¡Se salvó la democracia participativa!

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Por: Danilo González León/ En nuestro país, veníamos analizando un tema de carácter nacional que a unos generaba inmensa alegría y satisfacción, pero a otros, generaba angustia y preocupación, toda vez que en el Congreso de la República se adelantaba un proyecto de Ley con miras a una reforma política, que consistía en dejar a un lado el voto preferente e implementar a partir del año 2019 las famosas listas cerradas.

Con esta propuesta de implementar listas cerradas, se buscaba que los ciudadanos ejercieran su derecho al sufragio, eligiendo el logo de un partido político y no como tradicionalmente se ha realizado eligiendo una persona en particular, y el partido político, es el que decide en qué orden descendente van ubicados cada uno de los candidatos.

Se decía que dicho proyecto tenía como objetivo principal fortalecer los partidos políticos, siguiendo una disciplina partidista organizada por su “líder”, y que así se constituía una fórmula anticorrupción, y se empezaban a depurar campañas políticas fortalecidas por el clientelismo político que se ha visto a través de la historia.

Pues analizando con detenimiento esta situación, realmente no era tan favorable y consoladora para una democracia participativa dicha propuesta, el trasfondo de este proyecto tenía sin lugar a duda su parte oscura, y era lograr por parte de los partidos políticos, vincular a las personas de sus afectos o de la “rosca” para permanecer de manera perpetua en el poder, cortándole así, las alas a futuras generaciones y líderes sociales que en realidad quieren trabajar por el cambio, la renovación y la rectitud.

Esta situación más que una solución, era una clara fachada para poder mantener en el poder candidatos desacreditados, corruptos y señalados por parapolítica, es decir, candidatos indeseables por la ciudadanía que se posesionarían dentro de una lista gracias al bolígrafo del jefe del partido, que pretendía ocultarlos detrás del logo, permitiendo de esta forma que la corrupción se quedara arraigada en el poder de manera perpetua.

Es así, que con listas cerradas el partido le dice al ciudadano “voten por mi logo y confíe en que yo internamente voy acomodar la lista como mejor considero como partido”, y justo en ese momento surgen las siguientes preguntas: ¿qué sucedería con los candidatos electos que han realizado un trabajo de manera permanente por la comunidad, pero no son de los afectos del líder del partido?, ¿qué pasaría con los líderes sociales que han realizado un trabajo continuo con la comunidad y que tienen la aprobación del pueblo pero no la del líder del partido político?. Sin lugar a duda, son muchas las incógnitas que surgen en la ciudadanía, y una de las más preocupantes es pensar si quienes están de últimos en estas listas realmente estén dispuestos a trabajar fuertemente, aun teniendo claro que por el umbral, no lograría obtener una credencial, o en su defecto, si quien va primero en la lista no haría un ejercicio electoral adecuado por sentirse seguro de su credencial.

Ahora bien, es de señalar que dicha propuesta era solo un proyecto de ley que se debatía en el congreso, y afortunadamente fueron más los congresistas que estuvieron de acuerdo con mantener el voto preferente y no darle viabilidad a la lista cerrada, y si analizamos el panorama, los colombianos hemos reflexionado poco a poco, y empezamos a darle relevancia y afecto al voto de opinión, y gracias a éste, se logró permitir que los jóvenes y líderes sociales que tenemos en el congreso,  votaran en contra de dicha reforma política, salvando nuestra democracia participativa, y dejándonos como enseñanza la importancia de depositar ese voto de confianza en las nuevas generaciones.

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