La ‘antipolítica’ es la aplanadora de Rodolfo

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Por: Gustavo Herrera Acelas/ ¿Qué fue lo que pasó en las elecciones territoriales en Bucaramanga? ¿Cuál fue la razón de la aplanadora electoral del ingeniero alcalde y los concejales nuevos electos?

Para empezar, que ninguno de ellos se inscribió como candidato en un partido tradicional. Muy por el contrario, optaron por olvidar las banderas rojas y azules y teñirse de colores poco tradicionales en la política colombiana, como el blanco, el amarillo y el verde. Todo indica que el signo de los tiempos es la ‘antipolítica’. Entre más hable mal el candidato de los políticos y se comporte diferente es el llamado a ser elegido.  

El ciudadano de hoy está más informado y tiene acceso directo a las redes sociales y medios de comunicación que compiten por difundir el escándalo del momento. Escándalos en los que, por lo general están vinculados hombres públicos. Eso ha desprestigiado la política y ha hecho que la gente no quiera saber nada de políticos o política.

Esa es la razón por la cual, hoy, más que nunca, los nuevos políticos deben hacer cosas que la gente se emocione, que su corazón se acelere que su inteligencia se seduzca y que sus esperanzas se sientan identificadas con lo que está gritando el nuevo político. Sólo así la gente votará por ellos. casos como el alcalde electo de Medellín y Bucaramanga son prueba de ello.

El mundo entero está pues lleno de ejemplos, unos más exitosos que otros, la mayoría a manos de los medios de comunicación y las redes sociales, hoy no son los parlamentos, los concejales o diputados los que ejercen el control social y político al gobierno y los entes territoriales en todo su orden, sino los medios y las redes sociales. No son los partidos y sus jefes los que crean opinión, sino el Facebook, Instagram, Twitter, Grupos de WhatsApp, etc. No son los políticos quienes representan a sus electores, sino las redes y los medios los que representan a su público.

Pero no para ahí el poder de los medios y las redes, pues aparte de dejar sin oficio a los políticos tradicionales, los periódicos, revistas y noticieros tradicionales son quienes crean nuevos líderes a punta de videos y fotos virales.

¿Hasta dónde puede llegar este proceso? En Colombia, por ahora, el fenómeno se ha extendido a nivel de alcaldías, concejos y gobernaciones, es decir, de dirigentes locales y regionales. ¿Cuánto falta para que alcance el nivel presidencial? Quizás no mucho. Al menos eso parecerían indicar las condiciones de algunos de los integrantes del abanico que empieza a abrirse para las elecciones presidenciales de 2021 el Ingeniero Rodolfo Hernández ya le apunta a eso y es su mayor exponente.

El fenómeno de la ‘antipolítica’ puede entusiasmar a muchos hoy en día, cuando el revanchismo contra los dirigentes tradicionales está en su punto más alto, Pero no por ser ave de mal agüero nada garantiza que esto sea bueno para un país.

«En Colombia y en el mundo hemos llegado al extremo de que la gente prefiere que no la gobiernen los políticos, pero esto no necesariamente es positivo, cuando se le daña una mesa se busca al carpintero y cuando se está enfermo se acude al médico, pues al fin y al cabo los que fracasaron no fueron todos los políticos, sino sólo los incapaces y deshonestos».

No quiero que lo tomen a mal, pero hay que ser realistas, hay algo de aventura y riesgo en elegir personas carentes de experiencia política y hasta administrativa, más cuando por omisión o extralimitación de funciones públicas ya tiene un pie en la cárcel o de ser inhabilitado en sus funciones, además, hay tantas posibilidades de que un político tradicional resulte deshonesto o incapaz, como de que esto suceda con un líder nuevo.

Pero la realidad es que en Colombia y en muchos otros países, la gente ya se cansó de darle oportunidades a los políticos tradicionales y cree que ha llegado la hora de brindárselas a figuras diferentes, incluso si poco o nada se sabe de sus propuestas y verdaderas capacidades.

Hay una vieja anécdota que se le atribuye al presidente Miguel Antonio Caro, y que bien podría servir para explicar lo que está pasando. Un amigo de Caro que solía escribir versos, llegó una vez a su despacho a pedirle consejo. «Presidente -le dijo-, me han ofrecido en una revista literaria la oportunidad de publicar uno de mis poemas, pero no sé cuál de estos dos escoger». Caro leyó el primero y sin dudarlo dos veces le contestó: «Publique el otro».

Eso es justamente lo que parecen dispuestos a hacer millones de electores en Colombia: escoger lo desconocido porque lo conocido definitivamente no les gustó.
Algunos países ya han llevado a sus antipolíticos al poder, con resultados encontrados. Los casos de Collor de Mello en Brasil, Fujimori en Perú y Berlusconi en Italia son algunos ejemplos de lo que, guardadas proporciones, son lo malo, lo bueno y lo feo de la ‘antipolítica’.

Mockus, el símbolo

El sentimiento antipolítico había aflorado por primera vez a nivel de alcaldías cuando el país estrenó en 1988 la elección popular de los gobernantes municipales. En aquel entonces, cerca de 120 de las más de 1.000 alcaldías del país quedaron en manos de movimientos cívicos relativamente ajenos a los partidos. Ello sucedió sobre todo en municipios intermedios y pequeños. Los ‘antipolíticos’ gozan de la simpatía de gran parte del electorado.

No percibimos en ellos al representante de una ideología, sino una personalidad carismática. Por eso, según un experto, “su poder se basa en mantener la atención”, y tienden a caer cuando no logran acaparar las miradas. “Gozan de grandes simpatías, pero muy volátiles”, concluye.

“buscan relevancia política y sencillamente la consiguen; es un negocio común entre el mal político y el mal medio”.

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