Al parecer, en Colombia la muerte es inevitable

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Por: Lenin Ernesto Pabón/ “Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos sin sonido, el corazón pasando un túnel oscuro, oscuro, oscuro, como un naufragio hacia adentro nos morimos, como ahogarnos en el corazón, como irnos cayendo desde la piel del alma”: Pablo Neruda.

Esta mañana murió John Henry Flórez Oses, de 30 años de edad, un extraño para muchos y quizás no nos importe, “tal vez lo merecía” se escuchará a lo lejos; “uno menos” murmurarán otros; murió por causas sin establecer, murió porque, quizás la muerte selecciona gente sin oportunidades, sin la posibilidad de estudiar y la delincuencia los seduce, los atrapa y mueren en vida, mueren doblemente.

En Colombia muere gente todos los santos días, los motivos son múltiples y las noticias son escandalosas, ¿quién responde? 

“Hay cadáveres, hay pies de pegajosa losa fría, hay la muerte en los huesos, como un sonido puro, como un ladrido de perro, saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas, creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia”: Pablo Neruda.

En el colectivo imaginario del pueblo colombiano ya nada nos sorprende, convivimos con la muerte como cualquier vecino, como cualquier compañero de trabajo y así, deambulamos como zombis, como seres prefabricados, hay un individualismo arraigado, hay un miedo inducido, pareciera que la esperanza se desvanece entre el importaculismo y la impotencia.

¿Tenemos acaso alguna responsabilidad como sociedad? Claro que la tenemos, somos responsables de nuestro propio destino y con semejante deber, tenemos la obligación de votar a conciencia, tenemos la obligación de exigir que los entes de control ayuden a construir una mejor sociedad, que una entidad como el Consejo Nacional Electoral sea reestructurado en aras de la transparencia junto con la Registraduría Nacional del Estado Civil.

Siguiendo con nuestra responsabilidad y deberes como hijos de Dios, tenemos la obligación de leer antes de opinar, de no ser fanáticos religiosos o políticos, de hacer un análisis crítico sobre lo que la gran prensa y las redes sociales informan y no tragar entero como los piscos de mi abuelo Cristóbal Rodríguez (QEPD), debemos ser críticos hasta con nuestra propia conciencia.

“Yo veo, solo, a veces, ataúdes a vela, zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas, con panaderos blancos como ángeles, con niñas pensativas casadas con notarios, ataúdes subiendo el río vertical de los muertos, el río morado, hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte, hinchadas por el sonido silencioso de la muerte”: Pablo Neruda.

Quise hacer una columna diferente, compartiendo un poema del gran Pablo Neruda, lo hice entre líneas para darle una reflexión literaria al lector sobre la muerte, espero les guste y me dejen algún comentario u opinión, el poema se llama “Sólo la muerte”.

Para terminar, les pido de corazón que no seamos indiferentes ante la muerte, ante la corrupción que día a día destruye el futuro cercano, la muerte que se alimenta de corrupción y la corrupción que se nutre de muerte.

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