¡Debemos exigir más!

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Por: Juan C. Oviedo/ La política es descrita como la ciencia que trata del gobierno y la organización de las sociedades humanas. Un político es alguien que ejerce la política, que interviene o aspira a intervenir en el gobierno y la organización de una sociedad.

Según esto, la labor de un político sería aún más compleja que la de un cirujano cardiovascular o la de un doctor en ingeniería. A fin de cuentas, la ignorancia del cirujano puede perjudicar una vida y sus conocimientos la pueden salvar. La ignorancia del doctor en ingeniería podrá perjudicar algunos cientos de vidas y sus conocimientos podrán salvarlos. Sin embargo, la ignorancia de un político puede perjudicar la vida de miles de personas para el caso de alcaldes y concejales y la de millones para el caso de congresistas y el presidente de la república. Pero claro, potencialmente también pueden afectar positivamente la vida de miles o millones de personas.

La labor de organizar y gobernar una sociedad no es una tarea que pueda ser menospreciada. Se requiere de una capacitación diversa en muchas áreas diferentes del conocimiento. Es por esto por lo que pagamos tan bien a los políticos. Porque su labor es en supremacía compleja.

Ahora bien, un cirujano cardiovascular debe sacrificar muchos años de su vida para poder aprender la inexorable complejidad del corazón humano. Un doctor en ingeniería debe sacrificar muchos años de su vida para poder aprender matemática avanzada que le permita modelar los fenómenos físicos, químicos o biológicos que pretende estudiar. Y esto debe ser así. Muy seguramente nadie confiaría su vida a un cirujano cardiovascular que no pasó por esos largos años de estudio y práctica.

Sin embargo, voluntariamente decidimos confiar nuestra vida muchas veces a políticos que no han pasado por el mismo proceso de formación de un cirujano o de un doctor en ingeniería, y eso aun sabiendo que su labor es más compleja. Este problema es tan grave, que nos ha llevado a pensar que cualquiera puede ser político (el vecino de la tienda de la esquina de mi barrio ahora quiere ser concejal).

La Constitución Política permite a todo ciudadano colombiano el derecho a elegir y ser elegido. Y esto es espectacular. Es un derecho que se ha ganado cualquier persona simplemente por el hecho de haber nacido en Colombia. Pero claro, toda persona también tiene el derecho de ser cirujano cardiovascular o doctor en ingeniería. Todos tienen el derecho y seguramente todos podrían llegar a serlo si recibieran la educación adecuada.

Y precisamente este es el punto importante aquí. A un cirujano le exigimos que demuestre sus estudios. A un abogado, ingeniero o comunicador social, también. Es más, un panadero debe demostrar que sabe desempeñar bien su profesión, o de lo contrario no será contratado.

A pesar de esto, no deja de maravillarme la facilidad con la que nosotros como colombianos contratamos a personas para desempeñar cargos políticos. No les exigimos pruebas de conocimientos, no revisamos su hoja de vida, no sabemos cómo son como seres humanos, etc. A veces llegamos al extremo de contratar políticos que tienen títulos académicos falsos.

¿Contratarías a un doctor con un título académico falso? Si exigimos tanto a las demás profesiones, ¿por qué no le exigimos los mismo a los políticos? Ellos son los que van a dirigir nuestra sociedad. Como colombianos somos dueños en partes iguales de este maravilloso país. Es nuestro territorio. Y es nuestro deber ayudar a que se preserve en las mejores condiciones posibles.

Cada elección que pasa es como si fuéramos a contratar a un mayordomo para una finca. Y al parecer, nos encanta contratar mayordomos que no están capacitados para cumplir su labor. Mayordomos que con el tiempo dejan de escuchar lo que nosotros como dueños queremos para la finca. Mayordomos que llegan al descaro de vender nuestras montañas, nuestros páramos y nuestras empresas y robarse el dinero.

La parte más triste de la historia es que nuestra finca se está acabando. Los animales que viven en ella están muriendo, los ríos se están secando, aldeas enteras son borradas del mapa y las personas que viven en ella son asesinadas día tras día. Pero la culpa de que esto pase no es de los mayordomos. Ellos pasaron primero por un proceso de selección en el cual la mayoría de los propietarios de la finca los eligió. La culpa de lo que pasa en nuestra finca no es de ellos, es de nosotros como dueños por elegir mal.

El alza en el IVA, el impuesto predial, las malas condiciones de las carreteras, la ausencia de un buen servicio de transporte público, la falta de un buen sistema de salud no es culpa de los mayordomos, es culpa de nosotros como dueños porque al parecer no tenemos el coraje, de exigirles más.

Dentro de poco estaremos en elecciones municipales y departamentales, ¿no creen que nuestra finca merece una mejor administración de la que se le ha dado hasta ahora? ¿Será que tendremos el coraje de exigirles más esta vez a los candidatos a mayordomos? ¿Será que les exigiremos al menos lo mismo que le exigimos a un cirujano o a un doctor en ingeniería?

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