Santander, daltonismo político y el todo vale

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Por: Diego Ruiz Thorrens/ Dicen por ahí que existen mil y una forma de perder un amigo, unas bastante crueles, otras muy estúpidas, como prestar dinero y nunca cobrar (o nunca pagar al amigo lo adeudado); o como cuando se habla de un/a amiga/o a sus espaldas.

Otra forma de acabar con una amistad, y que exige un alto nivel de violencia, se manifiesta cuando la camiseta de un equipo (sea cual fuese el deporte) pesa muchísimo más que la humanidad de quien identificamos como el contrincante. Esta forma de violencia, personalmente, es la que más me asusta.

Sin embargo, existe una modalidad para perder amigos que en sí misma, para mí desde lo personal es penosa, bastante molesta y que en el fondo me genera una mezcla de emociones que navegan entre la rabia y la frustración: la pérdida de un amigo (o una amiga) gracias a sus posturas políticas personales contrarias a las nuestras.

¿Por qué me parece molesto y penoso perder amigos por la pasión de lo político? Porque en medio de este inusual tipo de aferramiento mental, algunos defensores de esos partidos políticos (principalmente, defensores de partidos históricamente corruptos) lograrán emanar la más oscura de las violencias, violencias que casi siempre vanaglorian la sevicia y la corrupción de aquello que defienden. Aquí hablo de sectores políticos que han demostrado con la mayor contundencia que sus principales intereses giran exclusivamente para alcanzar el control (todo, todo el control político para nunca, nunca dejarlo ir) del presupuesto de la nación, del territorio o de lo municipal, y que en sí mismo le pertenece a todos.

Soy de los que piensa que nunca deberíamos sacrificar amistades por la formación o visión de lo político de nuestros amigos. La temporada política es como los campeonatos en el deporte: por temporadas. Los políticos, al terminar sus campañas, es bien conocido que asumen su nuevo rol, olvidándose en su gran mayoría de aquellos que dieron su voto por ellos. Los amigos permanecen, para las buenas y las malas.

Precisamente hace unos días fui testigo de “cómo perder un amigo” mientras recorría el recreovía que se realiza todos los domingos en la capital de Santander, y dónde los actores eran dos bandos de personas pertenecientes a diferentes sectores políticos que realizaban lo que podríamos llamar un “improvisado” debate político al aire libre cerca al Parque de los Niños, más exactamente, al frente de la Biblioteca Gabriel Turbay.

No buscaré hablar sobre cuáles eran los candidatos o los partidos que decían representar (eso no es mi objetivo). Tampoco me detendré en hacer un relato exhaustivo de lo sucedido (excedería el número de palabras permitidas para éste artículo). Solo quiero compartir, desde mi modesta impresión del ejercicio político, cómo el mismo se repite una y otra y otra vez en distintas latitudes, y como la desinformación y el todo vale, hace de estos ejercicios algo totalmente desastroso y verdaderamente preocupante.

Comenzando, ambos bandos sociales/políticos realizaron exactamente la misma acción que sus sectores políticos les han enseñado y que ocurre cada día de sus (y de nuestras vidas): re – escriben a conveniencia la historia política de nuestra región. Este, es un ejercicio de poner (o quitar) elementos históricos que nunca existieron, como es brindarles logros a políticos que no les pertenecen y que en realidad son propiedad y éxito de otros.

Ejemplos de ello fueron las nefastas afirmaciones como de que “el verdadero problema político, social y económico en Santander se dio en gran parte por la corrupción durante el farsante Acuerdo de Paz” (la frase es literal), es decir, aquí no conocían qué era corrupción, o que en nuestro Departamento nunca existió “la tal guerra esa” (frase literal), así éstas se hubiesen sentido implacablemente en municipios como Barrancabermeja, Sabana de Torres, Cimitarra (por sólo mencionar algunos) gracias al accionar de Paramilitares o Guerrillas (sin contar el nacimiento del ELN en Santander).

Según los participantes al debate, el tal “Acuerdo de Paz” y la tal llamada guerra que algunos poquitos sectores vivieron en Santander (así, “poquitos”) se debió en parte gracias al favor de Gobiernos de izquierda (no diré el término realmente utilizado) que buscaron desestabilizar lo logrado gracias a gloriosos expresidentes con centenas de investigaciones. Revisando éste dato, en Santander nunca han existido Gobiernos que podríamos llamar netamente de “izquierda” a pesar que Santander sea territorio Liberal. Pero sigo con el relato.

Otro peligroso detalle del ejercicio deliberativo fue que omitieron detalles históricos (otros, fueron brutalmente retorcidos) para impresionar o restarle valor a las afirmaciones de los demás participantes. Algunas “afirmaciones” eran expresadas con tal nivel de convicción y vehemencia, que parecía no importar la demoledora evidencia de denuncias y condenas que llevaron a muchos políticos a la cárcel, o en algunos casos, que fueron relacionados y castigados legalmente por su participación con actores armados, en gran mayoría, con paramilitares.

Pero desconocer la historia también tiene su fin, y es la de arrojar a todos los ciudadanos a cometer los mismos errores del pasado, cayendo en manos de sectores mesiánicos que buscarán prometer el cielo y el mar para al final sumergirnos en argumentaciones filáticas y vacuas mientras depositamos nuestro voto.

En el “debate” los extremos no eran “blancos o negros”, “buenos o malos”, sino carentes de todo tipo de  colores, y dónde el verde de la esperanza más el rojo de la sangre de los muertos en guerras, asesinatos y homicidios se tornaron en un único café/marrón que no diferenciaban lo uno de lo otro. Daltonismo del puro: para un sector, la esperanza giraba en una “nueva limpieza” social (el rojo sobre el verde) mientras que para los otros apostaban por la esperanza sobre la violencia (el verde sobre el rojo).

Las votaciones del próximo 27 de Octubre son decisivas para cada una de las regiones de nuestro departamento y nuestro país, especialmente, por el momento histórico que vivimos donde la violencia pareciera levantarse con mayor fuerza bajo la reconfiguración de nuevas fuerzas insurgentes… y de nuevos actores políticos que anhelan el retorno de la guerra. Yo tengo claro que observar, sin confundir verdes y rojos, esperanza y muerte, será vital para todas y todos nosotros.

Terminaré dando un salto al vacío: ¿Cómo identificar ésta violencia y votar correctamente éste 27 de octubre?:

1. Prestando atención a todos aquellos candidatos que busquen enemistarnos; 2. Aprendiendo a dudar de todas aquellas personalidades que quieren “denunciar” a los corruptos para tapar sus propias podreduras; 3. Dudar de aquellos que usan a los niños/as, a las mujeres o los pobres como escudo para votos. 4. Revisando las posibles denuncias que tienen cada uno de los partidos políticos (y sus representantes).

Especialmente, prestemos atención a todos aquellos políticos que juegan con nuestra indignación (hacia el vecino, hacia el extranjero, hacía el diferente) para llenarnos de odio y sacarnos a votar emberracados. Tenemos que aprender a dudar, y no tragar entero.

No permitamos que la política y la pasión por lo político nos separen.

Twitter: @Diego10T