Cuando los hombres son víctimas de acoso sexual

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Por: Diego Ruiz Thorrens/ Hablar de Acoso Sexual o de Violencia Sexual nunca es tema fácil. La razón: hemos llegado al detestable punto de normalizar una situación que no tiene ni excusa, razón de ser o justificación, especialmente cuando todos/as como sociedad deberíamos rechazarla y luchar contra este horrendo fenómeno.

En un departamento cómo Santander, dónde decenas de feminicidios siguen siendo enmarcados como simples homicidios, dónde la justicia no opera con el rigor de la Ley o dónde la institucionalidad nunca brinda rápida respuesta a las familias y/o dolientes de las víctimas, la vida de una Mujer brutalmente asesinada por su pareja, o expareja, o familiar, o amigo, (o… la lista es larga) pareciera que cada día nos alarmara menos y que ya no tuviese el valor o el sentido de hacernos cuestionar las posibles raíces de ésta violencia. O quizá sí: al parecer, sólo para aquellas personas que buscan justicia, verdad y esclarecimiento como medida para que éstas situaciones nunca más se repitan y al mismo tiempo, ayuden a rescatar la memoria de las personas asesinadas.

En los últimos años, gracias al Feminismo (sí, ese mismo movimiento que muchas mujeres y muchos hombres de nuestro departamento aún no logran comprender, que han buscado desfigurar con insulsos slogans como “femenina sí, feminista no» y que a pesar de su incomprensión es necesaria y vital entenderla, especialmente en la actual sociedad) los casos dónde la violencia se ha cometido en razón de género, la orientación sexual y/o la identidad de género comenzaron hacerse visibles, y con ello, un mundo oscuro que no habíamos querido mirar de frente comenzó a emerger.

Gracias al feminismo, socialmente pudimos descubrir distintos matices de la violencia que se infringe sobre los cuerpos de las y los menos favorecidos por razones que al día de hoy deberían ser tan absurdas como inadmisibles: por raza, por sexo, por nacimiento, por clase social, por origen o nacionalidad entre otras tantas. El feminismo llegó para quedarse, y junto al movimiento, la necesaria transformación social que busca equidad, igualdad y justicia en la relación entre hombres y mujeres.

Sin embargo, pienso que uno de los efectos más poderosos que el feminismo trajo consigo se presenta en la capacidad que han adquirido algunos hombres al denunciar la violencia cometida desde el mismo género masculino: la agresión o la violencia sexual de hombres perpetuada y/o dirigida hacia otros hombres.

Desde hace algún tiempo quería hablar del tema, pero confieso no es fácil hacerlo. Nunca lo ha sido por varias razones. La principal: también fui víctima de violencia sexual, o violación, para decirlo de una forma cruda y brutal.

Como sobreviviente de agresión sexual sé que, incluso después de tantos años de acontecido los hechos, ciertas heridas logran impedirnos hablar, sintiendo nuevamente temblar los labios o el corazón. Pero es hora (una vez más) de hablar del tema. Y (una vez más) son los medios de comunicación quienes ponen el tema sobre la palestra pública.

El día 12 de Marzo del presente año los medios locales, departamentales y nacionales se inundaron con la nefasta noticia sobre diferentes casos de agresión sexual presentados al interior del Futbol Profesional de nuestro país, especialmente, en el arbitraje profesional colombiano. Estas denuncias, de suma gravedad, exponen una realidad dentro de un deporte que representa a la perfección a nuestro país: pasiones, alegrías, pero también amplios espacios de oscuridad y de violencia.

¿Qué sucede cuando las víctimas son hombres? ¿Por qué es tan difícil hablar de agresión o violencia sexual en hombres? Una razón que impide a muchos hombres denunciar tiene que ver con la relación que socialmente reduce la situación de agresión o violencia sexual a únicamente un deseo sexual por parte del victimario sobre su víctima, sea éste hombre o mujer. También, porque al hablarse de “relación entre dos hombres”, pensamos directamente en personas cuya orientación sexual no siempre es la que se presume.

Reducir la agresión o la violencia sexual a “problemas de homosexuales” es brindar una funesta respuesta a una violencia que es más común de lo que pensamos, que afectan tanto a niños, jóvenes y adultos pero del cuál muchos hombres recurren al silencio y al olvido. Pareciera que preferimos justificar erróneamente una violencia que puede ser más que brutal. Recordemos que hablamos de “agresión”, “violación”, y no de “consentimiento”.

Para los casos por agresión o violencia sexual entre hombres la orientación sexual tanto de la víctima como del victimario quedan entre dicho. Al igual que los casos de agresión o violencia sexual dónde las afectadas son mayormente Mujeres, el gran porcentaje de victimarios no es homosexual (sí, existen hombres que perpetran la violencia contra otros hombres sin llegar al punto de ser o identificarse como homosexuales o bisexuales) siendo el sexo un factor secundario, casi terciario: la razón primaria de la agresión sexual es el ejercicio de poder, la capacidad de coaccionar y doblegar la voluntad de otra persona, para conseguir un fin y ejercer control. Nada más.

Otra razón nefasta y preocupante sobre la agresión o la violencia sexual es la respuesta en redes sociales, dónde todo se reduce a la mofa, la burla y la frase malsana de “le pasó por marica”. No señores, esto pasa porque desafortunadamente en una sociedad patriarcal, nociva y machista, el falo -centrismo sigue siendo una de las cobardes formas de sumisión hacia hombres y mujeres, en especial, cuando el hombre que lo infringe tiene y quiere mantener absoluto poder sobre su víctima.

La violencia sexual entre hombres no es el resultado de “tolerar” la diversidad humana y/o sexual sino todo lo contrario: se debe en gran medida a la reducción del rol de algunos hombres al llamado de la fuerza, la valentía, la gallardía. A la violencia que subyace detrás de la frase “porque todos los hombres somos así”, o al justificar que los hombres, “todos los hombres”, tenemos las “manos largas” cuando se manosea a alguna persona contra su deseo y voluntad, o que sencillamente hacemos las cosas “por juego”.

Al igual que lo hicieron los árbitros y ex árbitros de futbol profesional colombiano de no callar, ésta es una invitación para decir no silencio. El silencio hace complicidad con el victimario, y le da fuerza y habilidad para seguir coaccionando.

Pero ante todo, debemos a comenzar a preocuparnos por una realidad que toca también a los hombres, pero que al parecer el miedo al señalamiento, la burda burla y la persecución social impide a muchos hombres a gritar y denunciar.

Para mayor información sobre violencia sexual en hombres escríbenos al correo electrónico conpazes@gmail.com de la Corporación Conpázes.

Twitter: @Diego10T