Algo está pasando en la UIS

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Por: César Mauricio Olaya/ Corría el año de 1964 cuando los ecos de una protesta sin antecedentes en la región alcanzaron los ámbitos noticiosos a nivel nacional. Desde la por entonces, aún muy joven Universidad Industrial de Santander, un grupo de 25 estudiantes liderados por el vocero del movimiento Audesa, Jaime Arenas Reyes, iniciaba una marcha desde Bucaramanga a Bogotá, en procura de ser atendidos y escuchados en sus reclamos por el Presidente de la República, pretendiendo una serie de reformas académicas y el cambio del rector, Juan Francisco Villareal, del que se quejaban por su autoritarismo y por las medidas represivas y de alguna forma escueleras, con que ejercía el poder de su cargo.

La UIS sonó como nunca y en los años posteriores varios hechos relacionados con la proximidad de los líderes estudiantiles con los nacientes grupos guerrilleros, dejaron la impresión de que existía cierta afinidad entre la izquierda activa y el ente académico. De hecho, el propio Jaime Arenas abandonaría sus estudios para ir a engrosar las filas del naciente ELN, hecho que habría de costarle la vida de manos de sus propios compañeros de la lucha.

Durante las décadas siguientes y con certeza en medio de un fuego alimentado por varias protestas que fueron noticia nacional, el sentimiento generalizado entre la comunidad era que además del prestigio académico que abrigaba la universidad, un hecho innegable y oscuro no dejaba de hacerle sombra y era el espíritu de beligerancia con que se dirimían muchas de las protestas.

De hecho, eventos relativamente recientes como los 38 cierres que se dieron durante la rectoría del ingeniero Miguel José Pinilla comenzando el presente siglo, protesta que incluso llevó al incendio de las instalaciones de la rectoría; la militarización de la universidad y la suma de protestas encendidas contra el rector Jaime Alberto Camacho Pico y las acusaciones de un plan pistola desde unidades del paramilitarismo contra dirigentes estudiantiles y sindicales de la universidad, sumado a los escándalos por un posible derroche financiero en la compra de un automóvil de alta gama por parte del rector Álvaro Ramírez.

Una ecuación simple nos lleva a la conclusión que la UIS mantuvo un perfil en las noticias en torno a temas distantes a su esencia académica, sin desconocer que institucionalmente siempre se mantuvo estándares de calidad y eficiencia en los ámbitos de su correspondencia, aunque lamentablemente sin el suficiente eco para que brillara por estos logros y no por los comentados.

Hace tres años y por primera vez en la historia de sus 71 años de existencia, el Consejo Superior por unanimidad, eligió como rector del Alma Mater al ingeniero civil Hernán Porras Díaz, hijo como el que más de la institución, pues no solo fue bachiller del Dámaso Zapata, matriz académica del nacimiento de la UIS, sino además se formó profesionalmente en sus aulas y tras alcanzar sus títulos de especialista y doctorado en España, regresó como profesor titular con más de 30 años de ejercicio docente.

En su discurso de posesión, una frase sentenció lo que sería el norte que le impondría a su gestión, dignificar el sentido de lo público, qué en otras palabras, significaba hacer grande a la universidad proyectándola tanto en inversiones en infraestructura, como en ampliar los cánones que garantizaran calidad en lo académica.

Diciendo y haciendo, la transformación comenzó como en una maratón, donde no había lugar al reposo, sino a vencer al tiempo para cumplir con lo apostado en los siguientes tres años de gestión. Llegaron transformaciones sencillas en un comienzo; recuperación de aulas de clase, unidades sanitarias al mejor estilo de un centro comercial, cafeterías, espacios comunes, recuperación de jardines y en pocas palabras, cambiarle de vestido a la cenicienta.

Cuadradas las cuentas en las finanzas y hecha la más importante de las gestiones, como era asegurar los recursos provenientes de la Estampilla Pro Uis, multiplicando sus márgenes y casi triplicando los aportes por esa vía tanto para la propia universidad, como para sus hermanas regionales las Unidades Tecnológicas y Unipaz, comenzó una transformación sin antecedentes, no dejando desamparado el bienestar de la comunidad ni administrativa, ni académica.

Se transformaron las residencias universitarias, dándoles un perfil de calidad que nunca llegó a soñarse, se adecuaron las instalaciones del centro de servicios médicos al servicio de la comunidad, se construyó el nuevo edificio de laboratorios de ingeniería mecánica, se implementó el verdadero concepto de urbanismo táctico en la adecuación de jardines, plazoletas y áreas comunes, se implementaron mejoras en auditorios y se recuperó infraestructura patrimonial dentro del campus.

Para las sedes regionales las noticias también llegaron con grandes satisfacciones, los mejores arquitectos del orden nacional, fueron convocados por la universidad para adelantar el proyecto de mejoramiento y construcción de nuevos edificios, dando inicio a un proceso que apenas comienza pero que en pocos años tendrá principalmente a las sedes de Socorro y Málaga, disfrutando de una infraestructura sin par en el contexto de las universidades de provincia en el orden nacional.

Pero si lo que se pensaba y alcanzó a tomar fuerza era que todo era infraestructura, empezó a dejar de ser objeto de crítica cuando los ranking y las mediciones de calidad académica empezaron a reflejar lo que internamente se venía dando en materia académica y de promoción a la investigación, de manera que en tan solo tres años, la universidad pasó de estar entre el grupo élite superior de las diez mejores universidades del país, a ser la primera universidad pública de Colombia en todas las mediciones y la tercera si se incluyen las privadas en dicho conteo.

El último de los factores y no por ello el menos importante, dentro de esa transformación de la universidad, se dio en el ámbito de lo social y comunitario, a través del programa Vecinos y Amigos, que abrió las puertas de ese bunker de saber, para que domingo a domingo, la comunidad pudiera hacer uso tanto de los espacios físicos para la práctica de actividades recreativas, deportivas y culturales, sino le agregó toda una agenda de actividades que literalmente, convierte el campus en una ágora del buen vivir dentro de la ciudad.

El rector Porras Díaz acaba de ser reelegido, nuevamente de manera unánime por el Consejo Superior, para tres nuevos años de gestión como rector. Seguramente, la pregunta ¿Qué está pasando en la UIS?, seguirá siendo noticia recurrente, ahora con su nuevo norte de gestión: inclusión, pertinencia e internacionalización. Ya tendremos líneas para comentar su cumplimiento.

Correo: maurobucaro2@gmail.com

Twitter: @maurobucaro