Dolor del alma, hoy un sentimiento colectivo

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Por: Pablo Arteaga/ Las circunstancias de la perdida de nuestra compañera Flor Liliana Zuluaga, mientras vivía la alegría de rodar al lado de su esposo en el ejercicio recreativo de la actividad ciclística, no solo ha enlutado a su familia sino también a la comunidad que practicamos día a día esta actividad, hacemos del rodar una expresión de recreación y modo de vida que nos permite no solo desconectarnos des nuestras obligaciones sino también la construcción de nuevas amistades.

Dedicar parte de nuestro tiempo a querernos así mismos practicando un deporte recreativo es una actitud de amor por la vida. Un homenaje a la alegría de existir, de disfrutar cada instante de esa bonita pasión. Un canto en movimiento al deseo de vivir con plenitud nuestro fugaz paso por este mundo. Eso hacía nuestra compañera al igual que el grupo de compañeros que la acompañaban al lado de su esposo en  la mañana en que fue dolorosamente sorprendida por la imprudencia e irresponsabilidad de un conductor que en medio de su afán desaforado rompió el delicado hilo de la vida. El solo pensar en el desgarramiento íntimo que vivió su atribulado esposo al vivir el aciago y prolongado momento de la tragedia ya de por si nos invita a elevar un aplegaría de corazón por ella, por él y su familia.

Cada pedalazo a dar en esta vía o cualquiera de las que sirven de flujo vehicular en torno a nuestra amada Barrancabermeja será a partir de este momento un acto de recoderis profundo que se convertirá en grito de respeto por quienes, sin miedo y preñados de goce, seguiremos deambulando sobre ruedas  en compañía del viento y la música del corazón que nos motiva a disfrutar esta bonita actividad.

El hecho no puede quedar en la memoria como una tragedia familiar. El hecho provoca reflexiones serias e invita a pedir acciones de distinto orden. Invita a un compromiso de las autoridades de carretera para regular con eficiencia la dinámica del tránsito automotor y más en zonas relativamente paradisiacas como lo es el viaje ida y vuelta al municipio petrolero de Yondó o cualquier otro de los que rodean la capital petrolera de Colombia, de la misma manera la invitación es a todos los compañeros que pedaleamos día tras día a ser prudentes y acatar las sugerencias de seguridad que debemos tener al rodar.

El hecho invita a promover una cruzada de seguridad vial no solo de las autoridades sino de los operadores desde el mismo sistema educativo y empresarial que permita entender que el territorio no solo como patrimonio de quienes transitan por sus calles, avenidas y carreteras en vehículos automotores en el desarrollo de alguna actividad económica, sino entender el territorio como espacio común de distintas formas de intercambio de afectos sociales. Si así como se lee: Afectos sociales.

Pedalear no es un simple acto biomecánico. Es un acto de amor por sí mismo y cuando se realiza en compañía de otros es un coro de aprecios humanos, de intercambio de sentimiento desde el esfuerzo corporal. Allí en esa lucha contra la pereza, el sedentarismo y dominio del cansancio nacen amistades especiales, se crean lasos tan fuertes como los familiares, relaciones de simpatía, historias, anécdotas y aprecio por seres desconocidos que escriben con su dinámica del acompasado movimiento nuevos horizontes de interacción humana y social.

Aquí bien puedo decir a todo pulmón y desde las vísceras que pedalear por la vida es un compromiso de todos que no solo enriquece nuestro físico, sino también nuestro espíritu. En este momento, aún nítido el recuerdo entorno a la figura de una mujer que disfrutaba el rodar tanto como todos los que practicamos este deporte, los invito a seguir la marcha por una vida de alegrías, de logros, de esfuerzos, de acciones comunes que contribuyen a la construcción de una sociedad diferente.

Con todo respeto y cariño mi total solidaridad a su esposo y su familia, fortaleza en sus corazones.

Correo: arteagapab@gmail.com

Twitter: 2018Arteaga