La triste realidad

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Por: Holger Díaz Hernández/ “La muerte, los impuestos y las pandemias de gripe son lo único inevitable en la vida”: Allison McGeer, Infectologa Mount Sinaí Hospital.

El mundo cambió desde fines del año pasado y seguramente después del Covid-19 no volveremos a ser los mismos, la paranoia de ser infectado por la enfermedad, que afortunadamente tiene una tasa  relativamente baja de mortalidad, es  cierta, no hay diferencias  de edad, sexo, raza, religión, nivel social o cultural y los pocos estudios que se han hecho hasta ahora tal vez solo distinguen qué quienes tienen grupo sanguíneo O tienen menos posibilidad de padecer la enfermedad, que los que son A y que los mayores de 60 años o las personas con enfermedades cardiometabolicas de base o con patologías que afecten el sistema inmune tienen mayor posibilidad de morir, para el resto de la población el riesgo es casi el mismo.

A través de la historia de la humanidad las hambrunas y las pandemias, en ese orden, han matado más a los humanos que todas las guerras juntas, desde antes de los sumerios, primera civilización conocida, la falta de alimentos por los cambios climáticos han diezmado la población cíclicamente y sumado a las epidemias y pandemias, sus habitantes han disminuido y ha vuelto a crecer a ese ritmo. Las pandemias se han ensañado con nosotros desde tiempos inmemoriales dejándonos claro que, a pesar de estar en la cima de la cadena, no somos inmunes a la enfermedad y la muerte.

Y así como los humanos hemos evolucionado y mutado también lo han hecho los microorganismos, principalmente los virus y las bacterias mutando estos mucho más rápido, siendo cada vez más agresivos en cuanto a su capacidad de infectar.

En el siglo V antes de Cristo la plaga de Atenas mata unas 150.000 personas, la tercera parte de la población de la misma, en el siglo II de nuestra era, la peste Antonina llega al imperio Romano y en 15 años mueren 5 millones de personas, en el año 251 la peste de Cipriano mata entre 3 y 5 millones de personas.

Entre los años 541 y 750 la plaga de Justiniano o peste bubónica afecta el imperio Bizantino pasando además a Europa, Asia y África matando entre 25 y 50 millones de personas, se calcula que pudo ser el 25% de la  población del mundo existente entonces, producida por una bacteria, la Yersinia Pestis siendo las  ratas negras las portadoras y trasmitida por sus pulgas que picaban  al humano, en 1346 llega una segunda oleada de la peste, también conocida como la  peste negra, que cobra 35 millones de víctimas.

En América a la llegada de los invasores europeos trajeron consigo el sarampión, la viruela y las paperas y produjeron más muertes que la persecución a la cual fueron sometidos los nativos.

La primera epidemia de cólera aparece en Europa desde la India entre 1617, entre 1870 y 1875 aparece la primera epidemia de viruela en Europa, la gripe Rusa, pandemia originada allí mata un millón de personas entre 1889 y 1890.

La llamada gripe Española que nació en Kansas (Estados Unidos) es considerada como la primera pandemia que afectó a todos los continentes del mundo, entre 1918 y 1919 en plena I guerra mundial y produce entre 50 y 100 millones de muertes (Influenzavirus A subtipo H1N1); el 5% de la población del mundo.

En 1976 aparece el primer brote epidémico de Ebola en Sudán y Zaire con una mortalidad del 83% de los infectados y desde 1981 el Sida ha matado más de 30 millones de personas.

Las pandemias de SARS, de MERS y el Covid-19 son producidas por un tipo de virus conocido como coronavirus que son virus zoonóticos o sea trasmitidos por los animales. El primer caso de COVID se dio el 17 de noviembre del 2019 en Wuhan provincia de Wubei en China pero es hasta finales de diciembre cuando se reconoce oficialmente su presencia y solo en marzo de 2020 es catalogada como pandemia por la OMS.

El impacto de esta pandemia que por primera vez en la historia ha paralizado al mundo entero, confinando a miles de millones de personas y produciendo una oleada de terror y paranoia, está aún lejos de terminar, países como Italia, Francia y España hoy tienen sus sistemas de salud colapsados y a pesar de los esfuerzos realizados, las demoras en cuanto al cierre de fronteras y la minimización en la prevención de los riesgos han llevado al contagio y muerte de miles de personas por encima del promedio del resto de naciones afectadas.

La importancia del personal asistencial en salud ha sido fundamental en esta crisis, ha puesto además su dosis de contagiados y muertos empezando por el médico, Lí Wenliang que identificó la enfermedad y al cual se le intentó acallar por parte de la burocracia de ese país, China perdió un tiempo valioso que hoy sufre el resto del universo.

Los médicos, enfermeras, bacteriólogos, camilleros, conductores de ambulancia y el resto de personal de salud se han convertido en héroes modernos, son los únicos obligados a trabajar 24 horas al día, con un nivel de riesgo mucho más alto que el resto de población, para ellos y para sus familias y con gran frecuencia sin los mínimos elementos de protección necesarios. El personal sanitario en el mundo ha sido clave no solo en el manejo de los posibles infectados o con los pacientes positivos para coronavirus sino que además hoy es reconocido como nunca antes por la cuota de sacrificio que ha asumido sabiendo que lo que viene muy posiblemente será más grave que lo hemos vivido hasta el día de hoy.

De acuerdo al decreto de emergencia 417 del gobierno de Colombia la tasa de contagio nuestra sería de 2,68 y de los 4 millones de potenciales infectados, unos 187.000 (el 4.7%), necesitarían Unidades de Cuidados Intensivos y en el país solo tenemos en total unas 5.300 cubículos para tratar a todos los pacientes, las cuales ya están totalmente ocupadas por  personas con otras enfermedades graves, de acuerdo a estas cifras y según las estadísticas oficiales, estaríamos ante una posible catástrofe sanitaria, eso nos obliga aún más a ser responsables y cumplir al pie de la letra los lineamientos de las políticas de gobierno .

La obligación de confinamiento total de la población disminuirá sin duda el número de contagiados, pero muchas han sido las decisiones tardías, lo que ha provocado un impacto grave en la salud y vida de las personas,  no solo por la afectación del virus, sino además  por los problemas de salud mental, patologías como la ansiedad, la depresión y el agravamiento de otras muchas, que tendrán que ser controladas en los próximos meses y años, la violencia intrafamiliar crecerá por el contacto estrecho y la cuarentena en casa obligatoria; en la economía estamos ad portas de una recesión mundial y los millones de asalariados e informales no tendrán ninguna fuente de ingreso en los próximos meses, produciendo una crisis social sin precedentes.

Lo que está por pasar es impredecible, ya nunca seremos iguales, estamos viviendo un momento único en la historia humana, es la oportunidad de virar hacia lo realmente importante, recuperar los valores que hemos perdido, la solidaridad con los demás, hacia la familia, los amigos, hacia Dios del cual nos hemos olvidado o alejado.

No importa quién eres, cuanto tienes, donde vives, todos somos iguales ante la pandemia, se calcula qué hay 1.5 millones de virus y solo tenemos identificados unos 3.000, estamos en la era del Covid-19 pero dentro de muy poco será otro u otros virus o bacterias los que nos quiten el sueño y la tranquilidad, por eso es obligatorio invertir recursos billonarios en investigación para lograr avanzar mucho más en la consecución rápida de vacunas y medicamentos antivirales.

Debemos aprender de nuestra realidad y ser absolutamente responsables con nosotros y con el resto de la población, el papel de los dirigentes del mundo será lograr que en medio de la crisis no se pierda la esperanza y se direccionen los recursos necesarios para lograr que los más pobres tengan acceso a los alimentos y a un ingreso básico para salir adelante.

Debería ser un compromiso que cada uno de nosotros adoptara así fuese parcialmente, a una de las miles de familias que se quedarán sin empleo o sin ingreso.

Nuestro reto es servir a los demás, no podemos ser inferiores a él.