El abuso de los avales por firmas

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Por: Carlos Alfaro Fonseca/ Con la ley 130 de 1994 se dio inicio a la conformación de los grupos significativos de ciudadanos en Colombia, como otra forma de participación en los certámenes electorales. De acuerdo con el artículo 9 de dicha ley, los grupos de ciudadanos que reúnan un número de firmas correspondiente a 20 por ciento del resultado entre dividir el censo electoral de la circunscripción en que se quiera inscribir, con el número de cargos a proveer, podrán postularse candidatos.

De esta forma, todos los candidatos que no cuentan, o no quieren contar con el aval de un partido o movimiento político, pueden recoger firmas y deberán otorgar al momento de la inscripción una póliza de seriedad de la candidatura por la cuantía que fija el consejo nacional electoral, la cual no podrá exceder el equivalente a uno por ciento del fondo que se constituya para financiar a los partidos y movimientos en el año correspondiente.

Detrás de todo está la figura de los grupos significativos de ciudadanos consagrados a través de la Ley 1475 de 2011, contrariando el espíritu de la ley que es para los candidatos o ciudadanos que no cuenten con el apoyo de partidos fuertes.

Contrario a un aval, quienes apuestan por este mecanismo formalizan su aspiración mediante la recolección de firmas, lo cierto es que la figura tiende a desvirtuarse y cada vez son más quienes le apuestan. Las razones y ventajas son varias: 1.-Salir a las calles para sumar apoyos, logrando reconocimiento; recoge recursos sin que se vigilen los montos. 2.- Puede posar de independiente y marginarse de organizaciones políticas tradicionales. 3.-Tiene licencia para gestar escenarios de negociación con los partidos, bien sea para agregar maquinarias, establecer alianzas o pactar los cargos, por ejemplo, desistiendo de ser candidato a una alcaldía para encabezar la lista al concejo con el aval del movimiento.

En otras palabras, una patente de corso para hacer campaña anticipada y medir el pulso político antes de la inscripción. Lo único cierto es que la figura tiende a desvirtuarse y cada vez son más quienes le apuestan. Los formatos para la recolección de firmas se pueden descargar de la página Web de la Registraduría www.registraduria.gov.co y pueden ser reproducidos cuantas veces sea necesario. No se aceptan fotocopias ya que todos los apoyos deben ser presentados en original.

Más que por el aval deberían estar pensando en afinar mecanismos para que no se engañe a la democracia, para que se respeten los programas votados por la mayoría, pues los candidatos no pueden seguir presentando para ganar las elecciones los programas que la gente quiere oír, para después sacar bajo la manga programas radicalmente diferentes, inconsultos e incluso opuestos a los que le dieron la victoria, programas que no han sido previamente debatidos y sometidos al escrutinio público, donde se mejoran y corrigen sus defectos. Esto es una peligrosa forma de engañar la democracia.

Por otro lado tenemos que acuerdo con el artículo 109 de la constitución política, modificado por el acto legislativo No. 01 de 2009, el estado concurrirá a la financiación política y electoral de los partidos y movimientos políticos con personería jurídica, de conformidad con la ley. Las campañas electorales que adelanten los candidatos avalados por partidos y movimientos con personería jurídica o por grupos significativos de ciudadanos, serán financiadas parcialmente con recursos estatales y se convierte en una forma de conseguir plática fácil.

Pero no nos emocionemos que las castas políticas no van a desaparecer. Seguirán gobernando en una gran mayoría. Además, estos independientes siempre tendrán que depender de ellas, al tener un concejo o asamblea con mayorías de estos políticos.

¿Y qué tal que los elegidos por firmas salgan torciendo las patas y nos resulten unos hipócritas?

Correo: carlosalfaroabg@hotmail.com