Cambiamos de políticos, pero no la política

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Por: Fredy Garzón/ Con gran esperanza en Bucaramanga pensamos que al cambiar los políticos la política cambiaría, 141.768 ciudadanos votaron masivamente por Juan Carlos Cárdenas para la alcaldía municipal, es decir el 48,36% de la votación total; el concejo municipal se renovó en un 85%, algo inimaginable en las elecciones locales, donde la prepotencia de los políticos de antaño y partidos tradicionales tenían secuestrada la participación política.

Solo faltó que se posesionaran el nuevo mandatario local y sus concejales para retroceder a lo que nunca la ciudad pensó regresar, aquellos candidatos que en campaña se rasgaban las vestiduras y tomaron como plataforma política las redes sociales (Memes UIS, OTB, Lo que pasa en Bucaramanga, entre otras) para advertir que iban a ajuiciar la política, a eliminar de raíz la corrupción, a no robar, no mentir y no traicionar; extraviaron su discurso y sus credenciales las valorizaron aún coste más alto que el de sus mismos antecesores.

Para la muestra un botón: el concejal Carlos Parra del inmaculado Partido Verde, una cosa era en campaña y otra muy distinta es ahora como concejal, como candidato expresaba, “Los concejales no tienen por qué buscarle trabajo a nadie, si lo hacen es a costa de su independencia, de su voz que es lo más valioso. Hasta que no cambiemos esa cultura podremos cambiar de políticos, pero no la política”.

Tenía razón el actual concejal, cambiamos de políticos pero no la política, uno de sus camaradas quien lo acompañó en la actividad proselitista hoy será nombrado Director de Tránsito de Bucaramanga; Omar Alejandro Alvarado Bedoya, columnista de Vanguardia Liberal y de la Silla Vacía que combinaba hábilmente su actividad de opinión con los considerables recursos que facturaba con la administración municipal de Bucaramanga ($139.733.333); sin contar su última contratación con el IMCT por valor de $45.000.000, asesorando y apoyando la elaboración e implementación del guion museográfico de la “Casa Galán” que en la actualidad sigue en ruinas en la calle 36 con carrera 25 y sin ningún contenido museográfico.

Su paso por la Cámara de Comercio solo fue de tres meses en al año 2016 y es falso lo que afirma en algunos medios locales: “Durante tres años me encargué del programa de trasparencia y lucha contra la corrupción…”; la cuota burocrática del concejal Carlos Parra es mitómano y cínico de profesión, al igual que quien lo recomienda, simplemente fue contratista asesorando víctimas, apoyando un plan zonal en el norte de la ciudad y casas de justicia; lo que si es cierto es que tuvo que hacer un curso online y exprés porque el manual de funciones de la Dirección de Transito lo exige como requisito mínimo.  

Cambiamos de políticos, pero no la política y todo bajo la mirada permisiva y el silencio cómplice de la Alta Comisionada para la Transparencia, María Juliana Acebedo, que en otros tiempos con su acertada pluma opinaba y señalaba con el dedo inquisidor desde sus columnas de opinión y su veeduría en Transparencia por Santander, ¿para que un cargo de esos, si desde ya no cumple su función?

Muy similar al joven Manolo quien recibió lo que tanto añoraba ser, pero con la complicidad de cargar en sus hombros la trasgresión a sus principios por conocer de Vitalogic y no denunciarlo ante las autoridades competentes al igual que su tío el exsecretario que van a imputar prontamente en Fiscalía.

Manolo también faltó a la ética cuando conoció e hizo parte de las grabaciones clandestinas en el despacho del exalcalde suspendido, de facilitar el amarre del contrato de semaforización de Rodrigo Fernández y la destrucción de los cerros orientales para satisfacer el apetito voraz del constructor que antes incriminaba. 

Próxima columna: Las Cooperativas y los Seguros de La Liga.

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