Abandono ruin

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Por: Ruby Stella Morales Sierra/ Los planazos inmisericordes de un grupo engavillado de vigilantes privados terminó por cercenar el dedo índice derecho de uno de los habitantes de calle agredidos. Su mano sufrió el filo de los machetes, mientras protegía su cabeza. Múltiples golpes cayeron en todo su cuerpo. Garrotazos, insultos y burlas ahogados con los gritos de dolor y súplica de estos seres humanos caídos en desgracia y desamparo. 

Los persiguieron todo el tiempo, durante esta cuarentena por el virus -y desde siempre y mucho antes- porque estaban durmiendo en pleno piso, acostados en el maloliente suelo, entre excrementos y basuras, en los estrechos andenes de las calles del centro de Floridablanca. 

«Durante el día las aceras son intransitables», dicen los habitantes cercanos. Y esto además de hacer mirar a la mayoría para otra parte, aleja a los eventuales compradores de la tradicional dulcería y turismo de obleas y de negocios que pasan meses de aciago y dificultades para sostener sus negocios. «No les anima a los compradores venir porque no se pueden ni bajar de la suciedad de las calles…” ¿Los comerciantes de las dulcerías no pusieron la queja a la alcaldía? ¿Qué dice el elegante Secretario del Interior?

Sin embargo, los dos baños públicos que están en el parque principal de Floridablanca son manejados por particulares y se cobra su entrada. Pero se podría haber hecho un acuerdo y permitirles el ingreso y abordar el tema humanitario como debía ser. Empezar a aplicar el programa social obligatorio e invertir los $1.000 millones del presupuesto legal de cada año. Pero no se hizo. 

A las personas desamparadas de la calle se les señala sin compasión de intentar sobrevivir mediante la mendicidad y se les asocia con el robo callejero desesperado para comprar narcóticos. Porque no queremos reconocer que nuestro país ya no solo es un exportador de alucinógenos, sino también un país al que se salió de madre con el problema de ser también consumidores de todos los estratos. 

Que el consumo sin tratamiento ni control se nota más en los pobres que terminan en las calles, como las de Bucaramanga, Floridablanca o cualquier otra ciudad, o pequeño poblado de Colombia.

La tragedia de los habitantes de calles, además del drama de hambre, abandono y dolor, es su dependencia y tenaza con el microtráfico. Son sus esclavos.

La mayoría de ellos terminaron en las calles principalmente por el infierno del consumo de drogas, luego de la pérdida de sus hogares, su familia, si alguna vez la tuvieron y la estima por sus propias vidas.

Y lo que faltaba, un animador envalentonado de un programa de televisión de motociclistas del canal metropolitano, animando sin preámbulos a que los persiguieran y los levantaran a golpes de las calles. Un llamado al odio, promoviendo la agresión a la gente sin hogar. ¿Esperamos estas cruzadas violentas a través de los medios o más bien mitigar la horda de agresores?

Medidas de emergencia

Desde el 20 de marzo pasado la alcaldía de Londres brindó alojamiento y comida a más de 1.000 personas sin hogar. Fueron ubicados en apartamentos, albergues y hoteles -sin importar cuántas estrellas adornaban sus lujosas entradas- para garantizarles de forma integral el confinamiento obligatorio por la Covid-19. 

Un problema social que fue tratado con el rigor de la respuesta de salud pública para proteger la vida, tanto de los propios habitantes de calle, como del resto de la ciudadanía. La medida londinense puede llevar a que se les acerque a un hogar definitivo, anunció el alcalde Sakid Khan. 

Por estos lados, ¿qué le responde el joven alcalde Miguel Ángel Moreno a los ciudadanos florideños sin hogar y a los contribuyentes, al país y al mundo sobre la oferta institucional que lo obliga a atender a la más marginal de las poblaciones?

Produce dolor e impotencia ver las terribles imágenes del grupo de vigilancia privada, amparados en las sombras de la noche, agrediéndolos y violentándolos con planazos y garrotes.

Este hecho infrahumano le dio la vuelta al mundo, gracias al ojo de las redes sociales y para darnos recordarnos que nuestros impuestos casi siempre terminan en los bolsillos de las ambiciones, en lugar de los programas sociales que establece la ley y el sentido de humanidad. 

Porque todas las familias que no cuentan con millones para recluir a sus parientes en incognitos y lujosos institutos de desintoxicación, están expuestas a que algún miembro de la familia no sea atendido por la salud pública ni las EPS por sus adicciones, ni acceder a un programa digno a quien llega a la calle. 

Claro que se puede. El buen ejemplo de los programas de Bogotá Humana demostraron la dignificación del habitante de calle con acogida, salud, ingreso al sistema de seguridad social y hasta algunos terminaron su bachillerato y profesiones. 

Aquí sabemos que una de las venas rotas de las malas administraciones son los programas y el presupuesto de la Secretaría de Desarrollo Social, utilizado para contratar a la legión de promotores electorales, del «anochecer de Floridablanca». Dura tarea también para la Personería que arrastra innumerables irregularidades y violaciones de derechos humanos y colectivos de la administración municipal. 

Con el subprograma 48, ‘El Ser Humano que Habita en la Calle’, el municipio de Floridablanca ha pretendido llenar el requisito de incluir a esta población en la agenda de servicios a la más vulnerable de las poblaciones de cualquier ciudad.

La Ley 1641 de 213 obliga a los entes municipales del país a incluirlos en los programas de atención integral y en los planes de desarrollo. Tiene por objeto establecer los lineamientos generales para la formulación de la política pública social para habitantes de la calle. Está dirigida a garantizar, promocionar, proteger y restablecer los derechos de estas personas, con el propósito de lograr su atención integral, rehabilitación e inclusión social.  

Pero solo con el llamado inquisidor del Procurador Alejandro Ordóñez y obligados por la ley, en 2016 el Concejo Municipal emitió el Acuerdo 014, el cual fijó tres acciones: Un censo anual, pagar el sepelio de 10 habitantes desamparados y atender a 200 seres humanos que habitan en la calle. ¿Ya hicieron el ajuste acorde con la emergencia sanitaria?

El presupuesto anual del programa ronda los 1.000 millones de pesos. Sería bueno que alguno de los nuevos concejales revisara las cuentas de lo gastado del año pasado de elecciones. Y rindiera cuentas a la ciudadanía con este bochornoso y desalmado tratamiento a los habitantes de calle. ¿Cuántos desamparados han requerido de una tutela para obligar a la administración a su inclusión en el programa integral y apropiar los recursos? 

El ‘ambicioso’ programa ha carecido de dolientes. Y los alcaldes se escudan en el buen corazón de personas que arañan de la caridad pública para llevar alimento, vestido y aseo, como lo hace la Fundación Todo lo Puedo en Cristo. Su director hace un año rogaba a la gente les ayudara a atender entre 200 y 300 personas que deambulaban por los barrios cercanos a La Cumbre, mientras adelantaban un censo. 

«La alcaldía solo trae un tampico y un amasijo, como siempre…». 

Señor Alcalde. Estamos en emergencia sanitaria mundial y lo mejor es que de urgencia busque albergues y hogares de paso, como lo establece la ley, pues cómo va el problema de la pandemia, puede que sea necesario enviar a los desamparados a los hoteles de Floridablanca…

*Periodista.

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