¿Presidentes ilegítimos?

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Por: Carlos Ibáñez Muñoz/ Episodios propios de democracias frágiles e imperfectas y con sabor macondiano. De ahí que aún quedan rezagos de Repúblicas Bananeras como nos tildan en otras latitudes ¿O ustedes conocen un caso igual en Europa?

Y así lo sostengo porque por un lado funge como presidente constitucional de Venezuela Nicolás Maduro, mandatario espurio, ilegítimo, producto de un proceso electoral amañado y salpicado de fraude y constreñimiento, y por otro lado un Presidente autoproclamado, no elegido para ese cargo sino que como diputado Presidente de la Asamblea Nacional en leguleyada propia de rábulas invoca con desespero normas constitucionales para legitimar su autoposesión para romperle el espinazo a la dictadura, circunstancia avalada por la OEA y por varios países del mundo pero de manera especial del continente americano.

Tanto en el primer caso como en el segundo las mayorías del pueblo venezolano no intervinieron. En la última elección de maduro los venezolanos en su gran mayoría no acudieron a las urnas porque por anticipado sabían que la dictadura estaba construyendo un monstruoso chocorazo como en efecto sucedió, pero que sin embargo contó con el reconocimiento del Tribunal de Justicia y por consiguiente goza de presunción de legalidad.

Y por el otro el nuevo presidente, diputado este, solo se le pueden contabilizar los votos que obtuvo para la Asamblea Legislativa, contados en miles, de donde se desprende que el pueblo venezolano en sus mayorías no acudió a ungir ni al dictador ni al que se auto proclamó, de tal manera que la gran lesionada y atropellada fue la democracia venezolana cuyas mayorías sólo se ven en las calles alzando barricadas y protestando, sin posibilidades de cambio porque la tenaza Fuerzas Armadas y el Tribunal de Justicia no lo permiten.

Militares y jueces sosteniendo el régimen, y no es de extrañar que estos jueces pronto dictaran autos de detención para los sublevados o mejor para el autoproclamado presidente y
las órdenes de captura serán cumplidas y hechas efectivas por los militares.

¿Cómo garantizar que la democracia venezolana se exprese? El lector lo sabe, yo también; pero, ¿cuándo y cómo?

¡He ahí la cuestión!