Si no cambiamos nos van a cambiar los virus, es inexorable

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Por: Holger Díaz Hernández/ Después de tres semanas del caso cero del SARS CoV-2 o Covid-19 y de haber pasado de la fase de contención a la de mitigación, en el país tenemos hoy 1485 pacientes positivos para la enfermedad, el 79% (1167) están en casa, el 8,9% hospitalizados (132), el 4,2% en UCI (63), recuperados el 6% (88) y fallecidos el 2,36% (35). 

Eso en plata blanca es un muy buen resultado para Colombia con una curva que se ha aplanado mucho más rápidamente de lo esperado con respecto al resto de los países afectados, claro que aún estamos ad portas del momento más crítico de la pandemia que se supone llegará en las próximas semanas.

Hay que reconocer que el gobierno del Presidente Iván Duque y los gobiernos departamentales y locales han tomado decisiones efectivas, con medidas como el cierre de las fronteras internacionales, la cuarentena obligatoria que dada la irresponsabilidad de muchos ha tenido que volverse más dura con medidas de confinamiento más estrictas, pico y cédula en gran parte del territorio y el uso de las fuerzas militares como estrategia de disuasión en algunos municipios, el apoyo económico a los más necesitados y el manejo asertivo de los medios para no generar pánico en la población.

El sistema financiero, los empresarios, las universidades y los sectores sociales han venido trabajando de la mano, en un esfuerzo conjunto con el gobierno, con resultados nunca antes vistos. 

A pesar del optimismo están por venir tiempos difíciles, se han implementado medidas sanitarias para la comunidad,  importado miles de pruebas para el diagnóstico de la enfermedad, el uso de tapabocas como recomendación de la OMS, la cultura del lavado de manos, que ojalá se quede para siempre, insumos para protección del personal de salud en los hospitales, dotación de camas de cuidado intensivo, el compromiso de muchos sectores para la donación  y fabricación de ventiladores y en un esfuerzo de última hora cursos  para los médicos generales y otros especialistas no intensivistas en el uso de los mismos y en el manejo de los pacientes críticos, pero existen  grandes preocupaciones por las condiciones en las cuales van a ser atendidos los pacientes que requieran tratamiento en estas UCI.

Estos son servicios hospitalarios de alta complejidad para pacientes gravemente enfermos, con alto riesgo de muerte o con lesiones incapacitantes, que deben contar con equipos multidisciplinarios, con médicos y enfermeras especializados para garantizar calidad y la seguridad en la atención en salud. 

Lo cierto es que desde hace algunos años la ACMI que agrupa a los médicos intensivistas del país ha venido denunciando que muchas de estas UCI no cuentan con la presencia de especialistas para garantizar una atención en las mejores condiciones para los pacientes, en Colombia existen 17 facultades de medicina con programa de posgrado en cuidados críticos, pero solo se forman 71 profesionales al año. 

El Ministro de Salud anunció la disponibilidad inmediata de 2.650 camas de UCI exclusivas para la pandemia, la consecución de 2.000 ventiladores en los próximos días y la importación  de 5.000 más en las semanas siguientes de ser necesario, en todas las ciudades importantes del país se están abriendo cientos de camas, habilitando clínicas que estaban cerradas, convirtiendo recintos feriales y sedes universitarias en centros de atención médica.

¿Pero donde está el personal de salud entrenado para la atención en condiciones que garanticen el manejo adecuado de los pacientes infectados y de sus posibles complicaciones cuando lleguen decenas o cientos de ellos para ser atendidos al mismo tiempo, que va a pasar en los departamentos donde no existe ni siquiera una UCI (Vaupés, Guaviare, Amazonas, Vichada)?

En Europa hay 29 camas de UCI por cada 100.000 habitantes, en Estados Unidos 28 y en Colombia 11 (solo el 10% tienen infraestructura biosegura y menos del 2% presión negativa), con la diferencia además de que en esos países el 80% de quienes están al frente de las mismas son personal especializado en manejo crítico médico-quirúrgico y en unidades coronarias. 

La norma con respecto al talento humano en UCI en Colombia es ambigua lo cual genera muchas dudas sobre las condiciones de atención actual de los pacientes en estado crítico y que requieren este tipo de manejo, lo cual agravaría mucho más el panorama ante lo que se avecina con el Covid-19. 

La prioridad no solo debería ser tener más camas o más ventiladores, sino tener además los equipos médicos capacitados para enfrentar esta crisis, la más grave a la cual nos hayamos enfrentado nunca, donde haya capacidad del personal de salud para garantizar la intubación adecuada de los pacientes, el manejo de los ventiladores, de la enfermedad pulmonar y de las complicaciones inherentes a las patologías de base y la reanimación del mismo si fuese necesario.

Además de la organización para que haya un líder durante las 24 horas que direccione y garantice el uso adecuado de los recursos y el manejo médico en cada uno de los centros que se habiliten para tal fin.

La experiencia actual de Italia y España nos deja un sabor agridulce porque a pesar del compromiso total de los profesionales de la salud, la iatrogenia y el costo causado por la falta de experticia en el manejo del paciente crítico, es incalculable.

El personal de salud liderado por los médicos ha puesto una cuota de sacrificio demasiado grande en esta crisis, con miles de contagiados por el contacto directo con los pacientes infectados y decenas de muertos alrededor del mundo, sumado a que en Colombia por lo menos en la mitad de las entidades hospitalarias no se tiene la garantía de contar con todos los elementos de protección personal (EPP), insumos básicos sin los cuales es imposible ser parte de la primera o segunda línea del tratamiento, la falta de pago a los trabajadores de la salud por las deudas billonarias del estado y las EPS al sector, las condiciones a veces infrahumanas en las que laboran muchos de estos profesionales, las jornadas extremas de trabajo por escasez de personal especializado y el rechazo de unas minorías al contacto con ellos, actitud que le hace mucho daño a la moral y al compromiso profesional asumido estoicamente por quienes  están poniendo una cuota de sacrificio, tal vez la más alta en esta sociedad, que nunca volverá a ser la misma después del fin de la pandemia . 

No son héroes, solo hombres y mujeres comprometidos, dispuestos a dar la vida si es necesario para enfrentar esta, denominada la tercera guerra mundial, no con armas letales sino con inteligencia contra un virus con corona pero que en los próximos meses tendrá gracias al esfuerzo de cientos de epidemiólogos, infectólogos e investigadores una vacuna y el tratamiento definitivo para la cura de esta enfermedad, que en el futuro será solo una gripe más. 

*Médico cirujano y Magister en Administración.