¿Qué mundo nos espera?

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Por: Holger Díaz Hernández/ “Solo se debe temer al miedo”: Julio César, emperador romano.

Mañana 1 de junio se alarga el confinamiento obligatorio impuesto por el gobierno ante la pandemia y continuará la apertura gradual de otros sectores productivos del país.

Se requieren altas dosis de responsabilidad social, ya que estamos en un momento crucial, ante la inminencia de un crecimiento exponencial de casos positivos, por la llegada de una tercera ola de infectados a mediados de junio, que se sumará a la ya que padecemos en estos momentos.

El número de infectados y la mortalidad que tenemos en el país ha sido mucho menor, si nos comparamos con el resto del mundo, por lo tanto, desde el punto de vista sanitario, es de resaltar la respuesta del gobierno nacional; que ha sido, más que adecuada.

Pero sumada a las grandes preocupaciones en materia de salud pública, nos enfrentamos a la crisis económica, social y humanitaria más grave y aterradora del último siglo.

Que afecta casi sin excepción a los 7.700 millones de seres humanos que poblamos la tierra.

Se ha hecho un descomunal sacrificio para aislar el mundo y sólo tenemos la incertidumbre de no saber lo que va a pasar, se avizora en cambio mayor desempleo, pobreza y más desigualdad social.

Los que ayer tenían, tendrán menos y los que no, con seguridad estarán peor.

Desde el inicio de la crisis se pronosticó una caída importante de la economía del mundo, con una recuperación a corto o mediano plazo, pero a medida que ha avanzado la pandemia, se calcula que la reactivación será mucho más lenta, agravando las perspectivas negativas que ya traía la economía global.

La U. de Los Andes estima que la pobreza en Colombia subirá 15 puntos en los próximos meses, lo cual significa 7,3 millones más de pobres, el desempleo proyectado estará entre el 19,8 y el 23,5%, (cifra a la que se llegó ya en el mes de abril), con una destrucción del empleo sin precedentes en nuestra historia: 4,3 millones de personas sin trabajo, en solo un mes.

Las cifras de desempleo podrían llegar incluso al 30%. Lo que mejoramos en los últimos 20 años, lo perdimos solo en dos meses.

La economía se contraerá por lo menos un 5,5% este año y el endeudamiento externo del país ya bordea el 60% del PIB.

Las cifras muestran también un descontento social de resultados impredecibles, el gobierno ha hecho esfuerzos importantes en apoyar a las familias y a las empresas, pero el daño ha sido incalculable.

Estamos ante la combinación perfecta de coronavirus, miedo colectivo y una pandemia de pobreza sin precedentes.

Estados Unidos tiene ya más de 38 millones de desempleados, (3 millones de personas solicitaron ayuda social en la última semana), el desempleo pasó del 3,7% en febrero es el más bajo en 50 años y podría llegar al 20% al finalizar mayo.

A pesar de los billones de dólares en ayudas aprobados por el congreso, se considera que estos recursos no alcanzarán para paliar la crisis.

A Europa la pandemia la golpeó inmisericordemente a principios del año y ya está iniciando la implementación de un nuevo “Plan Marshall”, plan que permitió la reactivación económica de Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial.

Con un presupuesto de 500.000 millones de euros, liderado por Francia y Alemania, beneficiará a los países más afectados de los 27 miembros de la Unión Europea, estos recursos serán no pagaderos, lo cual convierte esta ayuda, en la más grande de la historia, de unos estados a otros.

Tenemos que haber aprendido del crash del 29, de los estragos de las guerras mundiales y de la crisis de 2008 y su legado de pobreza e inequidad.

Nos quedará como enseñanza, la enorme fragilidad del ser humano, enfrentado a la incertidumbre de lo desconocido.

La esperanza de que finalmente tengamos políticas públicas enfocadas en los marginados sociales, en que los gobiernos sean garantes de tener sistemas de salud y educación robustecidos y totalmente financiados.

Que se pueda generar conciencia colectiva de la importancia de la conservación del medio ambiente y que se invierta la pirámide del gasto de las naciones en investigación médica y no en la guerra.

La necesidad de que los países opten por la solidaridad, el apoyo mutuo y la cooperación en estos momentos de crisis, es obligatoria para el bienestar del mundo y que se compartan los avances científicos, para que sirvan a todos por igual.

Ojalá entendamos que no necesitamos más Bolsonaros, ni otros por el estilo, que gobiernan el mundo. Ya bastante daño ha hecho.

“La pandemia, no nos iguala. Los más pobres pagarán un precio mucho más alto que los ricos”: Michelle Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.

*Médico cirujano y Magister en Administración.