El alcalde ausente

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Por: Ronald Picón Sarmiento/ En tiempos de crisis se destapan las realidades campantes que en otrora y mejores épocas ni espabilando bien los ojos uno puede llegar si quiera a notar.

Sin embargo, en momentos de dificultad y gran presión se descubre la esencia y verdad de las cosas, en otras palabras, se sabe realmente quien es quien y de que esta hecho cada uno.

Con esta premisa como base de nuestra atestación argumentativa, abordamos la desafortunada situación que está atravesando nuestro departamento y particularmente la ciudad bonita con la crisis sanitaria generada por el coronavirus o el famoso Covid–19, letal germen que ha obligado a toda nuestra sociedad a enclaustrarse como medida preventiva de propagación de este mortal elemento quien sin sonrojo alguno ha sacudido los resquicios más íntimos de nuestras sórdidas almas que hasta hace pocos días solo se interesaban en ver como triunfar sin crear conciencia de la necesidad de proteger no solo a nuestro planeta sino también a nuestro prójimo, pero bueno, acá estamos, nos asomamos temerosos a los balcones y puertas de nuestras casas temiendo ser víctimas del contagio pandémico publicitado actualmente.

Ahora bien, sin precedentes para nuestras generaciones actuales, hemos visto como se ha paralizado casi absolutamente todo, incluido el sistema de justicia, el sistema carcelario, que por demás sufrió graves y justificadas revueltas que nos dejaron muchas interrogantes por cierto sobre qué está pasando con los controles de armas, tecnología y otras muchas cosas más que por lo observado en noticias y redes sociales pareciera no existiera por parte del Inpec, cosa que será tema de otra de nuestras columnas de opinión.

También se paralizó la administración municipal, las actividades deportivas, los conciertos, los escenarios teatrales, los cines, los centros comerciales y en fin muchas de nuestras habituales y rutinarias actividades se han visto mermadas o totalmente cercenadas por cuenta de este contagio mortal salido casi de película apocalíptica.

Bien dice la sagrada escritura que al hombre sus miedos lo alcanzan y por años hemos venido temiendo lo que hoy se ha hecho realidad, somos víctimas de nuestros propios inventos, estamos recibiendo el fruto de nuestras propias miserias y no solo merecemos lo que nos está aconteciendo sino que lo necesitábamos para ver si con este tipo de contingencias reflexionamos sobre lo que realmente importa en una sociedad, a ver si dejamos tanta pendejada y retornamos con humildad y vergüenza a nuestros valores y principios humanos, orilla de la que hace mucho tiempo y sin reparo habíamos zarpado y que este enemigo silente e invisible hoy nos lo recuerda.

A todo esto del coronavirus y sus consecuencias algunos le llaman karma, otros simplemente entienden la vida como un proceso cíclico en donde recoges lo que siembras, alguien más vulgar -y con respeto a mis lectores y solo para efectos didácticos lo cito- diría “cagas lo comes”, verdades de a puño que nos explotan en la cara cuando nos tenemos que afrontar a la realidad que por ahí por nuestras calles campea un virus que viene de China y este desgraciado sí parece ser de buena calidad y cumple con su mortal cometido.

Cosa que nos arroja a la siguiente y última reflexión, y es ¿qué ha pasado con la dirección política y administrativa de Bucaramanga? todo el mundo se pregunta en donde está el alcalde, qué se hizo, qué directrices está coordinando para nuestra capital, cuáles planes ha implementado, qué beneficios para los más desfavorecidos ha gestionado, en donde está el plan de contingencia en medio de la crisis, estas y muchas preguntas mas no solo hacen despertar el pánico entre quienes habitamos estas desoladas calles citadinas sino también la vergüenza de saber que no tenemos en la práctica y cuando más lo necesitamos un verdadero gobernante que nos oriente al menos a la calma.

Criticamos a Duque con justa causa pero pena debería darnos el “caciquito” que nos impusieron las mayorías ebrias y atestadas de falaces promesas que se vieron frustradas cuando se tomó la medida del pico y placa ambiental pensada en el sector privilegiado de los transportadores de la ciudad, decisión que de bulto defraudó a los electores de la Liga quienes alentados por el ‘rodolfismo’ eligieron a Juan Carlos Cárdenas, alcalde que pasará a la historia con el mote de “el ausente”.

Pero eso está bien que nos suceda, merecido lo tenemos los bumangueses por actuar muchas veces como borregos que se dejan llevar por estratagemas de argentinos hábiles que diseñaron las estrategias políticas y mediáticas de los que hoy ostentan el poder local, hoy en medio de la crisis nos arrepentimos de nuestras pasadas conductas y actitudes, esperemos no repetir los errores del pasado y ojalá, ruego al Creador, no nos de amnesia social y mucho menos política. 

Es este tiempo de crisis y viendo la realidad de nuestro gobierno local debemos no solo ponernos el tapabocas, sino lavarnos bien las manos para que no repetir en urnas los errores del pasado, porque esta pandemia sin bien es despreciable nos ayudó a desentrañar quienes nos gobiernan en realidad.

*Abogado, Especialista en Derecho Penal, Especialista en Derecho Procesal Penal y Magister en Derecho Penal y Procesal Penal.

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