Por la juventud, ¡yo marcho!

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Por: Diego Ruiz Thorrens/ Si usted es una de aquellas personas que sale con el cuento de “no marcho, yo produzco”, sólo tengo por decirle: “hermana(o), siento pena y hasta vergüenza por usted”.

Me explico: para nadie es secreto que las relaciones entre el gobierno nacional y el pueblo colombiano van de mal en peor. Esto, gracias a una simple dicotomía: el presidente Duque balbucea palabras que son contradichas, constantemente y a toda hora, por las acciones de sus ministros y de su gabinete en pleno. Hasta el mismo Duque contradice a Duque.

Su mentira más grande, la joya de la corona (y última de toda una serie de mentiras), tiene que ver con la polémica generada ante el posible aumento de edad para alcanzar la pensión. Mientras el joven presidente Duque manifiesta e insiste que su gobierno no aumentará el tope de edad, los medios de comunicación le recuerdan que fue el mismo ministro Carrasquilla quien afirmó la “necesaria” transformación del sistema de pensiones (según él, respaldado por el Gobierno) afectando impunemente la posibilidad de lograr una pensión digna a todas las futuras generaciones.

La OCDE fue mucho más lejos en esta afirmación: no sólo sugiere aumentar los años. También, “aconseja” aumentar las semanas de cotización. El gobierno nacional conoce bien estas recomendaciones. Por eso, al negar que no subirá la edad, mienten, flagrantemente.

A lo anterior se adhiere el nefasto proyecto sobre “pago por horas de trabajo laborado”, planteado por el senador y expresidente de la república Álvaro Uribe.

El asunto no es minúsculo y la propuesta viene ganando más y más detractores. Alberto Castilla, Senador del Polo Democrático, manifestó así su rotundo rechazo:

“Si usted va a cotizar por horas, dígame cuántas se necesita trabajar para tener una pensión, aquí no nos podemos llamar a engaños, la reforma pensional se viene dando de a goticas. Si un hombre tiene que trabajar hasta los 62 años y 1.300 semanas y una mujer 57 años, pagando por horas una cotización a pensión, necesitaría muchos más años para pensionarse”.

Y esto no es todo. Este gobierno ha logrado superar todos y cada uno de los aspectos que alguna vez, ferozmente, criticaron del gobierno del expresidente Santos: el más grande, la famosa mermelada. Duque no ha dudado ni se ha sonrojado en embadurnarse y embadurnar de la misma a los suyos para darles contratos. El último ejemplo, nefasto, brutal y descarado, ha sido el contrato por $468 millones de Juan Pablo Bieri, exgerente RTVC, con la Presidencia. Recordemos que Bieri se hizo tristemente famoso gracias a las polémicas pruebas de censura al programa Los Puros Criollos y a Santiago Rivas, su presentador.

Pero quizá, lo más duro, ha sido la habilidad del presidente para mentirle de frente al país. Constantemente. Todo el tiempo.

Desde la falacia de no aumentar impuestos y generar mayor empleo, hasta los últimos escándalos que involucran a fuerzas militares (FFMM) con el asesinato, bombardeo y posible desmembramiento de menores de edad reclutados por la guerrilla, el gobierno nacional pareciera esforzarse en romper y violar impunemente cada uno de los protocolos existentes en derechos humanos, suscritos internacionalmente por nuestro país.

Por ello cuando expreso “por la juventud, ¡yo marcho!” lo digo no sólo como un grito de alguien que está desesperado al encontrar cómo la violencia que viven los niños y jóvenes que son reclutados y forzados, los obliga a participar de una guerra que nunca debieron heredar. También es un grito al observar cómo la vida y los sueños de miles de jóvenes de nuestro país nunca serán porque siempre necesitarán de “producir” o de “trabajar, trabajar y trabajar” para los demás, favoreciendo particularmente al sector privado.

¿De qué sueños hablo? De los sueños de miles de jóvenes que buscan profesionalizarse, y que, para lograrlo, deben vender sus almas a fondos privados de educación que posteriormente los sumergirán en imposibles deudas que al final los transformarán en esclavos de estos mismos fondos.

Hablo de aquellos jóvenes de escasos recursos que apuestan a estudiar carreras técnicas o tecnológicas, pero que, a falta de demanda laboral, harán derrumbar sus sueños de salir adelante, entregándolos a la informalidad o al rebusque y viviendo la frustración de nunca alcanzar lo que nuestros padres o abuelos consiguieron con toda una vida de trabajo. (¿Alguien aún recuerda las prestaciones económicas que brindaban algunas de las empresas sociales del estado como el HUS, o de empresas de telecomunicaciones como Telecom, o de la salud como los Seguros Sociales, o Ferrocarriles de Colombia, solo por mencionar?

Ahora, mi miedo aumenta gracias a las ya registradas y violentas intervenciones de las FFMM con el beneplácito del gobierno nacional para mermar el impacto de los marchantes del próximo 21 de noviembre. Las marchas no han iniciado, pero gracias a las redes sociales, podemos encontrar cómo será la antesala de represión y violencia, dónde policía y fuerzas militares manifestarán que estarán patrullando para evitar desmanes y posibles actos “terroristas”. Los registros gráficos y en vídeo que en los últimos días vienen apareciendo demuestran que será todo lo contrario.

Y a todo lo anterior, se suman también las amenazas que docentes, líderes sociales, sindicalistas, líderes juveniles y otros actores sociales han recibido en los últimos días en distintas zonas del país, todos por parte de grupos paramilitares.

Por ello, es necesario preguntarnos: ¿A qué le teme el gobierno nacional?

Ya que no caíamos en el castrochavismo, que no llegamos a convertirnos en la “otra” Venezuela (aunque en muchas zonas periféricas de nuestra bella tierra, incluso en Santander, la pobreza ha golpeado indescriptiblemente a sus pobladores), el gobierno nacional se encarga de impulsar (para mantenerse en el tablero de juego) por medio de la doctrina del miedo, la supuesta amenaza de un “socialismo del siglo 21” o del “foro de sao paulo”, movimientos “ideológicos” que mencionan hasta el cansancio y que supuestamente buscan “desestabilizar al país”. ¿Qué otras mentiras necesitarán vendernos para mantener al colombiano de a pie ciego e ignorante?

Por ello, por el futuro de nuestro país y por todos nuestros jóvenes, en Santander y en toda la nación, es hora de decir: ¡Despierta, Colombia!

Twitter: @Diego10T