«No te movilices, vota»

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Por: Juan David Almeyda Sarmiento/ El voto se puede considerar una de las formas más evidentes e imprescindibles para demostrar la igualdad entre los ciudadanos que componen una sociedad. En una mirada rápida a la historia de la humanidad es fácil encontrar que el voto, para muchas comunidades, es un derecho ganado por medio de sangre e ideas. Los sectores marginados han sido los principales veedores para que siempre todo ciudadano, sin importar su condición, tenga la posibilidad de decidir en lo que respecta al destino de su país, por lo tanto, es sencillo atribuirle al acto de votar un valor tanto simbólico como real.

Votar, en una sociedad moderna líquida, desregulada, desorganizada, atomizada, individualizada, desarticulada y privatizada, sigue teniendo una fuerte repercusión a la hora de pensar la manera en que interactuamos con el sistema democrático en el que tenemos la tarea de vivir. Sin el voto, no sería posible generar cambios en las formas de gobierno que se presentan en la esfera pública en la que todos convivimos.

La historia del voto trae consigo una lucha por los mínimos que debemos poseer los ciudadanos para generar un impacto a esa realidad en que, ya sea por azar o por Providencia, nos encontramos y tenemos la responsabilidad de vivir. La defensa por el derecho al voto siempre será válida en cualquier sociedad y, por extensión, ejercer este derecho es una de las mejores herramientas políticas y sociales que se tiene para generar transformación en la raíz de una comunidad.

Empero, enaltecer al voto no hace que se desprecien las demás formas de ejercer cambios en la sociedad. De modo, que se debe traer a colación un acto polémico como lo es la movilización ciudadana, un concepto controvertido debido a la cantidad de sentidos inmanentes que es posible instalar en la mente cuando se habla de este tipo de actos colectivos que proponen reivindicar una cantidad igualmente extensa de cosas.

Existe una reserva a la hora de pensar la movilización en la sociedad democrática, en especial la colombiana, debido a la historia que existe detrás de la misma. De igual forma que el voto, el manifestarse públicamente en colectivo tiene un pasado sangriento y violento que le ha permitido ubicarse como una herramienta democrática protegida y legítima para poder participar en la política. El voto, tanto como cualquier otra herramienta, tiene la posibilidad de ser ineficiente a los nuevos cambios políticos que nacen en el nuevo mundo «enjambre», por usar los términos del filósofo Byung-Chul Hang, en que se vive.

Las nuevas crisis que son vividas han generado un nuevo oportunismo que llama al deseo de control sobre el enjambre, convirtiendo la votación en un acto inerte equiparable con el consumo y volviendo el dinamismo de la movilización en la pasividad de la compra. Es decir, las fronteras entre lo político y el marketing, en este nuevo oportunismo caudillista, se borran para convertir la participación ciudadana en una actividad equiparable al consumo y que, por tanto, puede ser condicionada y dirigida de la misma forma, como dice Chul Hang: «la propaganda electoral se mezclaría con la propaganda comercial. También el acto de gobernar se acerca al marketing. Las encuestas políticas equivalen a una prospección del mercado. Los votos electorales son explorados mediante data mining (exploración de datos). Los votos negativos son eliminados mediante nuevas ofertas atractivas. Aquí ya no somos agentes activos, no somos ciudadanos, sino consumidores pasivos».

Es por este motivo, que no debe dejarse de lado la movilización ciudadana en tanto que forma alternativa de generar transformaciones sociales en la sociedad en que se vive. El voto, jamás dejará de ser importante en un sistema democrático, pero debe de ser acompañado de otras herramientas de incidencia política que estén a su mismo nivel a fin de poder evitar un reduccionismo estadístico de la participación ciudadana. Todo intento por eliminar la movilización de la ciudadanía del espacio público debe ser visto con recelo y como una señal de alerta para la democracia.

Correo: juanalmeyda96@gmail.com