Datos virales y la tercera vía

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Por: Javier Quintero R/ En la pasada columna hice un cálculo aritmético tomando los datos disponibles hasta hace dos semanas, datos que cambian diariamente y cada vez nos dan unos remos mas grandes como herramientas para navegar en este océano de incertidumbre.

Proponía entonces, para tratar de estimar el pico de infección en número de habitantes para el país, que tomáramos como indicador el número de casos activos por cada millón tomando como referencia los pocos casos que ya habían alcanzado su pico y los que aparentemente estarían alcanzando el propio. A partir de ese día los contagios de Irán, aumentaron y cuando parecía haber controlado el asunto, la situación cambió diametralmente.

La realidad es que hasta el momento los únicos países que han logrado “aplanar” la curva de casos totales, o lo que es lo mismo, cambiar el signo de la primera derivada de la curva de casos activos, siguen siendo los mismos: China (con datos que muchos dudan) y Corea del Sur. La estimación inicial seguramente se quedó corta y nuestro pico será superior, poniendo el rango estimado de 7.500 a 15.000 como un mínimo, con alto riesgo de ser multiplicado.

Por otro lado, la tasa diaria de crecimiento de contagiados para Colombia muestra una tendencia a la baja y un promedio de los últimos quince días de 15%. Con ese mismo dato, para el día del fin de esta cuarentena, estaríamos bordeando los 5.000 casos. Si después de esta fecha (asumiendo que un relajamiento total o parcial del aislamiento no acelera demasiado el contagio), y el porcentaje de crecimiento diario disminuye un punto porcentual cada tres días, estaríamos llegando a 0% a finales de mayo con algo así como 175.000 casos. 

Dejemos la aritmética a un lado y miremos la política pública. El primer punto es reconocer que el gobierno nacional ha actuado bien en esta difícil situación. Lejos de la perfección, se ha asesorado de los expertos y ha hecho las cosas a buen tiempo. Las preguntas de todos: ¿Qué nos espera? ¿Volver a la normalidad después de tres duras semanas? ¿Tres meses más encerrados como dijo irresponsablemente la alcaldesa de Bogotá?

Todo parece indicar que ni lo uno ni lo otro. El aislamiento funciona para contener el ritmo de propagación, de eso no hay duda; pero ¿logra solo este controlar la epidemia? Tanto las experiencias actuales y pasadas, como los estudios epidemiológicos y los modelos corridos por expertos de distintas disciplinas nos muestran que las cuarentenas no son suficientes, ni tampoco sostenibles.

Estos modelos nos muestran, por ejemplo, el caso del fin de una cuarentena en el que, a menos que una proporción amplia de la población se vuelva inmune, ya sea por una vacuna o por anticuerpos naturales ante una recuperación, las tasas de contagio volverán al mismo nivel que antes del comienzo de la medida.

Un estudio de Wesley Pedgen de Carnegie Mellon University, concluye que “infortunadamente, los esfuerzos extremos de mitigación que terminan (aún gradualmente) reducen el número de muertes solo en un 1%; cuando se levantan las medidas, vemos una epidemia a escala total, ya que ningún individuo de la población ha desarrollado inmunidad al virus.”

Es decir, que ceteris paribus las cuarentenas estarían sirviendo para aplazar las curvas de contagio en el tiempo, pero hacen poco para contenerlo. A la receta habrá que incluirle un testeo amplio y un seguimiento inteligente de los casos, la ampliación de la capacidad hospitalaria para tratar los casos graves y disminuir el número de muertes. Pero hasta aquí vamos en la mitad de la ecuación.

La otra cara de la moneda es el costo económico y social de los famosos “lockdown”. Según un estudio de la Universidad de los Andes publicado el 1º de abril (Nota Macroeconómica Nº 11), “cerca de 9 millones de colombianos devengan sus ingresos de las actividades mas vulnerables a la parálisis” y “la situación empezará a exigir ayudas a más de 2.5 millones de ocupados formales en estos sectores”.

Estos claros mensajes argumentan la insostenibilidad de la cuarentena, tal y como está actualmente. Si siguiéramos el modelo Claudia López, sabiendo desde ahora que la capacidad del Estado para sostener ayudas humanitarias en el tiempo es limitada, sería inevitable la quiebra de miles de empresas llevándose de arrastre una porción gigante del empleo nacional y sumiendo a la población vulnerable en la pobreza extrema, con lo que el hambre causaría más muertes que el propio virus.

El gobierno nacional, como los gobiernos del mundo, está ante una difícil disyuntiva en la que ninguna decisión será sencilla y todas tendrán consecuencias indeseables. Yo me aventuro a decir que, responsablemente, la decisión será la “tercera vía” en la que seguramente nos espera una serie de cuarentenas limitadas en tiempo y en alcance que le permitirán a los ciudadanos generar, durante el modo “ON” de actividad unos ingresos y ahorrar al máximo para el modo “OFF”, mientras se la población se inmuniza paulatinamente (proceso que se aceleraría al masificar una vacuna) y se controla el balance entre la oferta y la demanda de camas para atender a los enfermos.

Seguiremos viendo que pasa.

*Economista, MBA

Twitter: @javierquinteror