Un desafío para la justicia: atrapar falsos “influencers”

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Por: John Anderson Bello Ayala/ Estamos ante un mundo en el que lo digital es la norma, en donde el contenido y el marketing de influencia se ha convertido en una tendencia clave. Colombia, es uno de los países en los que el fenómeno ‘influencer’ ha impactado con mayor fuerza.

Los influenciadores colombianos se han caracterizado por trabajar con grandes marcas, tanto nacionales como internacionales, especialmente a través de plataformas digitales como Youtube e Instagram.

La oportunidad única de dirigirse a audiencias focalizadas, ha fomentado la contratación de ‘influencers’ con el fin de convertirlos en la imagen de campañas publicitarias o de cierto tipo de productos. Este fenómeno incluso ha llevado a que las agencias de publicidad deban replantear sus estrategias y así ofrecer a las marcas soluciones publicitarias centradas en los influenciadores colombianos.

Pero el fenómeno de influenciadores colombianos no ha quedado únicamente relegado a la moda, sino también a los estilos de vida, a la música y a la comedia.

La influencia digital es una oportunidad para que personas de la cotidianidad o los personajes públicos que quieran desarrollar una idea en colectivo, o deseen expresar una opinión puedan atraer a un público que piense o quiera lo mismo.

Así fue como Guillermo Arturo Prieto La Rotta, más conocido como ‘Pirry’, se convirtió, según estudios realizados en el año 2018, como uno de los primeros influenciadores, más importantes en Colombia, con su canal ‘Pirry Sin Censura’, en el cual opina sobre los temas más densos de la política colombiana.

Este personaje, caracterizado por sus viajes, aventuras y la espontaneidad con la que habla sobre los hechos que indignan al país, permite que miles de sus seguidores disfruten de sus tonos coloridos y pintorescos de una realidad sin tapujos.

Según los jóvenes colombianos consultados en el respectivo estudio, arrojó para que una persona sea considerada como influyente o influencer debe cumplir con ciertas características: “1. Sea inteligente, 2. Ayude a la sociedad, 3. Sea una persona honesta, 4. Publique contenido de interés, 5. Sea sencillo, 6. Inspire a los demás, 7. Tenga carisma/ personalidad, 8. Sea alguien auténtico y original”.

Precisamente, la personalidad auténtica e irreverente juega un rol importante en su nivel de influencia. De acuerdo con los resultados del estudio, el 52% de los jóvenes consultados aseguran que sienten más cercanas a las personalidades influyentes de Internet porque son más auténticas y es posible conocer su vida real.

De igual forma, el 38% de los jóvenes aseguraron que no les afecta que estos influencers digitales a veces sean irreverentes y hasta irrespetuosos porque sienten que son más auténticos y reales.

La pregunta que nos hacemos, ¿será que esa autenticidad en la personalidad, puede traspasar los límites de la legalidad?, como en el reciente caso de la influencer “Epa Colombia”, quien a raíz de las manifestaciones del paro nacional del 21 de octubre, protagonizó los titulares más polémicos contra el gobierno de Duque, después de destrozar a martillazos la infraestructura de una de las paradas del Transmilenio de Bogotá, en un acto vandálico y esconderse, en un intento de esquivar las posibles represalias de la Fiscalía General.

La joven, bautizada como Daneidy Barrera Rojas, ha sido uno de los hechos de más atención mediática, que ha ocupado los titulares de los medios informativos; y no solo por su relevancia pública, también porque los hechos delictivos salpican a todos ciudadanos que utilizan el transporte masivo, como medio de movilización a cada uno de sus trabajos.

A los que llamamos sus seguidores, ¿será que estos actos vandálicos, permiten equiparse a una persona auténtica influyente en la red social, que sea catalogada como una figura pública a seguir por su contenido?; ¿será que sus aportes ayudan a construir una sociedad más decente y honesta?, es uno de los grandes interrogantes que hoy debe resolver nuestras autoridades judiciales; no es aprehensible que estas figuras públicas, utilicen la red social, para tergiversar el verdadero  sentido de un influencers, no podemos permitir que se deslegitime el orden y tranquilidad social, por estos actos populistas que afectan los bienes de uso público y porque no, a nuestro mismo peculio.

Su regulación es un reto para la Superintendencia de industria y Comercio (SIC), para que ponga en cintura aquellos influencers falsos, que adoptan campañas incitando al odio, o la publicidad de productos que puedan generar un daño en la salud, o simplemente “unas reglas de comunidad”.

Correo: john5_1@hotmail.com

Facebook: John Anderson Bello