Hoy y mañana de Colombia después del paro

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Por: José Luis Arias Rey/ Transcurrida más de una semana del paro convocado por diversos sectores de la vida nacional, considero que hay varias observaciones que habría que hacer al mismo.

En primera medida se hace necesario analizar el comportamiento de los manifestantes durante dicha jornada. En términos generales puede decirse que los participantes tuvieron un comportamiento acorde con el ejercicio de dicho derecho constitucional, marcharon, manifestaron sus inconformidades, ciertas o no, fundadas o no, eso ameritaría de otro análisis que no es el objeto de esta columna.

A pesar de ese buen comportamiento de la ciudadanía inconforme, en las postrimerías de esa jornada democrática, los vándalos empezaron a hacer de las suyas, en ciudades como Bogotá, Cali y la misma Bucaramanga, donde se vivieron momentos de verdadero caos, que para nada contribuyen al buen funcionamiento del aparato productivo del país.

Merece especial mención el lamentable hecho de la muerte del estudiante Dylan Cruz, a manos de un miembro del Esmad en Bogotá, que haciendo uso de un arma convencional, operada, según los primeros informes, de manera inadecuada, trajo como consecuencia la herida y el posterior deceso de ese ciudadano, este hecho, como era de esperarse, terminó convirtiéndose en el florero de Llorente que las hordas desestabilizadoras, estaban esperando para sembrar mas caos y mas división en la opinión pública colombiana.

Causa en verdad sorpresa, la actitud de la familia de la victima, cuya hermana, en una intervención por demás muy sensata, llamó a la cordura y la concordia del pueblo colombiano, mientras otros actores de esa jornada, como Gustavo Petro, entre otros muchos mas, capitalizaban políticamente ese hecho en procura de lograr en las calles, aquello que las urnas le negaran en su campaña fallida a la Presidencia de la Republica.

Resulta innegable el efecto negativo que dicho hecho trae para un gobierno que pretende reconstruir su relación con sus administrados, pero es también innegable, el oportunismo que algunos sectores políticos opositores, han mostrado en este hecho que enlútese a la nación.

Desde lo jurídico, se hace necesario dejar en claro, que el establecimiento deberá responder patrimonialmente por ese hecho, de resultar probado el actuar erróneo del agente estatal y éste, deberá responder por su conducta ante la justicia, la cual tendrá que determinar el grado de responsabilidad y de intención en su actuar, un actuar que no puede ser endilgado a toda la fuerza, como pretenden los atizadores, sino solo a uno de sus miembros.

La historia de la humanidad esta plagada de hechos infortunados como este, pero su ocurrencia no puede ser utilizada como instrumento de satanización de la fuerza pública, una fuerza desde sus inicios comprometida con la salvaguarda de la República, de sus instituciones y de los derechos de sus ciudadanos, no podemos convertir en criminales a todos sus miembros, ni mucho menos proponer el desmantelamiento del grupo de choque que garantiza la vida, bienes y honra de la nación colombiana, como ultima facie de contención del Estado frente a la violencia que se le pretende imponer.

La nación se hace la de la vista gorda ante la instigación propuesta por algunos miembros de la vida política nacional, convocar niños de colegio, estudiantes universitarios y hasta las barras bravas de los equipos de fútbol, tenia una intención clara de sembrar caos y desorden, además de ser una conducta irresponsable con la ciudadanía misma y con los incitados a participar, con una clara intención de generar situaciones de difícil manejo para el gobierno.

Pero en medio de este panorama no muy halagüeño se dieron muestras de verdadero amor por la patria, las barras bravas de Millonarios, conocidas por su comportamiento desbordado, impidieron con valentía que se saquearan los establecimientos comerciales que pretendían ser vandalizados por encapuchados en la capital de la República, hecho que estoy seguro, debió desilusionar en gran medida a quien las convocó para otros fines distintos, muestra de ello es su mustio silencio frente este hecho que merece ser analizado y destacado, merecen un aplauso de la ciudadanía, que ve en esa conducta, una esperanza de verdadera reconciliación y respeto por sus derechos y las instituciones.

Queda evidenciado el orquestado plan que se trama en toda américa latina contra aquellos gobiernos que no comparten la ideología socialista que a sangre y fuego pretende consolidarse en nuestro continente, el modus operante en las marchas de Chile, Ecuador y Colombia, parecen un libreto preconcebido para causar caos y destrucción, a fin debilitar esos gobiernos y pescar en río revuelto en procura de obtener un poder que el pueblo no les ha otorgado a través de los procesos democráticos.

El llamado que pretendo hacer en estas líneas es buscar caminos de reconciliación, a respetar la propiedad privada, la vida, los bienes y honra de las personas trabajadoras, sin declinar en las pretensiones que los inspira a protestar, de contar con políticas publicas que mejoren la vida de los menos favorecidos

A la clase dirigente la exhorto a cesar con sus practicas clientelistas y marrulleras que solo buscan beneficiar los intereses de unas clases dominantes que se enriquecen sin pudor alguno con la desgracia de miles de colombianos que no cuentan con las condiciones mínimas para ser felices, si ser felices, que debe ser el fin ultimo de Estado Social de Derecho que enunciamos con bombos y platillos desde la expedición de la Constitución Política de Colombia, ese 4 de julio de 1991, pero que a la fecha, se erige como la mas grande deuda con los pobres de Colombia.

Ese Estado social de Derecho, no puede quedar siendo una mera enunciación constitucional y debe convertirse en el medio, a través del cual, se enriquezca de manera constante y significativa la vida de esos colombianos marginados, que hoy reclaman sus derechos.

Twitter: @asjuram