Instrucciones para tomar Transmilenio

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Por: Juan David Almeyda Sarmiento/ En anteriores días Enrique Peñalosa se reunió con Juan Carlos Cárdenas, actual alcalde de Bucaramanga, para discutir sobre los retos que debe afrontar la ciudad en temas de movilidad (un tema “nuevo” que solamente lleva puesto sobre la mesa desde la administración de Fernando Vargas). Moverse utilizando el transporte público en Bucaramanga requiere de un ser humano dispuesto a afrontar los retos físicos y mentales que el tercer mundo puede ofrecer. En materia de movilidad la ciudad se ha convertido en una bola de nieve que ya comienza a mostrar efectos destructivos.

Hay que decirlo de forma clara, Transmilenio es un sistema de transporte condenado al fracaso. En sus inicios, quizá de forma inocente, se pensó que un sistema de buses así respondería a la demanda que la ciudad requería (y llegaría a necesitar), sobra decir que el crecimiento de la ciudad en la última década fue abismal, lo cual permite afirmar lo que sigue: Bucaramanga no tiene lugar para dónde expandirse (ejemplo de esto también es El Carrasco).

Mirando hacia atrás es posible sacar una conclusión, se fue víctima de falta de creatividad, no se pensó que una ciudad como esta en algún punto de su evolución tuviese que pensarse a sí misma en relación con el planeta Tierra, es decir, poco se pensó que la ciudad en algún punto tuviera que preocuparse por la producción de contaminación que genera.

Por lo tanto, es meritorio pensar, ahora sí, formas de entender la ciudad que mantengan la relación con la Tierra en sus mejores términos (contrario a ciudades como Medellín y Bogotá). La base de lo que quiero defender se sustenta en la necesidad de aprovechar el estado preventivo que tiene la ciudad para no cometer los errores del pasado, es una invitación a ser creativos. De modo, que es una mala señal la presencia de Peñalosa, la cual solamente inaugura la continuidad de las soluciones preestablecidas.

Transmilenio debe pensar no cómo mantenerse sino por qué cosa se va a cambiar. Sí, se debe aceptar que este sistema de transporte, por su falta de proyección, resultó siendo costoso, ineficiente, poco preparado y, aun así, operante, a saber, funcionó en la corta proyección en la que inicialmente fue concebido. Fue un gasto que se hizo y que requiero del sudor de muchos, pero que está condenado a ser reemplazado en los próximos años, no solo por su descontinuada tecnología, que no es más que la manifestación física de la incompetencia administrativa, sino por su insostenibilidad económica.

El reto que viene es el de ser creativos y romper lo limitante de lo predeterminado. Bajo la excusa de que esta ciudad no es terreno para otro medio de transporte masivo que no sean los buses se condena a la Tierra y por extensión, a la ciudadanía a una existencia rodeada por enfermedad y contaminación. Recurrir al pensamiento es un ejercicio difícil, pero vale la pena intentarlo. La ciudad debe pensarse a sí misma en relación con cómo se mueve uno dentro de ella, y más allá de esto, cómo se mueve uno dentro del Área Metropolitana. Pensar formas alternas para existir dentro de una ciudad implica un compromiso con alto grado de ética y profesionalismo, elementos que no estuvieron presentes en ninguna de las dos administraciones de Peñalosa, ¿puede Cárdenas estar a la altura?

Una respuesta inmediata, y que me atrevo a lanzar al futuro, es que no. En un país que tiene por tendencia las marionetas, el actual alcalde de Bucaramanga no parece estar fuera de moda. Es meritorio decir que él fue la mejor de las posibilidades en las pasadas elecciones, pero eso no implica que se deba ser condescendiente, si existe algo que apeste a conservadurismo de derecha vestido de amigo del pueblo es ese espectro que se levanta llamado “rodolfismo”. Este último no es más que mismidad disfrazada de diferencia.

Twitter: @JDavid_AlmeydaS

Correo: juanalmeyda96@gmail.com