Encuestas/ ¿Por qué a Rodolfo Hernández le va bien, pero a la ciudad le va mal?

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Las mediciones de Gallup, Cifras & Conceptos, Centro Nacional de Consultoría e Invamer, en sus apreciaciones sobre favorabilidad en imagen o aprobación de su administración, con respecto a Rodolfo Hernández, tiene algo en común: Al alcalde le va bien, pero a la ciudad le va mal.

Las cifras, especialmente la de Gallup que mide cada dos meses la imagen de cinco alcaldes y cuatro gobernadores, han mantenido una tendencia favorable de la imagen del Mandatario Local, incluso sus salidas en falso –como golpear a un concejal- le han permitido mejorar ese respaldo popular.

Hernández es hoy el gobernante con mejor popularidad dentro de esas mediciones, pero en contraste, los bumangueses se sienten preocupados por los problemas como la falta de empleo, la inseguridad rampante y la corrupción, que paradójicamente ha sido su bandera política.

La última encuesta que Gallup, por ejemplo, arroja un nivel pesimista de la opinión pública sobre si “las cosas en Bucaramanga están mejorando o empeorando”.

Corrillos analizó con expertos en los temas públicos acerca este fenómeno político-administrativo y muchos coinciden que hay, detrás de la “máscara” de hombre transparente y crítico de la clase política, una estrategia distractora para opacar la realidad que afronta la ciudad.

Desempeño versus popularidad

La percepción ciudadana sobre el alcalde que gana encuestas pero con una ciudad pesimista sobre su futuro, el presidente del Concejo, Wilson Manuel Mora Cadena, advierte que existe confusión entre evaluación de desempeño con popularidad, “a Rodolfo Hernández le interesan más los indicadores de imagen que los indicadores de ejecución del plan de gobierno, que escasamente llegará a un 63%”.

Advierte que el mandatario gasta recursos públicos para desviar la atención, “algo más de $1.000 millones para seguir un libreto diseñado por los argentinos, al estilo de las grandes series de Netflix mantiene al público entretenido con tramas sobre corrupción y ladrones pero sin ninguna sentencia”.

Para el politólogo Julio Acelas, la gente siente que con la narrativa anticorrupción, impensable hace años, el alcalde ya cumplió su propósito en este gobierno. Dijo que eso es “propio de los populismos, donde los políticos desprestigiados pierden la mediación con la gente y la asume un mesías”.

Agrega que esa situación, paradójicamente, ocasionó que muchos ciudadanos se alejaran del sistema político y perdieran el interés por los problemas de ciudad. “Eso se hizo más evidente si tenemos en cuenta que la clase media – que en Bucaramanga es del 70%- poco dependen de la política y de lo público. Son aspiracionales y emprendedoras”.

“Abracadabra, patas de cabra…”

El alcalde se vende como el salvador cuando su administración ha sido ineficiente en temas sensibles, a costa de mantener la atención en su discurso. Se puede afirmar que existe una estrategia muy diseñada para “encantar ingenuos”.

El filósofo y líder social, Diego Ruiz Thorrens, destaca que “el alcalde Hernández crea la ilusión de bienestar gracias a su vocabulario frentero, consiguiendo evadir sus responsabilidades, engañado a la gente”.

En ese mismo sentido, el diputado Edgar Suárez, ha expuesto que el estilo “desparpajado y chabacán” de Hernández atacando a los trabajadores públicos y a los políticos ha sido bien visto por el común de la ciudadanía, “es por esto que se logró comunicar, despertando odio, atacando y despellejando a todos los que trabajan y son elegidos en lo público; pero en su gobierno incumplió las promesas de campaña y la ciudad quedó al garete”.

Destaca que las cifras pesimistas sobre la realidad de la ciudad se basan en que “la ciudad es insegura, está desempleada, tiene vías deterioradas, ha sufrido por el aumento de impuestos, está sucia y descuidada en toda su infraestructura”.

Sus contradictores no reaccionan

Rodolfo Hernández ha establecido una estrategia comunicacional que le ha funcionado, basada en conectar su discurso con los sentimientos y las emociones de los ciudadanos. Así lo analiza Ángel Alirio Moreno, abogado y periodista.

Resalta que, el alcalde “ha utilizado el discurso anticorrupción como bandera y cabalga sobre él señalando a la clase política de ser la responsable de la corrupción, responsabilizando al fenómeno de todos los males”.

Dijo además que “su éxito obedece a la falta de una adecuada respuesta por parte de sus contradictores quienes carecen de una estrategia integral para neutralizar el efecto de sus acusaciones. Habrá que ver la capacidad de transferencia electoral de su nivel de aprobación hacia un candidato en particular ahora que son las elecciones”.

El origen de esa supuesta aprobación está en la manipulación mediática, indica Fredy Chinchilla, ingeniero de mercados y columnista de Corrillos. Destaca que la estrategia del mandatario “es la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes”.

Resaltó también que “Hernández mantiene al público distraído, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real”, situación que a la postre le han generado dividendos en términos de popularidad.

Pese a que las cifras en las mediciones le favorecen al alcalde bumangués, no significa que la ciudad esté nadando en ríos de leche y miel, por el contrario, las soluciones a los grandes problemas de la ciudad se han aplazado estos cuatro años, para perjuicio de sus habitantes.