El derecho a envejecer con dignidad en Colombia

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Por: John Anderson Bello Ayala/ El envejecimiento es un fenómeno presente a lo largo del ciclo vital del ser humano, desde el mismo proceso de la concepción hasta su muerte. Sin embargo, a pesar de ser un fenómeno natural conocido por todos los seres humanos, es difícil de aceptar como una realidad innata del mismo.

El mundo está experimentando una transformación demográfica, según la Organización Mundial de la Salud, en su “Informe de la Segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento – 2018”, precisan que para el 2050, el número de personas de más 60 años aumentará de 600 millones a casi 2000 millones, y se prevé que el porcentaje de personas de 60 años o más se duplique, pasando de un 10% a un 21%. Ese incremento será mayor y más rápido en los países en desarrollo, donde se prevé que la población anciana se multiplique por cuatro en los próximos 50 años.

Una de cada diez personas en la actualidad tiene 60 años o más. Se calcula que para el año 2030 los individuos de la generación del «baby boom»(Los nacidos en el período comprendido de1946 y 1964), serán ancianos y se cree que este grupo representará el 25% de la población mundial. McCarthy afirma que esto dará lugar a un aumento de mortalidad y morbilidad en aquellas personas con enfermedades asociadas al proceso de envejecimiento, como son las patologías crónicas, osteomusculares, lumbares y tumorales, entre otras.

Cada cultura intenta encontrar su propio significado de envejecimiento, asumiendo ciertas concepciones basadas desde un imaginario social, considerándolo como aquel erudito conocedor de la ciencia, o en aquellas en las cuales es considerado como un mueble anticuado, que debe ser reemplazado y enviado al cuarto de los temores y recuerdos “ Cuarto de Sanalejo”, lo cierto es, que surgen muchos mitos y estereotipos negativos frente a lo que significa envejecer, toda vez, que va de la mano las enfermedades, el sufrimiento acumulado por el trasegar de su vida familiar y sentimental, la soledad, el abandono, el maltrato y cada uno de los factores de riesgo ambientales a los que ha estado sometido.

En Colombia, la concepción del envejecimiento o más bien la llamada “tercera edad”, son consideradas como una población decadente, incapaz, como un producto miserable que simplemente genera vergüenza para su familia. Por su misma naturaleza son maltratados físicamente, puesto que su cuerpo inicia una nueva etapa de involución humana hacia la “niñez”, perdiendo la memoria, sumergidos en la ceguera, variando constantemente sus estados de ánimo, hasta impidiéndoles controlar sus propias necesidades fisiológicas, sus cuerpos prácticamente se convierten en dependientes, situaciones que generan impaciencia e incomprensión para sus más cercanos, en la medida que entre sus prioridades, no se encuentran llevar en sus hombros el acecho de un viejo decaído.

Ese será realmente el miedo de la vejez, sentirse paralizado, tendido e indefenso, en donde sólo se viven de recuerdo memorables de hazañas y tesoros; pero no sólo se visualiza este fenómeno, también encontramos abusos médicos, como otra modalidad de maltrato físico, que se manifiestan a nivel institucional en los hogares geriátricos, ancianatos, albergues y de nivel hospitalario, los servicios suministrados resultan ser insuficientes, totalmente ausentes o descontextualizados; en la medida que por su condición aumenta su necesidad de atención y sin mirar la carencia de profesionales en materia de gerontología, que se percibe con mayor hincapié para aquellos considerados pacientes terminales.

Son muchas las situaciones que sufren los adultos mayores, si bien es cierto, en nuestro ordenamiento jurídico se expidió la Ley 1850 de 2017, con el objetivo de implementar una ruta inmediata para su atención oportuna y así evitar todo tipo de maltrato, tipificado como delito penal cualquier acto de violencia, descuido, abandono o negligencia contra el adulto mayor, ocasionado por cualquier persona e institución y reforzando aquellos programas sociales que permitan mejorar de las condiciones socio-familiares a través de las Granjas del adulto mayor, como terapia para mejorar su calidad de vida.

Pero realmente ha funcionado la aplicación normativa?, o simplemente se convierte en letra muerta, que sirve para adornar los libros del Congreso, o para el recuerdo nuestros legisladores, a la hora de proclamar a sus electores.

En la realidad lo único que funciona en el Estado Social de Derecho, son nuestras acciones constitucionales, que obligan a todas las entidades estatales, a cumplir con los cometidos para el cual han sido creadas, interviniendo para que se ejecuten los presupuestos y se destinen en los programas que realmente necesita la sociedad, evitando que la corrupción se permee a la hora de garantizarle los derechos a esta población vulnerable y judicializando drásticamente a quienes abandonen o maltraten física y psicológicamente un adulto mayor.

Es claro, que los adultos mayores son las raíces de la familia, que merecen una especial protección constitucional, nuestro compromiso lograr dignificar su vida en la sociedad, denunciando todo tipo de discriminación y vigilando la consecución de cada uno de los programas de asistencia, promovidos por las entidades territoriales y si dado el caso iniciar las respectivas acciones constitucionales.

“Las personas no se envejecen cuando se les arruga la piel, sino cuando se les arruga los sueños y las esperanzas”: Joan Babot.

Correo: john5_1@hotmail.com

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