Las Nanapps de nuestros hijos

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Por: Alex Bayona Castillo/ Para muchos resulta interesante recordar la infancia en determinados momentos de la vida; el amigo del barrio, del jardín, la primera ruta escolar, los primeros profesores, los programas de Tv, los juegos de calle, montar bici, jugar canicas o simplemente “lanzar un trompo”.

Para los que crecieron en los 80, 90 y parte de los 2000 donde la tecnología evolucionaba (pero no era tan invasiva como lo puede ser hoy) saben lo delicioso que era interactuar físicamente con amigos, ver una película, ir a cine, escuchar música o esperar una semana para ver el programa de Tv favorito.

No es un secreto lo valioso de la tecnología actualmente y el cómo ha hecho muchas cosas fáciles. Seleccionamos desde una serie, programas, textos para leer, donde publicar, que compartir y acceder a un mundo de información (alguna cierta y otra quizás no). Cualquier duda podrá ser resuelta por el Señor Google (el patrón de la información), los álbumes familiares se reemplazaron por las publicaciones de Facebook e Instagram. Evolucionamos de revelar una foto o enviar una postal a simplemente un “taggeame” o “etiquétame”.

La sociedad interactúa más con la tecnología, se escribe más de lo que se habla. Aunque los mensajes son en tiempo real, la calidez de la comunicación está permeada de algún dispositivo tecnológico. Hoy día las personas son más expresivas a través de mensajes de WhatsApp que en una cita cara a cara.

… “Y… ¿Cómo están los niños? Ahhh bien gracias”…. ellos gozan de la puerta de la información; poseen en sus manos “armas informativas” de alto calibre que supera sus capacidades y dulzura de la infancia. Un celular o Tablet pareciera proveerles entretenimiento y alegría durante horas; aún sin compartir con alguien de su edad o tan solo decir unas palabras.

Miles de caracteres, multimedia, gráficos y demás son consumidos por los ojos de nuestros niños, quienes tienen ese acceso como opción de entretenimiento proveída por sus padres que en su cotidianidad y ocupaciones ven “más sano” darles acceso al internet abierto a través de sus dispositivos; que una salida a jugar a un parque.

Algunos padres le temen a los riesgos físicos y sociales de un parque; a los riesgos de practicar un deporte; a los riesgos de jugar bajo la lluvia, de reunirse con otros niños por miedo a adquirir quizás “piojos”; pero no le temen el prestar sus celulares, tablets o dejar abierto el internet de su casa a sus hijos con fines de entretenerlos o “calmarlos” en algunos casos.

Más de un lector puede dar fe de algún amigo padre de familia que delega su responsabilidad y cuidado de los niños a algún dispositivo móvil, juego y demás relacionado con la tecnología. He allí que las Nanas que hace unos años atrás apoyaban a los padres con el cuidado de los niños, hoy son de tipo artificial y podría llamarlas como Nanapps pues ya no son figuras humanas de apoyo, sino la sumatoria de aplicaciones abiertas de talla de un adulto al alcance de los niños.

¿Alguna vez ha leído las instrucciones de un medicamente o algún producto químico? ¿Se han fijado en el texto: “Manténgase fuera del alcance de los niños”? Y ¿ha visto juguetes didácticos que indican: “juegue en compañía de un adulto responsable? Pues si no se ha fijado en esas precauciones a padres, lo invito a que acompañe a su hijo (sobrino o algún niño) a un parque infantil y lea las indicaciones que afirman que: “Todo menor de 12 años debe estar acompañado de un adulto responsable”.

¿Y qué tal si ese cuidado de los niños trasciende del escenario físico al virtual? ¿Y Si as aplicamos esos cuidados a lo que aparentemente es inofensivo?

¿Qué pensaría usted si su hijo habla con un extraño?, pues estimado lector; permítame informarle que detrás de los dispositivos hay miles de extraños conectados a través de aplicaciones y que pueden estar cerca a su hijo más de lo que se puede imaginar.

No quiero crear un pánico o terror hacia la tecnología o redes sociales. No quiero que este texto sea sesgado como producto de “un mercenario anti tecnológico”, ni vayan a pensar que habito en una montaña muy lejos de la tecnología. Al igual que mucho de ustedes valoro y agradezco los aportes, ayudas y avances de la tecnología en nuestras vidas. Soy consumidor de las redes e incluso motivo al uso responsable de las mismas.

De esta manera, me parece responsable (como conocedor del tema digital) abrir una invitación a los padres, a los tíos y a cualquier persona que en su entorno tenga niños. Una invitación no a restringir; una invitación a compartir responsablemente entre adultos y niños el buen uso, las ventajas y los riesgos con las redes sociales y la tecnología. Una invitación a escuchar los niños y empezar a inducirlos responsablemente en el mundo digital sin perder sus cualidades como personas.

La solución a esto no es tomar un bando extremo. El mal uso tecnológico por un lado Vs la restricción de la tecnología por otro. La invitación es a despedir esas “Nanapps” que mal cuidan a los niños y empezar a tomar roles como adultos responsables en la correcta inducción de nuestros infantes al mundo informático.

Un ejemplo de entender el mundo del internet y las aplicaciones sería la movilidad y el tránsito de la ciudad. El vehículo sería un dispositivo (celular, pc, Tablet entre otros) las vías y carreteras serían la red de comunicación. Los barrios y sectores las aplicaciones e informaciones de los portales web.

¿Usted le prestaría su vehículo para que un niño menor de 8 años lo conduzca? Pues ese mismo cuidado debería hacerlo la próxima vez que le piense en prestarle su celular o dispositivo a un niño.

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