Nuestros próximos gobernantes

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Por: Carlos Alfaro Fonseca/ Colombia es lo que los politólogos llaman una democracia representativa, en la cual aquellos que son elegidos son quienes supuestamente representan y rinden cuentas a los ciudadanos; como tampoco existe sentido alguno de responsabilidad de parte de los representantes del estado colombiano. La única preocupación es asegurar que la gente vote de manera que se generen los mayores beneficios para aquellos que distribuyen la plata durante la época electoral.

Y no hay más escenario propicio para la vanidad política que una campaña y apenas empiezan a desprenderse los días del calendario electoral y saltan a la vista las diferencias que, sin importar el color político afloran entre quienes quieren regir los destinos de nuestras ciudades o de los departamentos en los próximos cuatro años.

Lo que llama la atención es que esas diferencias no las inspira un programa, una propuesta o un sueño común que nos convoque a todos, por el contrario sobresalen el oportunismo, la ambición y el cálculo, antes que estrategias para solucionar la problemáticas que agobian a nuestras comunidades.

Esa caterva de candidatos refleja lastimosamente la existencia de múltiples grupitos de interés en el presupuesto público y nada más. Las elites, desde la época de la independencia solo les interesa su bienestar; para nada les interesa las grandes masas, que manipulan a su antojo a través de los medios. Estas elites son sectarias, crean sofismas de distracción y engrupen a sus seguidores instigándolos a la violencia.

Por eso debemos concientizarnos en cambiar esta negra realidad educándonos, exigiendo nuestros derechos en mejor calidad de vida y eligiendo a nuestros gobernantes que utilizaran nuestros impuestos de los programas prometidos; educación, empleo, salud y vivienda. Basta observar la descarada corrupción de pilluelos, el inmediatismo, sus vánales propósitos vitales, su falta de verdadera clase, el amiguismo y la prevalencia de roscas y grupúsculos.

Lo fundamental en el proceso de elegir nuevos gobernantes, es que el elector primario proceda con inteligencia, por encima de simpatías o fanatismos por colores políticos.

Campañas al respecto habrán muchas de todos los matices y colores, pero siempre debe predominar en el elector la madurez política para seleccionar a los mejores por sus antecedentes, su obras, experiencia y valores humanos. No dejarse llevar por las campañas promovidas a diestra y siniestra por la prensa hablada y escrita en muchos casos promovidas por intereses mezquinos o de conveniencias personales, antes que por el bien general de la comunidad, que tan urgentemente necesita de un eficiente gerente para sacarla del caos general en que hoy está sumida.

Y en ese orden de ideas debemos exigirle al candidato que nos explique de donde va a sacar el dinero para cumplir todo lo que está prometiendo. Después no nos quejemos. Solo quiero que en nuestras ciudades se vean cosas desagradables, de mal gusto, de indigentes, de atracadores, de vendedores ambulantes, de edificios cancerosos como diría Rubén Blades de calles destrozadas y de trancones interminables y para que Colombia cambie, debemos empezar por restablecer la verdadera democracia.

Todo ello nos define esta clase política como una visión pueril y falta de visión ante la vida. Para ser una social democracia, nuestro país tendría que tener un estado que proveyera de servicios básicos a todos sus ciudadanos. Por el contrario es un mar de monopolios y carteles donde las corrupciones políticas y las barreras de entrada son el camino para hacer grandes fortunas.

Todos estos gobiernos desastrosos se deben a que no hemos hecho nuestra labor de votantes como debe ser y hemos permitido que un reducido grupo de ignorantes vote por personas que no tienen la menor idea de manejar la cosa pública.

No nos dejemos engañar por promesas poco cumplibles así sean esperanzadoras; busquemos más bien propuestas concretas y serias de largo plazo que tengan estructura y claridad. Hagamos análisis serios sobre la seguridad, el desempleo, el urbanismo y la movilidad y dejemos las emociones de lado y votemos con la frialdad del análisis.

Si nos unimos y votamos por alguien que quiera sacar adelante a nuestras ciudades de pronto saldremos adelante.  Pero si esa masa de ignorantes que solo sale a votar por un tamal vuelve a votar por esos políticos corruptos seguiremos muy pero muy mal y seguirán apoderándose de nuestros impuestos.

La democracia y la ignorancia tomadas de la mano son un cáncer que acaban con un país dándoles importancia a personajes nefastos. Por eso que nuestro voto no se convierta en un cheque en blanco que le entregamos al gobernante para que decida de lo que quiera y como quiera. Pero todo esto depende en mayor medida de los políticos, algunos de los cuales piensan en sus propios intereses.

Invito a todos a que hagamos el ejercicio de estudiar a fondo las hojas de vida de los diferentes candidatos, a revisar la historia e indagar quienes estuvieron con grupos económicos de dudosa reputación; a revisar si no han estado enredados con algún escándalo, en fin hagamos la tarea a conciencia y votemos por el que consideremos el mejor de todos.

Correo: carlosalfaroabg@hotmail.com