La eólica, pilar de la transición energética en Alemania, se tambalea

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La energía eólica, pilar de la transición del sector en Alemania, sufre una caída de las inversiones y enfrenta una creciente hostilidad de los habitantes, lo que empujó al gobierno de Angela Merkel a organizar una reunión de crisis este jueves.

Tras años de crecimiento, el sector asegura en la actualidad una quinta parte de la producción de electricidad en Alemania, pero sufre una crisis con implicaciones sociales y políticas.

Contra las nuevas instalaciones eólicas surgieron más de 600 iniciativas ciudadanas. Y en el este, el distrito de Saale-Orla ofrece 2.000 euros a quien obtenga la opinión de un experto contraria a estos modernos molinos de viento.

«Protejamos nuestros paisajes, los hombres y los animales», instaba el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) que, aprovechando el enojo del momento, hizo de la lucha contra la energía eólica uno de sus principales temas de campaña para las elecciones regionales en Brandenburgo de la semana pasada.

«En lo que respecta a la expansión de la energía eléctrica terrestre, Alemania pasó de circular en la autopista a estar en el arcén», resume Achim Derck, presidente de la Asociación de Cámaras de Comercio y de Industria Alemanas, DIHK.

El número de nuevas turbinas instaladas en Alemania desde inicios de año registró una caída de 82% interanual, según la federación alemana del sector, EBW. En 2018, Alemania se dotó de una capacidad suplementaria de producción un 50% inferior a la de 2017.

Las licitaciones para atribuir nuevas capacidades de producción no encuentran destinatarios, una tendencia que la agencia federal de redes considera «preocupante».

Supresión de 26.000 puestos

Esta crisis del sector eólico «pone en entredicho el éxito de la transición energética en Alemania», lamentó Hermann Albers, presidente de la Federación Alemana de la Energía Eólica (BWE), durante una entrevista con la agencia AFP.

Alemania prevé cerrar su última central nuclear en 2022 y deshacerse del contaminante carbón para 2038. Para ello, las energías renovables, con la eólica y la solar a la cabeza, deben seguir creciendo y llegar a representar 65% de la producción eléctrica en 2030, frente al 40% actual.

Según varios actores del sector, el punto de inflexión se registró en 2016, cuando el gobierno modificó sus ayudas, al considerar que el sector había llegado a una situación de madurez y que las subvenciones pesaban mucho en el bolsillo del contribuyente.

La enmienda a la ley energética alemana suprimió los ingresos garantizados y favoreció la competencia a través de las licitaciones.

Para los inversores, enfrentados ya a la competencia extranjera y a los largos plazos de atribución de los permisos de construcción, este cambio de rumbo terminó por provocar una animadversión hacia la energía eólica.

En los meses posteriores a la introducción de los cambios, se suprimieron 26.000 empleos en este sector en Alemania, más que en el del carbón, según datos recientemente publicados por el Bundestag a petición del partido Die Linke (izquierda).

«Punta del iceberg»

«Dimos la señal de alarma. Pero el motivo por el que el gobierno alemán tomó esta senda sigue siendo un misterio», critica Albers.

El ministro alemán de Economía, Peter Altmaier, de la conservadora CDU, decidió convocar este jueves una consulta de crisis a puerta cerrada con los diferentes actores del sector, dos semanas antes del anuncio de un amplio «plan para el clima» alemán, que debería permitir a Berlín corregir su retraso en materia de objetivos climáticos.

Para relanzar la expansión de la red, los actores alemanes del sector eólico exigen entre otras cosas una reglamentación uniforme en el país, ya que las distancias impuestas entre los aerogeneradores y las viviendas varían de una región a otra.

«No tengo la sensación de que el gobierno alemán comprenda que está destruyendo un ecosistema económico fuente de una ingeniería puntera, de innovación, cuya creación llevó tiempo y que hizo mucho por la reputación de Alemania», lamentó Yves Rannou, presidente del fabricante de aerogeneradores Senvion.

Esta empresa de 4.400 empleados e instalada cerca de Hamburgo anunció su cierre a finales de agosto, al verse afectada de pleno por el hundimiento en 2016 del mercado alemán, que representaba un 60% de sus ingresos, frente al 20% actual.

«Nosotros no somos más que la punta del iceberg, los primeros en caer, pero no los últimos», advirtió.