Un paso hacia adelante: ¿Cómo pensar la crisis?

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Por: Juan David Almeyda Sarmiento/ Pensar las crisis requiere un temple propio del sujeto estoico, la forma en la que este tipo de periodos, donde el ruido y el desorden son los principios que rigen el contexto social o político en que se vive, requiere de una mentalidad lo suficientemente parca como para poder afrontar y sobrellevar esta etapa que destaca por su elemento catastrófico frente a la cotidianidad que predomina a diario en la vida de todos los seres humanos que viven y comparten un mundo común.

No obstante, es pertinente traer a colación una aproximación que dé más herramientas a los sujetos que deben verse en la tarea de solucionar estas situaciones “críticas”. Para esto, es válido que entre en escena Zygmunt Bauman, puesto que la mirada que aquí se propone no es la de afrontar el escenario que se diagnostica de crisis como una lucha maniquea donde lo que se espera es la completa destrucción o la completa salvación de modo inmediato. Lo que se busca, es una aproximación a la crisis como un momento de coyuntura, como una transición que, en su azarosa y contingente naturaleza, permite y se hace necesaria para poder crecer.

Se parte de una mirada política donde el estado de crisis es constante, una cualidad que es propia del siglo XXI desde sus inicios y que nunca se ha dejado de lado; muy por el contrario, toda dimensión del mundo globalizado se encuentra bajo el rótulo de situación crítica. Siendo esto último, la razón por la cual pensar y actuar se vuelven un dúo que debe retroalimentarse.

Cierto es que el tránsito que propone esta crisis, esta condición que antecede a una nueva y diferente circunstancia, es de carácter desgarrador y destructor, sin embargo, dice Bauman: «El concepto se acuñó para denominar el momento en que el futuro del paciente estaba en el aire, y el médico tenía que decidir qué camino seguir y qué tratamiento aplicar para ayudar a que el enfermo dejara de serlo (…) Cuando diagnosticamos una situación como “crítica”, es justamente a eso lo que nos referimos: a una conjunción de diagnosis y llamamiento a la acción».

De modo que, en un tiempo de coyuntura para la sociedad, como lo es la actualidad, se requiere de una inflexión que haga posible una de las herramientas para aproximarse a la crisis: la elección. Decidir, es el principio de una nueva experiencia, la misma que se requiere para afrontar las distintas desintegraciones que se hacen presentes en el estado de constante crisis en que el mundo de hoy se encuentra; empero, no debe dejarse de lado la madurez de la experiencia, la misma que permite un cambio y la posibilidad de un paso hacia adelante; cada acción, que viene derivada y nunca se separa de la experiencia, carga con la paradoja de ser nueva y madura (novata y experimentada) a la vez, y es con esta misma condición que se abren los caminos para decidir.

Como dice el mismo Bauman: «La crisis es el momento para decidir qué modo de proceder vamos a seguir en adelante, pero, en el arsenal de la experiencia humana acumulada en nuestros días, no parece haber estrategias fiables que escoger». Elegir, en el momento en que todo se derrumba, requiere del pensamiento y la acción, del diagnóstico y la toma de decisión, a fin de poder encontrar, entre la espesa niebla, un faro de esperanza para el futuro, ese que construimos todos.

Correo: juanalmeyda96@gmail.com