¿Quién responde por la desidia y la ineficiencia del POT de Barrancabermeja?

0

Sólo dos de cada 20 barranqueños consultados al azar, en distintos puntos de la ciudad petrolera, sabe qué es, para qué sirve y por qué es importante un Plan de Ordenamiento Territorial vigente, y acorde al modelo de desarrollo que urge y demanda la capital del oro negro.

El POT de Barrancabermeja está desactualizado. El único que existe se aprobó en el año 2002. De los macroproyectos contemplados para construir el modelo de ciudad  en aquel entonces, no se ejecutó ni siquiera el 30 por ciento. 

Como instrumento de planificación fue desconocido, casi que por completo, por la clase política que ha gobernado la ciudad desde hace casi dos décadas.

Como si fuera poco, los tres últimos gobiernos -incluido el de turno- han gastado poco más de $22 mil millones en actualizarlo, ajustarlo y formularlo de nuevo, pero lo cierto es que, a la fecha, la ciudad sigue sin POT.

Por ley, hasta tanto no se apruebe uno nuevo, el del 2002 seguirá vigente a pesar de que ya no responde a las necesidades y tampoco a la realidad del territorio.

Lo que debió hacerse y no se hizo

A juicio de profesionales expertos en planeación y urbanismo consultados por Corrillos, el Municipio creció, pero no se desarrolló.

El planteamiento en el que coinciden tiene asidero en el largo listado de pendientes por hacer. Hace 17 años debió construirse el sistema municipal de aguas protegidas, garantizar los suelos de protección ambiental, restituir el espacio público, incluido el de las ciénagas; recuperar el Caño Cardales y la Quebrada Las Camelias. Y no sólo eso. Igual de  importante era (aún lo es), definir la zona de expansión y concretar la muy promocionada y nunca ejecutada obra de la avenida del río. 

El POT de 2002 también visionó a Barrancabermeja como el principal nodo de transporte del país en el año 2020. Proyectó entonces la construcción del Puerto Multimodal que hoy existe pero fue construido por un privado, Impala. A menos de un año de la meta proyectada, en ‘veremos’ continúa ser dicho nodo.

El Terminal de Transportes, el Centro Administrativo de Negocios, el Parque de la Independencia en la Comuna 7, la diversificación de la Comuna 6 y el Distrito de protección de la ciénaga también son letra muerta plasmada en el papel. 

Lo mismo sucede con las áreas donde deberían estar ubicados los sitios para la disposición final de los residuos sólidos. No están definidas. Ese pequeño detalle le significa hoy al Puerto Petrolero ser el único municipio del país donde funcionan dos basureros, en el corazón de  una zona de reserva ambiental que tenía que protegerse. 

«El POT nunca se actualizó y la  Corporación Autónoma de Santander,  se aprovechó de la ausencia de planeación rigurosa de ciudad, al igual  que lo ha hecho Ecopetrol», asegura el abogado y ambientalista Leonardo Granados.

Lo que está en vilo no es otra cosa que la sostenibilidad ambiental y la sustentabilidad socioeconómica de Barrancabermeja.

«El llamado de atención es para quienes toman las decisiones y tienen en sus manos hacer las políticas públicas. Tienen que dejar de mirar el territorio con la lupa del mezquino interés particular. Lo que está en riesgo nos impacta a todos. Barrancabermeja está dejando de ser competitiva», dijo Víctor Baza Tafur, abogado barranqueño, experto en urbanismo, actual gerente de Camacol, el gremio de firmas constructoras en Pereira.

Las nefastas consecuencias 

‘Engavetar’ el POT, que es nada más y nada menos que la valiosa brújula del desarrollo local, fue detonante para el crecimiento desordenado y el desequilibrio que permea una ciudad dividida hasta por la línea férrea, agrega Barba.

Por ejemplo, existe conflicto en el uso de suelos. Hay bares al lado de colegios; prostíbulos y moteles en zonas residenciales y en pleno siglo XXI los centros poblados (corregimientos) no tienen conectividad, saneamiento básico y en algunos son escasos y/o precarios los servicios públicos.

Crecieron los asentamientos humanos en zonas de alto riesgo. Roberto Bernal, coordinador del Comité Local de Atención y Prevención de Desastres, confirmó que existe riesgo por erosión, inundación, deslizamiento y por movimientos telúricos. 

Al menos son 100 mil las familias barranqueñas que levantaron sus viviendas luego de rellenar con escombros los humedales que, por ende, desaparecieron del mapa. Se presume que serían unas 20 mil viviendas las que estarían en las condiciones descritas.

«En la formulación actual no se hizo un estudio previo para precisar el déficit real y eso es una falencia grave. Además si consideramos los cálculos  del Gobierno Nacional, construir una vivienda de interés social cuesta 70 salarios mínimos, es decir, $58 millones aproximadamente.

Con esos $22 mil millones gastados en consultorías para el POT, se pudieron construir 379 soluciones para todas estas familias que tanto lo necesitan», dice Leonardo Jaramillo, profesional en salud ocupacional  y planeación participativa y desarrollo.

También la ubicación de la zona industrial y los corredores logísticos han sido motivo de reparo.

¿Qué dice la Administración? 

«Decir que este o el otro gobierno es culpable no es la idea», dijo Elizabeth Lobo, secretaria de Planeación en el puerto petrolero.

Asegura que el crecimiento desacelerado y desordenado de la ciudad se dio «porque no habían los instrumentos para organizar el territorio. No existían normativas claras para orientar y controlar el crecimiento del Municipio y creció de forma desacelerada y desordenada».

De acuerdo a la normatividad en Colombia, los alcaldes están obligados a cumplir lo que estipulan los Planes de Ordenamiento Territorial.

En el caso de Barrancabermeja la realidad evidencia lo contrario. La falta de articulación entre los Planes de Desarrollo y el POT permitió que lo debía hacerse, no se hiciera, dado que los macroproyectos definidos para resolver problemas a corto, mediano y largo plazo no estaban en la agenda de los gobernantes.

«El problema ha sido de voluntad política, porque el POT de 2002 nos dejó claro hasta lo que podíamos y no podíamos tocar. La planeación es de sentido común. Uno no se caga en el agua que se toma» refiriéndose al vertimiento de los lixiviados de los basureros que funcionan en la zona de reserva y protección ambiental y que contaminan la Ciénaga San Silvestre, de donde se capta el agua que consumen los barranqueños.

El multimillonario POT 

Las tres últimas administraciones se gastaron no menos de $22 mil millones del presupuesto. El gobierno actual ya supera  los $8.800 millones y todavía el Puerto Petrolero no tiene el derrotero que demanda, y que le urge, para ordenar la casa, asegurar su desarrollo sostenible y aprovechar las potenciales bondades naturales cuyas riquezas siguen siendo esquivas a las mayorías. 

«El POT se convirtió en una especie de caja menor. Este asunto debe llegar a las manos de los organismos de control, porque no se justifican los altos costos de esa inversión. Creo no equivocarme, aquí existe gato encerrado en los costos de esa actualización y son responsables los tres últimos gobiernos», recalca el exconcejal Alfonso Baeza Acuña.

Pero Elizabeth Lobo se defiende cuando asegura que no se ha escatimado esfuerzo alguno porque de lo que se trata es de repensar la ciudad, ordenarla y garantizar su desarrollo.

«Por qué no hablan de los millones invertidos en estudios contratados y nunca realizados?», dice la Jefa de Planeación.

«Este POT está pensando la ciudad en perspectiva ¿Hacia dónde vamos? ¿Cómo la descongestionamos? ¿Cómo aprovechamos su potencial hídrico y turístico, petrolero, logístico,  industrial y agroindustrial? Ese es el modelo de ciudad y esa visión no depende únicamente del POT; está sujeta a la voluntad política, de la industria y de la gente. Sólo con conciencia ciudadana se generan los cambios para mejorar el territorio», insiste la señora Lobo.

En todo caso lo que se cuestiona es la efectividad de la multimillonaria inversión, frente a los resultados. El POT formulado aún no ha sido aprobado. Pasó la revisión de la autoridad ambiental, pero enfrenta una carrera contra reloj en busca de su aprobación.

Ahora es socializado de nuevo con la comunidad, y hace falta la mirada y evaluación del Consejo Territorial de Planeación y la aprobación –si se llega a esa instancia- por el Concejo Municipal.