Desde la casa vemos pasar la vida

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Por: Luis Eduardo Jaimes Bautista/ El gran giro en los 360 grados del globo terráqueo, fue para los seres humanos, científicos, gobernantes, empresarios, medios de comunicación, funcionarios, cuerpos de seguridad, estudiantes y trabajadores, en fin, todo el conglomerado que habita este planeta tierra. Un gran cambio en las costumbres y la utilización del tiempo en el mundo; empezó a replantearse desde el día en que el coronavirus fue expandiéndose a todos los países.

La pregunta: ¿Qué estaba pasando y que iba acontecer? Era un dilema de una guerra que se gestaba en la propagación de un virus que empezaba a matar sin existir mutilados, ni derramamiento de sangre. Simplemente los asfixiaba.

Muchos países con sus cuerpos médicos, hospitales y clínicas, empezaban a prepararse, y desde la base de mando la (OMS) Organización Mundial de la Salud, mandaba instrucciones y tácticas para enfrentar al peor y más aguerrido enemigo que se iba expandiendo por la tierra sin límites. Atacando sin distinción de raza, color y clase social. Solo tuvo una condición que su viaje lo hizo en primera clase, por avión a todos los países del orbe.

La retaguardia para enfrentar a este invisible ejército que se incubaba donde el ya contagiado lo dejaba esparcido por el aire o se posaba en superficies por segundos, minutos, horas y días, era atacar a los más débiles. Niños, adultos o la tercera edad con defensas muy bajas. El número de personas enfermas exponencialmente se iban multiplicando: asintomáticos, Contagiados, en UCI y muertos.

En todas las ciudades desde las metrópolis, capitales y pueblos, la voz de los gobernantes fue imponer una ley marcial de recoger a la población en cuarentena. La táctica china “en su arte de la guerra” que llevó a combatir el despiadado enemigo biológico: Hoy el famoso Covid-19, para vencerlo a costa de miles de vidas perdidas. La misma repercusión en Europa, Estados Unidos y los países latinoamericanos, el cual sigue en vilo todavía. Sin ser vencedores contra la muerte.

¿Todos han seguido el ejemplo? Es muy poco, en razón a la cultura y el tiempo que las personas del tercer mundo todavía no comprenden que es salvaguardar la vida, en este caso de los adultos mayores y la tercera edad. Así los medios de comunicación y el gobierno publiciten y hagan llamados insistentes para no caer totalmente en las garras de la pandemia.

No voy a escribir sobre las pérdidas económicas, donde prima en estos gobiernos, más que las vidas humanas. Me limitaré a ver desde mi terraza esa actitud de los seres humanos, que se desesperan, aquellos pobres que no tienen que comer, o quienes tienen, están en el aburrimiento de estar enclaustrados y salen irresponsablemente a las calles a recoger ese enemigo peligroso para que visite sin distingo sus casas, con consecuencias luctuosas.

Los hogares colombianos tienen una gran diferencia cultural y social con otras culturas. Acá somos muy irresponsables, porque hemos perdidos los valores y el calor humano. Ya no nos reunimos para compartir los juegos de mesa, leer, contar cuentos y uno de los lazos que unen la familia: El comedor, para tomar los alimentos. En las casas cada uno está por su lado, gestándose la agresión cuando se hace llamados de atención de los padres o abuelos. Los jóvenes se refugian en el mundo del celular, se aíslan totalmente como autistas y los mayores que han vivido sus fines de semana entre las bebidas alcohólicas, se le hace fácil comprar licor para embriagarse y terminar en actos violentos.

Son muchos los factores negativos que traerá esta cuarentena, que las cosas buenas y de crecimiento que tengan las familias. El tiempo pasa, dejando secuelas en muchos hogares, que tendremos material para libros que contaran esa guerra que nos tocó enfrentar desde la retaguardia de la vida para sobrevivir, contra el peor enemigo que desbasta la humanidad del siglo XXI.

Llevamos tres meses y faltan otros más, donde superada la pandemia, se tendrá otra gran lucha contra una vida llena de pobreza y hambre.  Las personas diariamente estamos viviendo a un ritmo de acontecimientos cambiantes, por ejemplo, la Semana Santa. Una situación que, para los católicos, pierde el interés si las iglesias no están abiertas celebrando los ritos religiosos. Se tiene que tener otra adaptación a la respuesta de un medio cambiante. Nos hemos perdido de uno en uno a la otra realidad, están desconectados, solo sienten necesidades y anhelos. Estamos viviendo otro mundo que más adelante empezaremos a revivir.

*Poeta y escritor    

Twitter: @bizonteamarill1