No, Ángela Hernández

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Por: Diego Ruiz Thorrens/ “El santandereano es un pueblo profundamente político. Allí las elecciones regionales se viven con intensidad”, escribió el pasado 05 de Octubre el periodista y redactor político Alfredo Molano para un medio de comunicación de nuestro país.

Ésta afirmación está cimentada en un aspecto muy especial de la región: con algo más de 1.7000.000 de Santandereanos habilitados para votar (2019) y una baja abstención, Santander es la sexta región con mayor votación de la nación. Por eso, es normal que los ojos de casi todo el país estén puestos sobre el próximo(a) Gobernador(a) del Departamento.

Los medios de comunicación y las redes sociales han jugado un papel primario en la contienda electoral, pero por razones que deberían llenarnos más de vergüenza que orgullo: desde escándalos políticos que unen el pasado de algunos candidatos con el futuro de sus aspiraciones, hasta obscuros movimientos de familiares o personas muy cercanas a los candidatos, denunciados por descomunales desfalcos entre otros delitos.

Algunos analistas políticos de nuestra región han logrado desnudar lo mejor y lo peor de cada uno de los candidatos, exponiendo cómo algunos candidatos representan, no sólo un potencial peligro para la política regional, sino un completo riesgo para la economía o el desarrollo social y territorial, e incluso hasta para los derechos humanos del departamento.

El principal de los candidatos (la candidata) que genera mayor preocupación (aversión) tanto social como política lo hace la candidata abiertamente cristiana Ángela Patricia Hernández, candidatura propulsada por una verdadera coalición de partidos con larga tradición de escándalos e investigaciones de toda índole político y/o judicial.

¿Por qué la candidata más joven, única mujer en la contienda a la Gobernación de Santander, genera sentimientos tan encontrados?

Son diversas las razones que podría mencionar. Y curiosamente, ninguna tiene que ver con su juventud y/o (aparentemente) inexperiencia.

El verdadero peligro proviene en que la candidata muchas veces ha defendido lo indefendible, poniendo en jaque a dos poblaciones que dice defender y “amar”: precisamente, las mujeres y los niños.

Me explico: desde algunos sectores que luchan (el día a día) por el reconocimiento de los derechos de las mujeres, por la reducción de la violencia en razón del género y la violencia que sufren los niños y las poblaciones LGBTI gracias a reducidos programas de educación y de salud, existe el miedo (dícese pavor) de ver cómo la posible elección de la candidata se vea traducido en la asignación de secretarías o puestos encargados de la toma de decisiones y de creación de políticas que afectarían al departamento a partidos políticos claramente misóginos.

Oficinas como Salud departamental, Educación, Desarrollo Social o incluso Interior Departamental (secretaría encargada de la promoción de los derechos humanos en el departamento) serían las directas afectadas. Al mismo tiempo, esta sería la entrada para que los mismos partidos y sectores políticos de siempre puedan aumentar, tanto su riqueza política como su riqueza económica y de paso robustecer financieramente sus iglesias.

Preocupante

Otro aspecto que genera temor en algunos sectores sociales se relaciona con la propuesta “filosófica” de la candidata (su puesta en marcha o puesta en escena) de un gobierno (educando) “con amor”. Aquí viene un aspecto paradójico, chocante y que no concuerda con la idea de la joven y entusiasta candidata de “educar” y “gobernar” con amor: la relación entre su propuesta de crear un gobierno “con amor” versus el futuro que puede esperarle a ciertas fracciones sociales de niños del departamento de Santander. Quisiera recordar que la candidata cristiana, para el año 2016, expresó que deberían existir colegios para niños ‘normales’ y otros para niños LGBT. En otras palabras, crear un verdadero Apaertheid.

En el 2019, siendo ya candidata a la gobernación de Santander, reafirmó en otro medio de comunicación que las poblaciones sexualmente diversas necesitan de “apoyo terapéutico” (eso incluye también a los niños sexualmente diversos) lo cual puede traducirse en una espantosa puesta en escena de transformación educativa que genere un aumento de la violencia contra todo aquello que “huela” a la farsante ideología de género, echando a borda las protecciones que han brindado la Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional hacia poblaciones (incluyendo niños) LGBT. Los homosexuales no están ni enfermos ni necesitan ‘apoyo terapéutico’ o psicológico.

Lo peor es que a medida que pasan los días su caudal político va en aumento gracias a su especial y manipuladora forma de hacer de cosas ordinarias y pequeñas un espectáculo a favor de su imagen, como cuando el CNE ratificó su postulación como candidata a la gobernación. (El CNE nunca dijo que su campaña fuese “transparente y hecha a pulso”. Sólo RATIFICÓ que ella podía continuar en la contienda política).

Uno de los daños directos que podría generar un posible gobierno de la candidata Ángela Hernández sería la anulación total de políticas relacionadas con los derechos sexuales y reproductivos (y los derechos humanos) de las mujeres… aunque siga manifestando que “gobernará basada en la ley”.

Mientras fue diputada a la Asamblea de Santander, su labor brilló especialmente por su sepulcral silencio frente los casos de feminicidios de niñas y mujeres en nuestra región. Esto, sin contar su nefasta y total ignorancia en la identificación de los principales obstáculos que afectan los Derechos Sexuales y Reproductivos de las niñas, las adolescente y mujeres de Santander, bloqueo mental generado por su negativa al respeto de leyes que protegen a la vida de las mujeres, principalmente relacionadas con el derecho al IVE (interrupción voluntaria del embarazo) en cualquiera de las 3 causales reconocidas.

Y a todo esto, sumémosle su nefasta posición personal y política (y total desconocimiento de las razones) ante el crecimiento de población migrante en Santander.

Por ello, en un departamento dónde los feminicidios, la violencia sexual y la violencia en razón del género preocupan (tanto por la sevicia con que son cometidos y siendo sus principales victimarios personas cercanas a las víctimas como esposos, hermanos, tíos, primos entre otros) y que afectan especialmente a niñas y adolescentes; donde los sectores políticos/religiosos buscan imponer su dogma y sus agendas por encima de los preceptos establecidos por la Ley y dónde la vida de los más vulnerables corren peligro, la candidata Ángela Hernández se convierte así en la peor de las opciones para la Gobernación de Santander.

Por estas y muchas más razones que no alcanzaría a exponer aquí, yo digo no a la doctora Ángela Patricia Hernández.

Twitter: @Diego10T