Armagedón/ Motos: ¿Reglamentar o colapsar?

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Por Freddy Fernando Flórez Afanador/ De regalo de grado de bachillerato mi madre me obsequió una moto, era una Honda C-70 último modelo, este medio de transporte cambió mi vida; para en ese entonces las paradas de buses siempre estaban abarrotadas de personas buscando la forma de llegar a su destino; a veces el usuario debía irse colgando de sus puertas, era como viajar en una lata de sardinas. Pero sin duda, mi nuevo medio de transporte me aliviaba también en los tiempos, solucionaba la dificultad del transporte nocturno, (después de 10 pm no había servicio público de buses), pero sobre todo, me ahorraba dinero.

La mayoría de las personas, piensan igual que yo, la motocicleta es un gran medio de transporte; pero con los años ante el incremento exponencial del parque automotor sobre dos ruedas y su uso como herramienta de trabajo me ha obligado a realizar ciertas reflexiones.

Colombia hoy vende más motos que Japón, desde el año 2000 se popularizaron, dejaron de ser un lujo y se convirtieron en una necesidad, sobre todo para las personas de bajos recursos. Según un estudio de la ANDI en 1990 había una moto por cada 175 personas, en el 2017, una moto por cada siete personas. En el país circulan 14 millones de vehículos de los cuales 8’120.000 son motos, es decir, el 58%. Otros países no escapan de este incremento, en Brasil por ejemplo en el año 2002 habían 5,7 millones de motocicletas, en el año 2013, se incrementó a 21,4 millones ¡Increíble!

Cada año están entrando a circular en el país unas 550 mil motos nuevas; el 75% de los usuarios de motos las utiliza como medio de transporte; el 21% como herramienta de trabajo y el 4% como recreación.

De continuar con ese crecimiento inusitado y exponencialmente acelerado, podríamos tener grandes problemas como los que hoy afrontan países como Vietnam, Indonesia y Camboya. El 77% de las motos del mundo, están en Asia y el 5% en América latina; se estima que hay más de 300 millones de motos en el planeta. Para hacernos una idea en Vietnam el 94% de la población se moviliza en moto y en ciudades como Ho Chi Minh con una población de 7 millones de personas, ruedan 6 millones de motos, con 26 muertes y 80 heridos diarios en promedio.

Si se investiga un poco, encontramos que en los países desarrollados el crecimiento en el uso de las motocicletas es muchísimo menor, ¿qué características comunes tendrán los países donde se venden motos como pan caliente? Veamos: 1- El transporte público no existe o es ineficiente. 2- El costo de los automóviles es muy alto. 3- El ingreso de las personas es muy bajo. 4- El costo de las motocicletas es muy bajo.

No deja de ser curioso, que precisamente ante tan bajos precios en las motocicletas, sus propietarios en un gran porcentaje prefieran dejarlas perder en los patios de las autoridades de tránsito, pues sale más barato comprar una nueva que pagar grúa y parqueadero.

En Colombia, los politiqueros no se atreven hablar de las problemáticas que nos enfrentamos ante este medio de transporte porque temen perder votos; no obstante, olvidan que el interés general y la salud pública deben estar por encima de los intereses electoreros, se deben tomar medidas urgentes por el bien de todos.

Sin duda las motos provén un amplio margen de movilidad, existen excelentes y responsables conductores, pero también grandes lunares que deben evaluarse.

Cuando se tiene la oportunidad de viajar desde Bucaramanga hacia la costa atlántica por carretera, la observancia y cumplimiento sobre las normas de tránsito va desapareciendo, al llegar a San Alberto (Cesar), el Código de Tránsito ya no existe y ello se evidencia hasta que se llega al mismo mar. Movilizarse en carretera es una actividad peligrosa, pero en moto puede ser mortal si se continúa como se está haciendo: Sin cascos, sin chalecos reflectivos, con menores de edad –infantes-, utilizándose como medio de transporte público informal y con conductores mal preparados y sin experiencia; la irresponsabilidad en su conducción no tiene comparación, no sólo en carreteras nacionales sino también en los centros urbanos.

El 85% de las motocicletas en el país no tienen más de 150 c.c. (centímetros cúbicos), pero su arancel es de tan sólo el 7%, mientras que las motos de alto cilindraje pagan un arancel del 35%; paradójicamente las motos más económicas son las de mayor fuente contaminante en las calles, las normas ambientales que se exigen actualmente en estos velocípedos son la Euro II de 1996, mientras las Euro III se exigen en México, Argentina y Perú; la norma ambiental que hoy rige en Colombia no deja ser curiosa, si tenemos en cuenta que nos creemos el cuento de ser un país “ambientalista” a pesar qué desde el 2018 se encuentra en vigencia en el viejo continente las normas Euro IV.

Si de normas ambientales hablamos, es necesario prohibir la venta de motos dos tiempos, las que en su combustión queman gasolina y aceite, son altamente contaminantes, es más, debe legislarse para que estas motos salgan de circulación; una motocicleta contamina tres veces más que un bus de Transmilenio o Metrolínea por kilómetro recorrido, por citar un ejemplo.

Ahora, la accidentalidad en moto va en aumento exagerado, en el país se presentan aproximadamente 780 mil accidentes de tránsito al año y en el 85% está involucrada una motocicleta, el número de muertes en moto ronda los 3 mil al año. Un alto porcentaje de accidente en moto se debe por conducir en estado de embriaguez; la accidentalidad ya es considerada como un problema de salud pública. Aunque el SOAT debe revaluarse, la evasión en el pago en las motos, llega al 1.2 billones de pesos y hoy el SOAT de automóviles está subsidiando al de motos; bueno, por algo somos el país del sagrado corazón.

Sin duda una de las problemáticas más grandes que se debe abordar es el transporte ilegal en moto, denominado mototaxismo; éste fenómeno tuvo su génesis en Montería (Córdoba) en 1991, luego se extendió por toda la costa atlántica, y hoy se evidencia en todo el país.

Se estima que existen al menos 500 mil mototaxistas, lo que permite concluir que hay una saturación en esta actividad; la mayoría acude a ella por falta de oportunidades laborales, pero detrás de esta también están las bandas criminales y por supuestos algunos vivos que compraron decenas de motos y las tiene trabajando en el transporte ilegal.

El transporte ilegal reduce la efectividad de la inversión en el transporte público, en algunas ciudades como Sincelejo (Sucre), o en Aguachica (Cesar), acabaron con el transporte público. El mototaxismo ha desbordado la capacidad de control del Estado, ello se debe a que no existen políticas serias que afronten este problemática, problema que ya es de índole social.

Hoy incluso, ya existe un servicio de Uber para motos, se llama PICAP, se dice que funciona en 13 ciudades del país y tan sólo en Bogotá hay 700 mil abonados. Un mototaxista puede producir 70 mil pesos en un día, de los cuales 20 mil se van en gasolina y lavado y los 50 mil pesos restantes se divide entre el conductor y el dueño de la moto.

Debe existir un control del Estado sobre esta actividad, estamos en mora de regularla, y debe actuarse en ese sentido; es muy difícil  que a estas alturas del partido, se imparta su prohibición. En algunos países se ha logrado integrar este servicio con el transporte urbano, en una red multimodal. El no contar con una reglamentación de esta actividad, permite la proliferación de mafias, y un alto riesgo de accidentalidad, en cuanto muchos conductores son inexpertos, y no cuentan ni con SOAT vigentes, ni con condiciones técnico mecánicas aceptables en las motos.

Es necesario que el Estado avance en capacitar y formar adecuadamente a los conductores tanto de moto como de automóviles, el pase  o licencia de conducción debe tener la importancia debida como sucede en otros países, siendo el documento más importante.

Se debe fortalecer la capacidad institucional, de esta manera realizar los controles debidos, sobre todo en políticas públicas rigurosas sobre licenciamiento; no es un secreto que muchas personas tienen licencia y no saben conducir. También se debe avanzar en políticas sobre estacionamiento urbano tanto para motos como para automóviles; de igual forma fortalecer todas las políticas de seguridad vial, aquí debe trabajarse en cultura ciudadana, en la reglamentación de los desplazamientos de las motos tanto en lo urbano como en carreteras nacionales, y por supuesto, en la actividad laboral que se desarrolla a través de este medio de transporte.

Nada de lo anterior será posible, si no se mejora el servicio público de transporte, se amplía su cobertura, las frecuencias en el servicio, las transferencias adecuadas (aquí pueden operar las motos), una tarifa justa, y que además los buses cuenten con suficiente confort.

No nos digamos mentiras, el crecimiento acelerado del uso de motocicletas requiere de acciones consensuadas de la sociedad en general, pero urgente, de lo contrario colapsaremos como en Ho Chi Minh.

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