¿Abuelos o abuelitos?

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Por: Carmen Elisa Balaguera Reyes/ Llegan noticias de muchos países en el mundo en la que se dice que, a los adultos mayores y las personas con afecciones subyacentes graves, como enfermedades cardiacas, pulmonares o diabetes, tienen mayor riesgo de presentar complicaciones más graves a causa del Covid-19.

Eso hace que las autoridades colombianas empiecen a pensar en cómo prevenir riesgos a las personas mayores de setenta años. Una de las frases que impactó y que con el paso del tiempo ha tenido unos desarrollos inesperados, fue mencionada por el presidente Duque el 18 de marzo del presente año: “Ayer anunciamos una medida dura, pero necesaria. Una medida que requiere el apoyo de todos los colombianos, y es la protección de nuestros abuelitos y abuelitas, la protección del adulto mayor. Muchas personas se preguntarán por qué tomamos la medida del Aislamiento Preventivo Obligatorio para los adultos mayores.

Y la respuesta es clara. Lo hicimos esencialmente para aquellas personas mayores de 70 años, porque son el sector de mayor riesgo frente a los ataques del coronavirus. Así lo muestran las estadísticas mundiales. Nosotros buscamos que ese sector esté protegido, pero necesita lo mejor de todos nosotros en nuestros hogares y en nuestros espacios.

Todos tenemos que darles el debido cuidado y protegerlos. Y mucho más en esta coyuntura. Por eso ayer anunciamos esa medida en el marco de la Declaratoria de Emergencia Sanitaria, y de Emergencia, en virtud del artículo 215 de la Constitución”.

Pero otros decidieron desde sus confinamientos hacer lo que se denomina “La Revolución de las canas”. Impulsada por varios personajes que, con explicaciones, cuestionamientos, duros comentarios frente a la decisión de mantenerlos encerrados, fijando posiciones que la edad madura es la más productiva; viene a este caso el comentario tan mentado de la de la exdirectora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, hoy presidenta del Banco Central Europea, «los ancianos viven demasiado y es un riesgo para la economía mundial. Tenemos que hacer algo y ya», que conmocionó al mundo durante la pasada década y a la que le llovieron miles de improperios y observaciones al respecto de lo que esta frase deja en la imaginación.

El confinamiento tiene visiones con distintas facetas como la de la periodista Margarita Vidal que con toda sapiencia y madurez afirma que toda forma de discriminación es odiosa, “mi decisión fue la de dejarme seducir por cosas que había ido apretujando por décadas en el oscuro sótano de los sueños improbables.

Entiendo también que el encierro tenga ansiosos -cuando no desesperados- a muchos. Pero espero que otros hayan sentido que por primera vez en muchos años tienen tiempo para sí mismos y para sus familias; para pensar, crear, leer, hacer planes, revisar conductas, plantearse desafíos, establecer prioridades. Bien aprovechado, el repliegue forzoso puede ser una experiencia transformadora.

No creo, eso sí, que el mundo se vaya a volver bueno. Los egoísmos, las ambiciones, las envidias y las venganzas, el afán de lucro y de dinero fácil, el vertedero de las redes, la política oportunista y la corrupción rampante prevalecerán, pero muchos se volverán más solidarios, más empáticos, más compasivos”.

Muchos han optado por tomar las cosas más a la ligera y gozarse el momento, aprendiendo como usar las redes sociales y reinventándose en su soledad, divirtiendo y siendo muy creativos, es el caso de Paloma Lago una mujer mayor quién desde su confinamiento muestra sus dotes artísticas.

Otro es el caso de tres amigas inglesas que decidieron irse a vivir juntas en el confinamiento, proveerse de Internet y vino entre otros: “Las amigas explicaron que todas tienen casas con la misma cantidad de habitaciones, por lo que solo necesitan elegir el mejor lugar para establecerse, ya que todas tienen puntos a favor. Dotty y Jayne tienen jardines traseros donde podían hacer ejercicio y relajarse, mientras que Doreen tenía Netflix, quien parecía muy feliz ante la idea de hacer un maratón de The Crown con sus amigos”.

Dentro de los personajes que fueron entrevistados por la revista Semana en su artículo Rebeldes con Canas, sobresale la posición de la feminista Florence Tomas que dice entre otras cosas: “Nos están tratando como a niñitos de cinco años, los ancianos, los adultos mayores son responsables, son activos, son pensantes, son capaces de tomar sus decisiones y de protegerse, no nos venga a decir que nos toca encerrarse (…) Hubo una especie de infantilismo, nos sentimos discriminados completamente como con la casa por cárcel, como un arresto domiciliario y además tratándonos de abuelitos, yo si tengo un nieto, soy abuela pero nunca seré abuelita. Soy una vieja pensante, activa en forma que quiere caminar todos los días porque si no me voy a deteriorar.”

La experiencia propia de ser una persona mayor entrando a lo que se le denomina la tercer edad, me ha permitido conocer y estar a la vanguardia de las nuevas tecnologías, gozarme el encontrarme todos los días con mis hijos que residen en lugares tan distantes del mundo y saber sus cuitas diarias. Ejercitarme para dar a conocer mis alegrías mis logros y mi felicidad al lado de mi único nieto, el confinamiento me ha servido para desarrollar mis habilidades culinarias, manuales, leer lo que más me gusta la biblia y tener cuidado de tanta noticia basura que inunda las redes.

Todo no ha sido tan malo, la vida hay que vivirla con los nuevos acontecimientos y buscar dentro de nosotros el verdadero sentido que es vivir para servir.

*Socióloga.

Correo: celisabreyes2008@hotmail.com

Twitter: @celisabalaguera