemia como se debe. A pesar de la apuesta que el alcalde proyectaba a tener durante su candidatura, la actual manera de hacer las cosas ha demostrado que no existe un interés por parte de Cárdenas para solucionar los problemas de a ciudad, los cuales ya venían desde antes de la crisis y que se han profundizado debido a esta.

El trabajo del alcalde se ha limitado a ser el vocero de lo que dice propone el gobernador, sin ningún tipo de molestia por considerar las implicaciones e impactos particulares que las decisiones departamentales puedan tener en la singularidad del contexto municipal. Pareciera que su labor administrativa se concentrara en el mero acto de firmar y contemplar, careciendo de toda la práctica socio-jurídica que debe de haber detrás de una administración pública que valga la pena.

Ninguna de las apuestas del alcalde ha mermado el impacto de la pandemia a nivel municipal, más aún si se tiene encuentra que el nivel de evolución en Bucaramanga a sido mínimo en comparación con el resto del país. La ciudad se hunde en una profunda miseria que llevará, a futuro, a una crisis económica de grandes proporciones, especialmente por el factor trabajo. 

La quiebra de negocios, la imposibilidad de crear nuevos, las deudas que se amontonan, entre otros factores, hacen que la autonomía del ciudadano se vea afectada. Las personas no compran ni siquiera lo mínimo, no se puede generalizar, debido ha visto en el día sin IVA, que todos los ciudadanos poseen medios económicos para mantenerse.

La competitividad laboral que va a devenir debido al cierre del sector privado (pequeña y mediana empresa) y a la inercia burocrático-corrupta que representa a lo público será el reto que debe afrontar la administración de Cárdenas, una que, por lo visto en su propuesta con los restaurantes, solamente se solucionará para los sectores más económicamente pudientes.

La marginalidad se escucha en la ciudad, el silencio del aislamiento hace que los gritos por ayuda hagan eco. Todos experimentamos esto, sin embargo, debemos sentarnos impotentes a ver cómo el otro perece, mientras tanto, el dinero de la crisis se derrama por los huecos de la corrupción.

La delincuencia disminuyó, el colmo sería si fuese el caso contrario, pero sus índices siguen siendo críticos, la autoridad se siente solamente como forma, como puño que golpea, pero no existe una dinámica de control y prevención que ayude a eliminar el umbral que divide y obliga a una vida en supervivencia.

Cárdenas fue elegido para ser la alternativa, sin embargo, mostró que representa esa bestia rancia, conservadora y déspota que se autodenomina “rodolfismo”. La política del alcalde es similar a la anterior, solo que con menor cantidad de insultos y peleas públicas (entretenimiento), de ahí que los ciudadanos lo encuentren ineficiente, no son conscientes de las muchas razones administrativas que lo hacen un mal alcalde.

Si realmente fueran reflexivos en este aspecto no considerarían a Rodolfo un buen alcalde, ya que, en cuanto a su naturaleza política, ambos son la misma cosa, salvo que Cárdenas no es objeto mediático por representar la “santandereanidad” que si tenía Rodolfo.

Al final, el actual alcalde pasará sin pena ni gloria, y será recordado como aquel que no miró y se fue, igual que su padrino político.

*Filósofo.

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